SEMINARIO
EL TRABAJO EN LA BASE SOCIAL: EL APORTE
DEL INTI EN 2003
El
pasado viernes 19 de diciembre, casi como cierre de la actividad
anual, el INTI organizó un seminario en el auditorio
del Banco de la Nación, con el objetivo de informar y
evaluar la experiencia recogida en el primer año de implementación
de programas de apoyo productivo en la base de la sociedad.
Esta propuesta de trabajo surgió por una clara convicción
de que el INTI cumpliera un rol activo, apoyando tecnológicamente
la integración de la comunidad al tejido productivo.
La demanda social es uno de los temas que han merecido un reducido
tratamiento sistemático en un instituto de tecnología
. Por esa razón, nuestro desafío de generar una
metodología de trabajo para que, a partir del apoyo tecnológico,
se atendiera satisfactoriamente las demanda de las PYMES y de
los microemprendimientos. En este dossier de "Saber Cómo"
se transcriben las principales intervenciones registradas durante
este seminario.
Ing.
Enrique M. Martínez, Presidente del INTI.
Creemos que la inserción de la Argentina en la globalización
fue llevada adelante con insólita torpeza, quebrando
el país en dos. Por un lado, un país con alguna
perspectiva de integración al mundo a partir de gente
que participa en algunas actividades que tienen vinculación
competitiva. Y por otro, un país que no tiene relación
con el primero, ni como oferente de bienes, ni como oferente
de servicios; y ni siquiera con vínculos de consumo,
porque lo que no está inserto en la globalización
tiene un bajo destino en un país sin defensas. Nos encontramos
con una importante fracción de la población que
no produce; y al no producir, no consume. Y la devaluación
puede ayudar a recuperar parte del tejido productivo y social,
pero sólo parcialmente. Es posible que el país
vuelva a crecer, pero es asimismo probable que la mejora de
los números globales de la economía no se traduzca
en reducción de pobreza ni en reducción de la
desocupación. Lamentablemente, crecimiento y pobreza
no son incompatibles. Las políticas tradicionales -básicamente,
el otorgamiento de subsidios y la obra pública- son medidas
a aplicar, pero con un alcance limitado en un país como
el nuestro. No pueden terminar de resolver el problema, y quizás
ni siquiera lo puedan reducir. Aún así persiste
el problema estructural del país partido en dos.
Claramente tenemos la necesidad de pensar en millones de personas.
No son las estadísticas las que un día nos van
a mostrar que no tenemos problemas de desocupación. Nuestro
criterio es que hay que tener un programa focalizado, dirigido
a quienes están fuera del sistema de la producción
y fuera del consumo. Y creemos que en ese programa hay que reconocer
como un factor muy importante la existencia de un descomunal
y doloroso subconsumo de bienes básicos, que constituye,
paradojalmente, una oportunidad: es una demanda potencial a
satisfacer. ¿Cómo hacerlo? Diseñando escenarios
de producción en que esos bienes sean generados a partir
del trabajo de quienes hoy no los consumen. Así, esos
bienes atenderían la propia demanda y la del resto del
mercado con capacidad de consumo, generando los vínculos
necesarios para reconstruir el tejido productivo y social, y
así avanzar hacia la construcción de un solo país
para todos.
¿Cuál es el papel del INTI en este contexto? Nosotros
simplemente planteamos un marco posible para la recuperación
del trabajo en la base social, tratando de ocupar nuestro lugar
como referentes públicos de la tecnología industrial.
Legítimamente reivindicamos el papel del INTI como referente
de la generación y transferencia de tecnología
en todos los niveles: de excelencia, normales y en la base social.
Con esa composición de lugar queremos ayudar a que todos
los argentinos con los que nos podamos vincular vivan mejor,
y que ese vínculo y las características de ese
vínculo y de los modelos que apliquemos sirvan para ser
replicados libremente y para generar ideas en los centenares
de miles de funcionarios y actores sociales que están
preocupados por resolver este problema en la Argentina. Eso
es lo que intentamos hacer a partir de Enero de 2003. Y hoy,
finalizando diciembre de 2003, casi al borde de perder la razón
detrás de la sidra o la cerveza, veni-mos a contarles
a ustedes qué creemos haber logrado en este año.
Esta presentación se divide en cinco temas. Son los pasos
de una secuencia que hemos llamado los caminos del hacer. Creemos
que son cinco pasos que es importante cumplir, y el INTI de
alguna manera se ha involucrado en cada uno de los cinco. El
primer paso es construir tejido social alrededor del problema
del trabajo, juntar actores sociales que piensen el trabajo.
El segundo, identificar demandas a satisfacer, porque sin demanda
no hay producción; pero no demanda en términos
de dinero, sino pensando en quién necesita consumir esa
producción; luego discutiremos si tiene dinero o no.
El tercer paso es formar emprendedores y trabajadores que puedan
producir los bienes que satisfagan esa demanda. El cuarto, disponer
de la tecnología para que los trabajadores y los emprendedores
formados produzcan los bienes destinados a la demanda ya identificada.
Y el quinto es buscar la plata. Lo último es buscar la
plata, porque ya sabremos qué hacer cuando lleguemos
al final.
1.
