Instituto Nacional de Tecnología Industrial

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Los números de la crisis industrial
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La gran empresa como eje del desarrollo regional
Sector servicios: migración de puestos de trabajo
Sistema de disposición de desechos humanos
El control del espectro radioeléctrico
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“Tecnología eficiente y economía social: Los mejores caminos para generar trabajo popular”
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Los cambios influenciados por la tecnología son el resultado de decisiones humanas y no de fuerzas históricas impersonales.

Fuente: Extraído de TECHNICALLY SPEAKING - National Academy of Engineering, USA (2003)

 

Visión de The Economist, revista inglesa de finanzas y negocios, sobre un nuevo efecto de la globalización
     

Sector servicios: migración
de puestos de trabajo

    
La nueva emigración laboral *

La competencia extranjera afecta ahora a los servicios así como a la industria. Durante los últimos 250 años, los políticos y los hombres de negocios insistieron en soslayar el análisis económico de los beneficios que se obtienen del comercio, por más que finjan y en algunos casos hasta crean, que están prestando la debida atención. Acepto esta situación para los que están en una posición de izquierda dura, sin embargo los políticos de todas las tendencias ideológicas juran en estos días fidelidad al principio básico del libre comercio. Los hombres de negocios afirman lo mismo. 

Por lo tanto, cuando cualquiera de los dos grupos manifiesta sus reclamos en favor de las barreras contra la competencia extranjera, no es porque el libre comercio sea malo en sí, sino porque entienden que los extranjeros de alguna forma están haciendo trampa, trasformando a los principios económicos en nulos. O tal vez porque algo cambió en la forma en que funciona el mundo, de tal manera que los principios básicos, siempre validos de por sí, necesitan un ajuste. De esta forma, los ajustes obligan a estos acérrimos defensores del libre-comercio-como-principio, a pedir toda clase de restricciones al comercio.

Así, periódicamente se remoza y se reinventa el proteccionismo. El sentimiento anti-comercio, especialmente en los Estados Unidos, está pasando por un renacimiento muy fuerte, como no se daba en años. Las "nuevas condiciones" espurias que se consideran desde muy antiguo socavan el punto de vista ortodoxo en favor del libre comercio, incluyen el crecimiento de los flujos de capital a través de las fronteras y la aceptación de que algunas industrias expuestas a la competencia extranjera pueden tener una importancia estratégica o global para la economía, como también interés en cuanto a la explotación de los trabajadores en los países en desarrollo. Sin embargo, la nueva condición espuria por excelencia, que está demostrando ser mucho más potente en términos políticos que cualquiera de las otras, es el hecho de que la competencia internacional golpea a las industrias que antes se escudaban de ella por medio de las presiones tecnológicas y geográficas.
 

El Nuevo Proteccionismo
Ya no es sólo la industria la que siente la presión de la competencia extranjera. No son sólo los sucios trabajos manuales los que se mudan afuera. Ahora también emigran los trabajos en los servicios, algunos de los cuales requieren de capacidades superiores, especialmente en la programación de las computadoras. Los servicios constituyen mucha de la mayor parte de toda economía avanzada. ¿Qué quedará al final de este proceso? ¡Dios!, Adam Smith nunca lo pensó. Hay que repensar completamente la política comercial.

Bueno, en realidad no. Gregory Mankiw, presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente estadounidense, señaló hace poco que si se pueden encontrar servicios más baratos fuera del país, a los Estados Unidos les conviene aprovechar la oportunidad. Esta sencilla reformulación de la lógica del comercio liberal hizo que llovieran burlas sobre la cabeza del Sr. Mankiw, y fue notorio e inquietante que el gobierno para el cual trabaja -supuestamente defensor del libre comercio- no salió a defender la verdad simple que él había expresado.

