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Reemplazar importaciones sin vueltas
La macrodevaluación argentina del 2002 tiene efectos contradictorios,
como todo vendaval después de una sequía. Sabemos que hay
ganadores notorios – quienes extraen riquezas del suelo –
y perdedores reiterados – los asalariados y en general los consumidores
de ingreso fijo o nulo.
Pero en el medio hay una zona gris, donde están quienes producían
o intentan producir bienes que competían con importaciones y quienes
buscan exportar manufacturas. La creencia general es que la paridad cambiaria
es la llave del fracaso o del éxito. Hasta diciembre de 2001, la
vestimenta era china, los tomates eran brasileños o las naranjas
israelíes. Luego, en 2002, todo consumo tiene origen nacional y
hasta inundamos el mundo de productos argentinos.
No es tan simple. Para producir de manera competitiva hay que tener
financiación y costos aceptables, pero también hay que SABER
CÓMO y hay que ASEGURAR LA CALIDAD.
Por ahora los analistas económicos explican que las exportaciones
argentinas no aumentan porque no hay financiación. Es cierto. Esto
afecta notoriamente la posibilidad de trabajar de cualquier empresa. Sin
embargo, cuando el país vuelva a crecer, descubrirán dos
cosas:
Que las exportaciones industriales se concentran en unos pocos rubros.
Hoy, menos de 100 empresas exportan más del 60 por ciento del total
y esa tendencia no tiende a revertirse.
Que las importaciones crecerán mucho más que las exportaciones,
con una sustitución de compras externas centrada en los bienes
que ya producía el país en la década del 80: textiles,
calzado, alimentos y similares. En 2001 más del 65 por ciento de
las importaciones del país no competían con ninguna industria
local. Simplemente se trataba de bienes que nunca se habían fabricado
y que resultaban imprescindibles como materias primas industriales, como
maquinaria o como bienes de consumo modernos, tal el caso de los celulares
o los televisores de última generación o tantos otros bienes.
La explicación de esto, que sucederá con certeza, es tecnológica.
El país no dispone del conocimiento necesario para producir una
vasta gama de bienes, que integran cadenas de valor enteras. Ese conocimiento
se puede comprar, se dice. Hay empresas dispuestas a licenciar patentes,
a brindar asistencia técnica. También se puede copiar un
producto. Sí, como no. Pero admitamos ciertas verdades primarias:
• Quienes compran conocimiento, también lo producen. El
grueso de la actividad de transferencia de tecnología se produce
al interior del propio mundo desarrollado. Hay que tener cierta experticia
para participar de ese comercio.
• Un producto se puede copiar, pero la forma en que se hace queda
marcada por el conocimiento del que ya dispone quien copia. En INTI fue
habitual, en todo el año pasado, que un empresario visitara el
centro de mecánica con una pieza importada que copió, pero
de la cual no sabe hacer los planos, ni redactar las especificaciones,
sin lo cual no puede producirla y mucho menos venderla a terminales automotrices
o a empresas telefónicas, por ejemplo. También es habitual
que el centro de electrónica reciba consultas para ayudar a producir
bienes que reemplacen importados, pero con métodos ya superados.
• Los tratamientos superficiales de metales, el uso de la nanotecnología,
la biotecnología, el diseño de equipo electrónico,
todos rubros presentes en la industria moderna, exigen contar con conocimientos
de base que superan el alcance de un técnico aislado, son propios
de grupos humanos. Por otra parte, no se suplen comprando una máquina.
Hoy, hay máquinas compradas por industriales argentinos durante
la década pasada, que están paradas porque no se las puede
hacer funcionar sin asistencia externa, que sería muy costosa.
La solución a este panorama es justamente el hueso de una política
de desarrollo y lleva mucho tiempo. Pero se puede mostrar un camino, encarando
sectores con tecnología de mediana complejidad. En INTI hemos creado
un programa de apoyo a la sustitución de importaciones, para recibir
allí las demandas y canalizarlas a los distintos centros. También
para tomar iniciativas. Hemos comenzado por la industria de la bicicleta.
En este momento, hemos hecho el despiece de las bicicletas más
representativas de esta industria y estamos identificando las dificultades
técnicas para la producción local de cada componente –
con calidad internacional – para poder mejorar la integración
de esta cadena de valor. Lo mismo haremos con cocinas, calefones, elementos
de uso médico y todo aquello sobre lo que nos pidan intervención.
Acá habrá mucho que contar y analizar a medida que transcurran
los meses.
Hay un vínculo directo, ya que se puede consultar a: importa@inti.gov.ar
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