Construir tejido social a partir de la demanda
¿Qué hicimos para construir tejido social alrededor
del trabajo? Dos cosas importantes.
a. Red de apoyo popular
En marzo creamos una Red de Apoyo al Trabajo Popular para discutir
sistemas de autoabastecimiento, estimular el aumento de unidades
pequeñas de producción y aumentar la empleabilidad.
En los tres puntos estamos avanzando y hemos hecho una cantidad
de talleres, pero quiero evitar dar datos cuantitativos porque
el balance no depende de la cantidad: nosotros no nos planteamos
transformar la Argentina en escala, sino mostrar cómo
creemos que es posible hacerlo y promover la integración
de los actores sociales preocupados por el tema; luego tenemos
que hacerlo todos. El INTI no es el dueño de la red sino
que la ayuda como referente público de la asistencia
tecnológica integral y realizando el servicio de coordinación.
La red hoy cuenta con 278 entidades adheridas que intercambian
experiencias y propuestas con la ayuda de una página
web (www.trabajopopular.org.ar).
b. Programa de extensión
La idea de un Programa de Extensión aquí significa
transferir conocimientos de apropiación colectiva tomando
la iniciativa sobre qué y dónde difundir, y manteniendo
una actitud atenta para recibir pedidos. La idea es tener una
presencia auténticamente federal, no sólo por
correo electrónico o teléfono sino cara acara
en cada lugar, brindando conocimiento de apropiación
colectiva.
2
- Identificar la demanda
a. Subconsumo: Programa de autoabastecimiento alimenticio
No podemos dejar de insistir en que la primera demanda fuerte
a resolver es la generada por el subconsumo. Alguien que come
menos de lo recomendado es un demandante, y hay que producir
para que coma lo necesario. Ahora, ¿quién tiene
que producir? Repartir bolsas de comida no resuelve el problema,
aunque ojalá se siga haciendo mientras el problema no
esté resuelto. En este tiempo queremos implantar un mecanismo
en paralelo por el cual quien tenga hambre tenga la suficiente
organización y apoyo para producir lo necesario para
calmar su hambre.
El Programa de Autoabastecimiento Alimenticio se monta sobre
las enseñanzas que deja el programa Pro Huerta del INTA.
Hemos definido una la dieta y avanzado hacia que grupos comunitarios
de cincuenta o setenta familias produzcan la mayor parte posible
de los componentes de la dieta; de modo tal que los componentes
que no se puedan producir en la propia comunidad, se consigan
intercambiando excedentes de un producto por otro necesario.
En la exposición de Nelly Schmalko se explicarán
algunas particularidades operativas sobre el tema. Por otro
lado, hemos demostrado que esto no significa bloquear el crecimiento
de la comunidad: basta con que el diez o doce por ciento produzca
comida para que alcance para todos, y el resto puede hacer otras
cosas que signifiquen el crecimiento de esa comunidad. Con una
inversión en activos fijos no superior a $1500 pesos
por familia, la máquina empieza a funcionar. Y lo estamos
empezando a hacer: ya hay ochocientas familias organizadas en
veinte o veinticinco grupos en el Gran Buenos Aires, más
cien familias en Misiones, más cien familias en Catamarca.
En un año, mil familias nos demostrarán que se
puede.
Ahora, el equipamiento necesario cuesta dinero que el INTI no
tiene, y que hemos pedido a través de los programas del
Ministerio de Desarrollo Social. Pensamos que se puede generar
una relación promisoria, ya que al Ministerio le interesa
mucho que este proceso tenga un final exitoso, que por otra
parte es barato porque el que está corriendo el riesgo
es el INTI. Nosotros estamos convencidos del final exitoso,
pero necesitamos disponer de medios. Los talleres de preparación
y formación de técnica ya se están desarrollando
masivamente.
b. Consumo popular: ferias de productores
Más allá de otros inconvenientes que enfrenta
el pequeño productor, es notorio el desaliento que produce
la dificultad para vender su producto. Es preciso facilitar
el vínculo entre la oferta y la demanda. Nosotros conocemos
la experiencia de las ferias francas de productores de Misiones.
Es muy distinta a cualquier otra en el país. El movimiento
agrario misionero, con mucha claridad conceptual para ayudar
a los pequeños productores, organizó ferias francas
donde sólo pueden participar productores vendiendo lo
que producen. La metodología ha sido muy exitosa; nosotros
la hemos adaptado cuidadosamente y hoy estamos en condiciones
de poner en marcha una propuesta en que interactúan una
organización social de base local, el INTI y el municipio
local para instalar ferias de productores en cualquier punto
de la Argentina. Estamos dispuestos a recibir propuestas de
organizaciones locales que administren y garanticen que todos
sean productores, y operar allí para avanzar instalando
el concepto de feria de productores. Nos parece que la idea
será exitosa y potente para las pequeñas unidades
de producción de alimento fresco y también de
cualquier bien producido y vendido por quién lo manufacturó.
3.