John Kerry, que encabeza la carrera para la nominación demócrata para la presidencia, es en el mejor de los casos un defensor tibio y fluctuante del comercio, y suele llamar a los patrones que invierten en ultramar "Benedict Arnolds" 1. Su principal competidor, el seductor John Edwards, a quien le fue inesperadamente bien esta semana en las primarias de Wisconsin, se ha aferrado al comercio como tema ganador: está en favor de mantenerse firme y hacer que los trabajos de los norteamericanos se queden en los EEUU, etc. Y los medios simplemente se chupan los dedos. "Lou Dobbs Tonight", programa insignia de la CNN sobre noticias de negocios, del cual se espera procure ser económicamente correcto, se embarcó en una agenda editorial rabiosamente anti-comercio, en la que su responsable saluda cada anuncio de empleos perdidos como si fueran semejantes a un atentado terrorista.

El hecho de que la competencia extranjera ahora golpee a los servicios tanto como a la industria no suscita absolutamente ningún tema nuevo acerca de los principios económicos. Si un auto se puede fabricar a menor costo en México, se lo debería fabricar. Si una encuesta telefónica se puede procesar a menor costo en la India, habría que hacerlo. Todas esas transacciones producen ingresos reales en ambas partes, ya que los recursos se transfieren en forma ventajosa, con mayores inversiones y crecimiento en el país exportador, y precios más bajos en el importador. Sí, el comercio es un juego de sumas positivas. (Adam Smith lo creía).
 

¿Cuán desgarrador es?
El movimiento de trabajos hacia los países en desarrollo no altera el nivel general de ocupación en las economías avanzadas; no obstante, con seguridad el modelo de empleo sí cambia. En conjunto esto es conveniente, del mismo modo que es conveniente que el progreso tecnológico que ahorra trabajo cambie el modelo de empleo. (Y ya que estamos, ¿alguien cree todavía que la tecnología que ahorra trabajo destruye totalmente los empleos?) En lo que respecta a sus efectos sobre los individuos, este proceso sí tiene consecuencias que es necesario estudiar y, en algunos casos ablandar. Las inversiones públicas y privadas en habilidades y educación perdurables de por vida son de capital importancia en este mundo nuevo, y es allí donde se debería enfocar la atención. Pero la imagen conjurada por los intereses -propios de los alarmistas- sobre unos Estados Unidos arrasados por un desempleo que aumenta inexorablemente, no sólo es falsa sino también absurda.

La emigración de los trabajos, si bien no suscita temas nuevos en cuanto a principios económicos, puede por cierto implicar mayores tensiones políticas y económicas que las antiguas explosiones de comercio en expansión. Los obreros de la industria hace rato entendieron que estaban expuestos al desafío de la competencia del exterior. Los trabajadores de los servicios creían hasta ahora que no lo estaban: es perturbador que abusen de uno. También es cierto que la mera escala de trabajo en el sector de los servicios dentro de una economía avanzada provoca ansiedad, aunque no pueda justificarse en relación a cuán desgarradoras puedan ser las nuevas fuerzas de la competencia.

Actualmente, la crisis de los patrones de ocupación con seguridad se está exagerando. La verdadera y presunta emigración de los trabajos en el sector de los servicios es pequeña, y probablemente continúe siéndolo, en comparación con el nivel de creación de trabajos y la destrucción de una economía tan vital como la norteamericana. Y las presiones tecnológicas y geográficas seguirán manteniendo muchos trabajos del sector de los servicios cerca del consumidor. En realidad, en algunos aspectos es una lástima que sea así: cuanto mayor es la perturbación, mayores son los beneficios. A medida que la competencia obligue a algunos trabajos en los servicios a trasladarse al extranjero, exigirá que se creen nuevos trabajos en los servicios para remplazarlos. Y en promedio serán trabajos mejores y mejor pagos que los que emigran. Hay evidencias que prueban que ésto es lo que está ocurriendo. En la práctica así como en principio, la vieja y rancia idea de los beneficios comparativos todavía da resultado.


1 N. del T.: Benedict Arnold fue un militar norteamericano conocido por pasarse a las filas británicas durante la guerra de la Revolución Norteamericana (1741-1801).

* Publicado en "The Economist" el 19 de febrero de 2004
     

   
Fecha 2004-10-23 07:54:24
Nombre TORCASAS
Titulo YO CREO
Comentario YO CREO .........FIN