Formar emprendedores y trabajadores
a. Asistencia directa a emprendedores y a organizaciones
sociales de base
Muchos centros del INTI se han involucrado en la asistencia
directa a emprendedores y organizaciones sociales de base, tratando
de brindar capacitación siempre con la coherencia de
que debemos ser multiplicadores: creemos en ayudar a las organizaciones
de base a ser autónomas. Por eso se estamos realizando
muchos talleres para adquirir, conocer y trasladar tecnología,
y organizar el microcrédito.
b. Identificación y calificación de la red
de entidades capacitadoras
La asistencia directa se complementa con una segunda acción
relacionada con la formación. Se trata de identificar
y calificar la red de entidades capacitadoras. Identificamos
cincuenta y siete especialidades distintas, siempre pensando
en capacitación para producir bienes concretos. Encontramos
650 organizaciones, y ya comenzamos un análisis organización
por organización. Hasta hoy la página web del
INTI cuenta con información sobre cuarenta organizaciones
de capacitación que visitamos y avalamos, y que están
a disposición de la gente. En esa tarea nos cruzamos
con el Ministerio de Trabajo, e hicimos un acuerdo con la Dirección
de Formación Profesional del Ministerio para comenzar
un proceso sistemático de calificación de organismos
de capacitación. Es posible que en algunos años
podamos contar con una red nacional unificada. Creemos que son
elementos que van creando estructura de una manera potente.
4.
Disponer de tecnología
En materia de tecnología es donde creo que podemos hacer
las cosas más imaginativas. Aquí tenemos cuatro
cosas para comentar.
a. Guías de ayuda
Hemos publicado una serie de fascículos a principios
del año seleccionando las temáticas más
consultadas sobre bienes básicos. Nos parece importante
que quien lo requiera en cualquier parte del país pueda
disponer en papel una guía de información sobre
cómo hacer una planta pequeña de producción,
qué significa en inversión, cuáles son
los procesos básicos y cuánto podría ser
el retorno mensual para él y su familia -o los que lo
acompañen en el proyecto-; y además puede ampliar
la información y buscar asistencia técnica. Son
elementos que parecen muy primarios, pero cuando salieron los
primeros fascículos se agotaron rápidamente. Esperamos
que lo mismo suceda con la segunda generación, que está
bastante más pulida y enfocada en el objetivo. Y nos
gustaría recibir recomendaciones sobre qué temas
hay que seguir tratando.
b. Plantas eficientes de escala pequeña
En el país se han distorsionado tantas cosas que también
se ha distorsionado el concepto de tamaño mínimo
de producción. Con la concentración económica
ha habido un aumento sistemático del tamaño de
las plantas, pero el origen de esto no es técnico sino
comercial. En los últimos quince años desaparecieron
los proveedores de bienes de capital pequeño para plantas
pequeñas porque desaparecieron sus compradores. Pero
nosotros pensamos que es factible tener una oferta de plantas
a escala pequeña para comunidades que tengan poco dinero
y con un mercado local a abastecer, generando una nueva industria.
Y efectivamente lo estamos verificando con la leche, el aceite
y la harina de soja, o el aceite y la harina de girasol.
c. Cadenas de valor micro
Hay otro concepto que hoy, en términos de explicación
inmediata, es más importante: el concepto de las cadenas
de valor micro. Nosotros estamos acostumbrados, en un país
que se fragmentó, a gente que intenta salir adelante
con el esfuerzo personal, yendo desde la materia prima hasta
el último producto final. El caso textil es muy típico:
gente que hace en su casa modestamente todas las etapas desde
el lavado, el tejido y la confección. Tomando la cadena
de valor como unidad de análisis, un equipo de gente
del INTI se animó a pensar por qué no separar
cada uno de esos procesos, aún a escala micro, y proponerle
a algunos centenares de personas que hacen lo mismo en sus casas
que algunos hilen, otros tejan, otros tiñan, otros confeccionen.
Y que incorporen otras tareas hoy au-sentes. Ahora, en lugar
de explicar la idea en teoría se pusieron a hacer con
el poder de convocatoria que significa disponer de los recurso
técnicos del INTI, desarrollando un método de
intervención para aportar un sistema de alternativas
y soluciones que, por supuesto, es aplicable a otros sistemas
productivos.
Pero nos faltaba algo más: la seducción de facilitar
el tránsito en materia económica. En su exposición,
Biagetti les va a explicar qué significa haber creado
un banco de lana, una idea preciosa en que a la gente no le
damos plata sino lana, y le tomamos hilado a cambio. Y después
ese hilado se lo damos a otro, y le tomamos tela a cambio. Y
realmente hacemos un revuelo infernal dejando a mucha gente
contenta, produciendo y en gente abriendo sus puertas para discutir
la calidad. Porque cuando aparece la posibilidad de aportar
en un sentido generoso y positivo, la gente es proclive para
sentarse y pensar cómo podemos hacer mejor las cosas.
Esa lógica entra cuando el liderazgo del proyecto se
integra absolutamente al proyecto.
d. Apoyo a empresas recuperadas
Nosotros hemos tenido muchas demandas de apoyo a empresas recuperadas
y hemos atendido muchas, pero tenemos la dificultad de todo
el sector: una débil base legislativa que hace que la
gente esté más preocupada por evitar que los echen
que por incorporar tecnología al proceso productivo o
aprender a vender. El INTI hizo un seminario hace un mes en
que se llevó a la mesa a todos los protagonistas del
tema, y creo que hay una base de acuerdo que esperamos que el
bloque mayoritario de la Cámara de Diputados tome como
suyo. Creemos que el tema está encaminado; es cuestión
de tener paciencia y seguir juntando fuerzas. Hemos desarrollado
una metodología de aproximación al problema para
superar una cantidad de preconceptos que lastiman a los propios
actores. Allí hay un diálogo que es necesario.
A veces hay diferencias de aproximación a los problemas,
pero desde la humildad y la aproximación cuidadosa podemos
aportar para terminar trabajando de manera solidaria. La cantidad
de consultas y pedidos que hemos tenido es muy importante, y
estamos preparándonos porque apenas se resuelva el tema
legislativo serán mucho mas importantes.
5.
Contar con capital y financiación
Nosotros sabemos que no podríamos hacer todo lo que hacemos
sin recursos financieros. Cada una de las cosas que comenté
tiene su dimensión cuantitativa. Para los emprendimientos
de la base social que no tenían patrimonio alguno, a
los cuales se les presto dinero para que se pongan en marcha,
el INTI impulsó un sistema de microcrédito que
está dando buenos resultados, organizando un sistema
con el Polo Tecnológico Constituyentes y con el Fondo
de Capital Social (FONCAP S.A.) En la presentación de
Iván Momeño se amplía este tema. En este
momento el INTI está garantizando casi cuarenta emprendimientos
y hoy tenemos unos veinte casos puntuales de morosidad contra
setecientos casos de adelanto en el pago de cuotas. Más
claro, el agua.
A la gente hay que darle el marco, la oportunidad y la posibilidad
de evaluar su pedido. En ningún caso era posible prestar
el dinero con la solicitud directa del potencial emprendedor.
En todos los casos nuestro grupo tuvo que ayudarlo a entender
qué quería hacer y cómo hacerlo porque
las ilusiones superaban a las realidades. Si nuestro grupo no
hubiera puesto la experticia, el corazón que puso, francamente
no podríamos haber prestado un solo peso. Se prestó
porque evaluamos todas la situaciones, nos convencimos de que
la gente tenía capacidad para hacer y vender, y conciencia
de que tenía que devolver. Por supuesto, a medida que
se corre la versión de que podemos y damos respuestas,
empiezan a aparecer masivamente los pedidos. Nosotros estamos
en condiciones de repetir este procedimiento, pero para hacerlo
masivamente se necesitará apoyo de una base local. Esto
no nos ha llevado meses o años sino un trabajo cotidiano
de contacto con la gente.
En lo más formal, que es en la financiación lisa
y llana creo que vamos a crecer con el uso de algunos instrumentos
adicionales que se están desarrollando. No es menor el
anuncio del programa FOMICRO -esperamos que el Banco Nación
termine de armonizar y articular las acciones con todos aquellos
a quienes convocó para apuntalarlo y ayudar- ni tampoco
es menor que en el Banco Nación haya un sistema Nación
Leasing para financiar bienes de capital de bajo coste.

Autoabastecimiento
alimenticio en
Buenos Aires, Catamarca y Misiones
Lic.
Nelly Schmalko, Universidad Nacional de San Martín
- UNSAM
La experiencia del Programa de Autoabastecimiento se inicia
en la Universidad Nacional de San Martín a raíz
de la crisis del 2001. Decidimos hacer un aporte para resolver
el tema de la crisis alimentaria planteando una metodología
alternativa a la de abrir comedores o repartir cajas de comida.
Propusimos un nuevo enfoque para tratar el tema del hambre y
la desnutrición, basado en el trabajo de un grupo de
familias que se juntan para producir su alimento de manera solidaria.
La idea es garantizar a cada uno de sus miembros el derecho
a una alimentación adecuada; lo planteamos como un camino
hacia la soberanía alimentaria, y lo consideramos el
primer paso para superar la pobreza. El cuidado de la tierra,
de la gente y la distribución apropiada de los resultados
son premisas básicas. Se trata de adaptar una producción
familiar y social de alimentos a los patrones productivos locales,
buscando la menor dependencia externa del sistema, pero articulando
los recursos públicos, gubernamentales, institucionales
y privados, proponiendo una estrategia para la interacción
de los actores locales.
El programa se basa en dos ejes estratégicos. Uno es
el sistema de autoabastecimiento. En este eje se desarrolla
una serie de ecotecnologías, tecnologías alternativas,
prototipos que la gente ha ido desarrollando, y fuentes de energía
alternativa como la energía solar, y en algún
caso la hidráulica. Estos prototipos productivos han
sido bastante difundidos, por eso quiero hacer hincapié
en el segundo eje: el sistema de articulación social,
que tiene dos componentes: los Talleres de Reflexión
y acción y las Redes de Integración Comunitaria.
Todos los diseños que tiene el programa -como los cursos
y los prototipos que se van a cerrar- son participativos: la
gente los experimenta y piensa si le conviene, si los puede
adecuar. Hasta ahora hicimos talleres con cinco redes y 48 barrios.
En los talleres nos cuentan la experiencia productiva -que es
abundante en las distintas comunidades- y luego elaboramos un
inventario de sus recursos haciendo una puesta en valor de ellos.
A veces son muchos y no están suficientemente valorizados.
Luego armamos un árbol de problemas para poner en común
las dificultades y las prioridades del barrio. A partir de estos
elementos trabajamos las ramas más densas del árbol
de problemas. Luego identificamos los emprendimientos productivos
que ya tiene el barrio; formulamos proyectos con los que nos
faltan, o para adecuar aquellos, y trabajamos la visión.
En una segunda etapa trabajamos las historias laborales, y relevamos
capacidades y habilidades que tiene la gente. Esto además
une mucho al grupo. Trabajamos la historia, la organización
y su trayectoria, y con esos elementos armamos una logística
de los barrios: un mapa con los recursos que tienen, las distancias,
los alimentos a distribuir, los tiempos que se requieren y el
modo de distribución.
Dr.
Roberto Castañeda, INTI, Director del Centro de Lácteos.
Hace poco comenzamos una experiencia con el programa de autoabastecimiento
alimenticio, con un módulo de productos lácteos
en que se quiere complementar la dieta de la gente. Nosotros
armamos un diseño para que cada familia elabore sus productos
para alimentarse durante una semana. Trabajar con lácteos
no es fácil. Para nosotros, la preocupación central
es cómo realizar una capacitación a ochocientas
cuarenta familias. Más aún cuando los que capacitan,
están acostumbrados a capacitar a ingenieros o técnicos,
a personas que ya están en la industria. Entonces es
muy importante la comunicación. Esta es la preocupación
central: cómo podíamos llegar a realizar esta
capacitación atentos a cuál va siendo la respuesta
de la gente a esa capacitación dada por los técnicos
del INTI. Es interesante la innovación y el aprendizaje
que nosotros, los tecnólogos del INTI, nos llevamos de
esta experiencia, y que se va a volcar en nuestro trabajo.
Jorge Jara, Movimiento de Trabajadores Desocupados/MTD de Solano.
Nosotros venimos hace rato tratando de desarrollar proyectos
de autogestión. La mayoría tiene que ver con la
alimentación, algunos con la indumentaria y otros con
calzado. Y permanentemente nos encontramos con un problema real:
teníamos la necesidad concreta, la mano de obra y la
voluntad para hacerlo, pero no contábamos con los elementos
técnicos de que disponen la Universidad de San Martín,
el INTA y el INTI. Empezamos a plantearnos la necesidad de articular
los proyectos, y así nos proponen integrar la red de
autoabastecimiento alimentario. En estos momentos, estamos desarrollando
una granja, tenemos conejos, ponedoras, pollos, cerdos, varias
huertas.
En un principio estuvimos tratando de consolidar el grupo humano,
porque para nosotros es esencial que las personas que participan
de la experiencia sepan para qué y para quiénes
producen. A veces no es necesario tanta plata sino tener el
objetivo claro de lo que se va a realizar. Todos los proyectos
que tenemos son esencialmente para el autoabastecimiento. No
es que no queramos comercializar; sería loco pensar así.
Pero hay materias primas y productos que nosotros no tenemos,
por ende necesitamos de capital para conseguirlos.
La primera etapa es el auto consumo; la segunda, ver cómo
se puede comercializar la producción excedente. Eso hay
que hacerlo paso por paso. No tratar de poner los proyectos
a futuro, sin antes tener consolidado el proyecto hoy. Habrá
un desarrollo permanente de nuestro trabajo y con la colaboración
concreta de los técnicos desde su experiencia. Nos parece
fundamental la articulación permanente. Nosotros partimos
de la base de que entre todos sabemos todo. Apostamos a resolver
mayoritariamente los problemas de alimentación. Porque
a nosotros no nos interesa resolver el hambre: el hambre se
resuelve con un paquete de fideos, pero la alimentación,
no. La alimentación se resuelve con vitaminas, minerales,
carbohidratos, etc. Y el sistema de autoabastecimiento alimentario
apunta a esto último. Tenemos muchas esperanzas, estamos
apostando mucho a esto. Le estamos poniendo el pecho.
Asistencia
a microemprendimientos
en Buenos Aires y Mendoza
Lic.
Iván Momeño, INTI, Gerencia de Extensión.
Nosotros estamos trabajando en centros urbanos en distintos
puntos del país con un programa de asistencia técnica
y capacitación con posibilidad de financiación
a través de microcréditos. El trabajo se orienta
a optimizar el rendimiento de los recursos disponibles a una
escala adecuada para emprendimientos con posibilidades. En esta
presentación estoy junto a Lucía Tomada, Marcela
Cordara y María de los Ángeles Cappa, profesionales
del centro de alimentos del INTI- ya que alrededor del 50 por
ciento de los emprendimientos se relacionan con la producción
de alimentos. Yo coordino un equipo que trabaja en la parte
de microfinanzas y de microcrédito.
Queremos crear trabajo genuino y sustentable. Por eso no utilizamos
la herramienta del subsidio sino que hablamos de crédito
para apoyar a aquellos emprendimientos con posibilidades de
insertarse y sostenerse en un mercado. Para eso es fundamental
identificar emprendedores y proyectos que sean viables, y adecuar
el apoyo que se está solicitando a la escala del emprendimiento;
en general son proyectos familiares o de pequeños grupos
con recursos muy limitados. Aspiramos a generar un modelo de
apoyo a emprendimientos, aspirando a poder transferir y multiplicar
esta experiencia.
Trabajamos básicamente sobre el conocimiento y la experiencia
del emprendedor, teniendo en cuenta el origen de la idea, los
conocimientos técnicos sobre lo que quiere hacer y la
capacidad de producción actual o proyectada en infraestructura,
recursos humanos y procesos, para ver si lo que está
planteando está realmente en condiciones de ser llevado
adelante. En general, la gente que va a producir un alimento
tiene una receta, y nuestro trabajo es transformar esa receta
en un proceso productivo. Nuestra tarea es realizar un trabajo
conjunto con el emprendedor de evaluación, capacitación
y recomendaciones que pueden terminar en un plan de asistencia
técnica. Hemos detectado que lo que necesitan muchas
de las personas que se presentan a pedir un crédito es
capacitación, es decir, ordenar un poco su cabeza y los
recursos queya tienen, y no tanto dinero.
La asesoría y el apoyo a la producción amplían
considerablemente las condiciones de sustentabilidad de los
proyectos. Y en este sentido vale la pena recalcar que es muy
importante cómo se relaciona la gente con el técnico
que viene a hablarle de lo que le interesa, por ejemplo, cómo
hacer mermelada. No se trata de llegar y hablar de gestión
o de créditos: primero hay que hablar de la mermelada.
La población está muy interesada en la capacitación
de los centros INTI y muy dispuesta a introducir los cambios
surgidos a partir del apoyo técnico. Hay una enorme voluntad
por capacitarse y aprender. Y cuando se le habla a la persona
o al grupo de aquello que le interesa, la atención y
el compromiso aumentan más todavía.
Además de organizar la producción, por otro lado
hay que organizar también un negocio. La producción
tiene que ser vendida en un mercado con una organización,
unos costos y unas proyecciones. Esto es importante porque quienes
se acercan a nosotros tienen un problema de ingresos: muchos
están desocupados y la mayoría es gente de bajos
ingresos. Por lo tanto, en muchos casos nosotros tenemos que
ver cómo se ajusta cada proyecto particular a sus objetivos
particulares. Para esto también realizamos visitas y
hacemos talleres, sobre todo con aquellos emprendedores que
quieren iniciar una actividad nueva, ya que suelen tener una
versión muy cruda y preliminar de lo que se proponen.
Nuestra tarea es muy distinta cuando se trata de una actividad
que ya está funcionando, se trabaja con una asistencia
directa, pues en general hay que resolver cosas con mayor celeridad
que un proyecto que es para iniciar. Este año desarrollamos
quince talleres de este tipo, y pasaron por ellos más
de cien personas.
En una producción articulada a una estrategia de negocios,
la herramienta financiera y el crédito no necesariamente
resuelven todos los problemas sino que ocupan una función
específica: el de capital mínimo y necesario para
empezar esa producción y ese proyecto. ¿Cuál
es la primera etapa de ese proyecto, la primera máquina,
las primeras materias primas necesarias para que estas personas
puedan probarse a sí mismos y probar también su
proyecto y su viabilidad con un primer pequeño endeudamiento?
Luego, sobre ese en-deudamiento tratamos de renovar los créditos
de forma automática una vez que son cancelados.
Hemos trabajado con más de 300 proyectos. Un 25 por ciento
reunió condiciones de sustentabilidad para acceder a
un crédito, y un tercio de los proyectos no ha tenido
fundamento desde su idea. Hasta el momento, el comportamiento
de la población respecto del crédito ha sido muy
buena. Sobre 30 créditos y 200 cuotas percibidas en los
últimos tres meses y medio tuvimos 64 días de
atraso, y 790 días de adelanto: casi dos años
de días de adelanto de pago de cuotas. La gente quiere
pagar los créditos porque tienen el incentivo de que
al cancelarlo van a aspirar a otro crédito mayor: tienen
un proyecto de crecimiento, eso es cultura emprendedora.
Este sistema de microcréditos tiene varios integrantes.
En un acuerdo con el Polo Tecnológico y con FONCAP, el
INTI se transformó en el ente técnico que hace
la evaluación y el seguimiento de los proyectos, la presentación
ante el Polo Tecnológico -que es la entidad financiadora-,
y a su vez garantiza la cartera de crédito. Asumiendo
el INTI este riesgo crediticio, este sistema puede llevarse
adelante. También tenemos un convenio con el Banco Nación
para que recaude las cuotas, de modo que los emprendedores pueden
concurrir a pagar en cualquier lugar del país, y al día
siguiente nosotros ya estamos al tanto del estado de situación
de los pagos de los créditos que tenemos acordados porque
el Banco nos manda la información diariamente.
Si tuviéramos que definir en cuatro palabras nuestro
trabajo, éstas serían: escuchar, contener, ordenar
y capacitar. Primero hay que poder escuchar a la gente, para
ver después qué es lo que se puede aportar. También
es importante contener, debido al tipo de población con
la que trabajamos. Luego, ordenar. Muchas veces decimos obviedades;
pero esas obviedades puestas en un determinado orden tienen
un impacto muy importante: el orden ayuda a pensar, a planificar
y a fijar metas. Por último, capacitar, es decir, agregar,
transferir o generar con la misma gente en este proceso los
elementos y los conocimientos posibles.
Nuestra idea es replicar la experiencia de este programa. Si
bien vamos a seguir haciéndolo en forma directa con la
población, estamos empezando a trabajar con organizaciones
iniciando programas en diferentes localidades y haciendo acuerdos
en el marco de la Red de Apoyo al Trabajo Popular. Lo que buscamos
es generar equipos. En un primer momento probablemente el INTI
asuma el liderazgo trabajando en capacitación, asistencia
técnica, elementos de gestión y financiamiento,
pero luego esperamos un compromiso de las autoridades locales
en la financiación, el apoyo a la gestión y el
desarrollo empresarial. Queremos que el INTI instale esa semilla
para que pueda crecer a partir de los aportes locales. Hoy en
día el INTI está asumiendo gran parte de la responsabilidad
en cuanto a la financiación y apoyo a la gestión
de los emprendimientos.

Cadena
de valor artesanal textil en Córdoba
Tec.
Daniel Biagetti, INTI, Gerencia de Extensión.
Somos un equipo técnico que proviene de distintas partes
del INTI y del país. Estamos desarrollando una metodología
de intervención basada en el análisis de cadenas
de valor micro. Hemos tenido la oportunidad de aplicar esta
metodología en la actividad textil artesanal en el corredor
Punilla Tras la Sierra, pero según la oportunidad puede
aplicarse en otras instancias. La diferencia entre una cadena
de valor y una cadena productiva es la existencia de un gobierno
del sistema productivo. En una cadena de valor no hay un simple
eslabonamiento: existe además un gobierno, que genera
una dinámica que ordena y hace más eficiente la
producción en cada eslabón, y permite intervenir
en la distribución de la renta. Nuestro trabajo y el
de la metodología es construir un sistema de gobierno
que favorezca el desarrollo de los actores implicados en cadenas
de valor en escala micro. Originalmente este desarrollo se llamó
cadena de valor de la lana, pero como nosotros tenemos la metodología
de "armar la nave mientras cruzamos el río",
mientras lo cruzábamos nos dimos cuenta de que tenía
otro alcance.
Al comenzar a trabajar en la cadena de valor textil del corredor
Punilla - Tras la Sierra nos encontramos con que la materia
prima era de baja calidad, los productos finales no tenían
tratamiento mercadotécnico, la producción era
artesanal, y la productividad y la rentabilidad no tenían
vinculación; por ejemplo, los conceptos de tiempo no
estaban incluidos en el sector: un hilandero no sabía
cuántas horas tardaba en hacer un kilo de lana con huso;
el tiempo no era un dato sino un bien aparentemente abundante
y sin valor. La actividad se basa en saberes populares y se
sostiene en hábitos domésticos. El producto final
era la lana hilada natural, teñida con tintes químicos
y con tinturas provenientes de plantas del lugar, que pasaba
por una etapa que podríamos denominar "de confección",
ya que no existían los componentes de diseño tal
como se lo entiende técnicamente. El destino comercial
de este tipo de producción está principalmente
en los corredores turísticos.
Nos planteamos una cadena de valor objetiva, agregando nuevos
elementos a la cadena e introduciendo algunas modificaciones
-por ejemplo, implementando una técnica de esquila más
adecuada o sumando un proceso de lavado y clasificación
del hilado-. A partir de esas intervenciones aparecen tres nuevos
aspectos en la cadena. Donde antes había productos, ahora
se presenta el concepto de colección -incluso aparecen
tres tipos de colecciones: hilados, prendas y utilitarios-.
Se agrega una etapa de confección, diferenciada de lo
que es diseño. Y en tercer lugar, una etapa de mercadotecnia.
Además agregamos dos objetivos finales en cuanto a la
posibilidad de exportación y de comercio electrónico.
Esto es lo que llamamos la generación de una dinámica
de valor. Hubiera sido imposible introducir el concepto de colección
sin intervenir sobre los eslabones preliminares: con materias
primas de baja calidad, las posibilidades disminuyen, mientras
que si se cuenta con diversidad de tipos y calidades de materias
primas existe la posibilidad de transformar una diversidad de
productos en una colección. Por otro lado, debido al
ingreso de tecnología, estas intervenciones generan ciertos
niveles de especialización. Esto no implica que no habrá
más productores genéricos, sino que habrá
productores genéricos muy especiali-zados. Y además
permite la incorporación de diseñadores y confeccionistas,
que antes no tenían lugar en la cadena, y también
de mercadólogos y comercializadores ya que estos productos
abren nuevas oportunidades de negocio.
Ahora, ¿cómo se genera una dinámica que
movilice esto en los sujetos sin imponerles una receta? Lo que
nosotros hacemos es emular el efecto de un gobernar favorablemente
el sistema productivo, lo cual significa, por ejemplo, mejorar
la fijación de precios y analizar la distribución
de la renta. Nosotros realizamos esta emulación a través
de tres agentes: un agente de competitividad, un Banco de Insumos
Estratégicos y Bienes de Uso Aplicados, y un Agente Comercializador.
Los tres, bajo el gobierno del primero, actúan en forma
de sistema. Me parece interesante agregar aquí algunos
comentarios sobre el Banco de Insumos Estratégicos.
El Banco de Insumos Estratégicos presta capital, pero
no es este su rol esencial: también genera un intercambio
de información y conocimiento, transfiere tecnologías,
recoge información y cumple una función de gobierno
sobre la cadena redistribuyendo riquezas. ¿Cómo
lo hace? Si bien el banco parece un fondo rotatorio de préstamos
pues lo que se ve a primera vista es un intercambio de materias
primas, en realidad es mucho más que eso. En el ida y
vuelta de materias primas y elaboradas originadas a partir de
los préstamos y transacciones entre los grupos de la
cadena de valor, además de un flujo de bienes se produce
un flujo de información sobre esas transacciones, de
modo tal que un grupo, además de devolver el préstamo
en otro bien de cambio que está procesado, entrega datos
sobre tiempo de producción, precios de mercado, muestras
técnicas y materias primas. Toda esa información
pasa a un Banco de Tecnologías que produce una devolución
de información sobre el sistema, y entonces nosotros
disponemos de datos que nos permiten analizar el factor tiempo,
la rentabilidad y la fijación de precios. Así,
cuando el banco presta vellón, toma hilo o lo presta,
fija un precio y contribuye a la competitividad del sistema.
Y con esa información, los hilanderos y los tejedores
pueden comparar su rentabilidad con la de otros grupos, generando
un aprendizaje por experimentación. Además, el
banco también sirve para introducir bienes estratégicos
-nosotros introducimos top, algodón y vellón clasificado-.
Y además, el Banco genera instancias conglomerantes:
el hecho de que el préstamo se haga a un grupo es una
acción de conglomeración.
Por supuesto, estos agentes no responden a la figura capitalista
del banco. Ni siquiera son lugares físicos: de hecho,
el Banco de Insumos Estratégicos suele estar en el baúl
de mi coche, donde llevo el rollo de top y, a veces, vellones,
mientras que el Banco de Diseño y Tecnologías
Aplicadas está en poder de Marcela, que es quien procesa
las tablas y me las devuelve para llevárselas de nuevo
a los hilanderos para que las analicemos en grupo. Tenemos que
entender a estos bancos como agentes que acumulan bienes y los
administran en forma generosa y razonable, y que además
generan conocimiento, conciencia, preferencia y convicción
en los mercados. Son agentes comerciales que trabajan juntos
continuamente para ver qué diseños hacer y ajustarse
a las demandas, pero no para aumentar las ventas sino para aumentar
la preferencia de un mercado sobre estos productos.
Finalmente quisiera mostrarles un antes y un ahora. Antes partíamos
de un vellón sucio y se necesitaban sesenta jornales
para generar un ingreso neto de $400, y no se trabajaba con
rueca sino con huso. Hoy tenemos dos posiciones. Hemos mejorado
por el hecho de partir de un vellón limpio, y se necesitan
treinta jornales para generar un ingreso de subsistencia de
$400. Con la introducción del top estamos en catorce
jornales para generar el mismo ingreso. En la línea de
rueca los números son tres veces mejores. Y con la introducción
del algodón -una novedad en el sistema que implicó
un cambio de paradigma- llegamos a unos diez jornales para generar
esos $400 de ingreso neto, que es lo que está sucediendo
ahora. Y como los números se están realimentando,
podemos decir que están mejorando cada vez más.
Además estamos implementando una estrategia de mercadotecnia
que consiste, básicamente, en aumentar la singularidad
y generar un sistema de marcas que permita evidenciar los intangibles
de la producción.
Lo
que vendrá (conclusiones)
Ing.
Enrique Martínez, Presidente del INTI.
Éste es el panorama general de qué quisimos hacer,
por qué lo quisimos hacer y qué hicimos en este
año en términos generales. Hemos construido una
forma de pensar que mis compañeros se han encargado de
anclarla al piso. Mi misión era mostrar el modelo; ellos
van a mostrar la gente de carne y hueso que, aunque no estén
aquí, participó y participa de este programa.
Este encuentro tiene, en realidad, dos mensajes y dos conclusiones.
Una, para el conjunto de la gente que ha trabajado con el INTI.
Y otra, al interior del INTI. Nosotros creemos que el problema
político básico de la sociedad argentina es que
la década del '90 nos fragmentó y nos dispersó
en mil pedazos, convirtiendo a cada uno en ajeno, cuando no
en enemigo del otro. Y el secreto de construir un país
mejor es volver a encontrarnos y volver a juntarnos. Ni siquiera
hace falta trabajar juntos para eso; sólo hace falta
encontrarnos sacando de adentro nuestro el sentido de lo común,
la conciencia colectiva. En otras palabras, sacándole
el polvo y poniéndola a actuar.
La gente que no es del INTI pero que ha tomado contacto con
nosotros ha visto hoy a miembros del INTI tomados prácticamente
al azar entre los que participaron. Hay muchos más que
participaron en este proceso de relación con la economía
social en este año. Ustedes vieron, en particular, el
caso de un profesional del INTI que está optando entre
el trabajo de extensión para enseñar a la gente
cómo hacer yogur en un barrio carenciado, o terminar
su tesis de doctorado en Francia. Esto le sirve para demostrarse
a sí mismo que puede tanto manejar conceptos técnicos
de primer nivel mundial como transmitir conocimientos a la base
popular. Porque la raíz que necesita para una cosa y
para otra es la misma. Son las mismas cosas. Todos estamos aprendiendo
a comunicarnos con el lenguaje propio y el del otro. Estamos
usando todo lo que nuestra cultura, nuestra historia y nuestra
capacidad de aprender en las Universidades pueden poner al servicio
de la base popular.
En este año estamos aprendiendo que el discurso progresista
no necesita esterilizarse en el discurso mismo: puede volcarse
a la práctica concreta y darle a quienes lo necesitan
aquello que les es útil. Y no lo estamos aprendiendo
a partir de axiomas, ideologías, cartillas o de bajadas
de línea: lo estamos aprendiendo a partir de ir a hablar
con la gente. Eso es lo que hizo la gente del INTI y lo que
hoy nos llevamos adentro con absoluto orgullo todos los que
participamos de esta experiencia. Les agradezco mucho.