Visión de The
Economist, revista inglesa de finanzas y negocios, sobre un
nuevo efecto de la globalización
Sector
servicios: migración
de puestos de trabajo
La
nueva emigración laboral *
La competencia extranjera afecta ahora a los servicios así
como a la industria. Durante los últimos 250 años,
los políticos y los hombres de negocios insistieron en
soslayar el análisis económico de los beneficios
que se obtienen del comercio, por más que finjan y en
algunos casos hasta crean, que están prestando la debida
atención. Acepto esta situación para los que están
en una posición de izquierda dura, sin embargo los políticos
de todas las tendencias ideológicas juran en estos días
fidelidad al principio básico del libre comercio. Los
hombres de negocios afirman lo mismo.
Por lo tanto, cuando cualquiera
de los dos grupos manifiesta sus reclamos en favor de las barreras
contra la competencia extranjera, no es porque el libre comercio
sea malo en sí, sino porque entienden que los extranjeros
de alguna forma están haciendo trampa, trasformando a
los principios económicos en nulos. O tal vez porque
algo cambió en la forma en que funciona el mundo, de
tal manera que los principios básicos, siempre validos
de por sí, necesitan un ajuste. De esta forma, los ajustes
obligan a estos acérrimos defensores del libre-comercio-como-principio,
a pedir toda clase de restricciones al comercio.
Así, periódicamente se remoza y se reinventa el
proteccionismo. El sentimiento anti-comercio, especialmente
en los Estados Unidos, está pasando por un renacimiento
muy fuerte, como no se daba en años. Las "nuevas
condiciones" espurias que se consideran desde muy antiguo
socavan el punto de vista ortodoxo en favor del libre comercio,
incluyen el crecimiento de los flujos de capital a través
de las fronteras y la aceptación de que algunas industrias
expuestas a la competencia extranjera pueden tener una importancia
estratégica o global para la economía, como también
interés en cuanto a la explotación de los trabajadores
en los países en desarrollo. Sin embargo, la nueva condición
espuria por excelencia, que está demostrando ser mucho
más potente en términos políticos que cualquiera
de las otras, es el hecho de que la competencia internacional
golpea a las industrias que antes se escudaban de ella por medio
de las presiones tecnológicas y geográficas.
El
Nuevo Proteccionismo
Ya no es sólo la industria la que siente la presión
de la competencia extranjera. No son sólo los sucios
trabajos manuales los que se mudan afuera. Ahora también
emigran los trabajos en los servicios, algunos de los cuales
requieren de capacidades superiores, especialmente en la programación
de las computadoras. Los servicios constituyen mucha de la mayor
parte de toda economía avanzada. ¿Qué quedará
al final de este proceso? ¡Dios!, Adam Smith nunca lo
pensó. Hay que repensar completamente la política
comercial.
Bueno, en realidad no. Gregory Mankiw, presidente del Consejo
de Asesores Económicos del presidente estadounidense,
señaló hace poco que si se pueden encontrar servicios
más baratos fuera del país, a los Estados Unidos
les conviene aprovechar la oportunidad. Esta sencilla reformulación
de la lógica del comercio liberal hizo que llovieran
burlas sobre la cabeza del Sr. Mankiw, y fue notorio e inquietante
que el gobierno para el cual trabaja -supuestamente defensor
del libre comercio- no salió a defender la verdad simple
que él había expresado.
John Kerry, que encabeza la carrera para la nominación
demócrata para la presidencia, es en el mejor de los
casos un defensor tibio y fluctuante del comercio, y suele llamar
a los patrones que invierten en ultramar "Benedict Arnolds"
1.
Su principal competidor, el seductor John Edwards, a quien le
fue inesperadamente bien esta semana en las primarias de Wisconsin,
se ha aferrado al comercio como tema ganador: está en
favor de mantenerse firme y hacer que los trabajos de los norteamericanos
se queden en los EEUU, etc. Y los medios simplemente se chupan
los dedos. "Lou Dobbs Tonight", programa insignia
de la CNN sobre noticias de negocios, del cual se espera procure
ser económicamente correcto, se embarcó en una
agenda editorial rabiosamente anti-comercio, en la que su responsable
saluda cada anuncio de empleos perdidos como si fueran semejantes
a un atentado terrorista.
El hecho de que la competencia extranjera ahora golpee a los
servicios tanto como a la industria no suscita absolutamente
ningún tema nuevo acerca de los principios económicos.
Si un auto se puede fabricar a menor costo en México,
se lo debería fabricar. Si una encuesta telefónica
se puede procesar a menor costo en la India, habría que
hacerlo. Todas esas transacciones producen ingresos reales en
ambas partes, ya que los recursos se transfieren en forma ventajosa,
con mayores inversiones y crecimiento en el país exportador,
y precios más bajos en el importador. Sí, el comercio
es un juego de sumas positivas. (Adam Smith lo creía).
¿Cuán
desgarrador es?
El movimiento de trabajos hacia los países en desarrollo
no altera el nivel general de ocupación en las economías
avanzadas; no obstante, con seguridad el modelo de empleo sí
cambia. En conjunto esto es conveniente, del mismo modo que
es conveniente que el progreso tecnológico que ahorra
trabajo cambie el modelo de empleo. (Y ya que estamos, ¿alguien
cree todavía que la tecnología que ahorra trabajo
destruye totalmente los empleos?) En lo que respecta a sus efectos
sobre los individuos, este proceso sí tiene consecuencias
que es necesario estudiar y, en algunos casos ablandar. Las
inversiones públicas y privadas en habilidades y educación
perdurables de por vida son de capital importancia en este mundo
nuevo, y es allí donde se debería enfocar la atención.
Pero la imagen conjurada por los intereses -propios de los alarmistas-
sobre unos Estados Unidos arrasados por un desempleo que aumenta
inexorablemente, no sólo es falsa sino también
absurda.
La emigración de los trabajos, si bien no suscita temas
nuevos en cuanto a principios económicos, puede por cierto
implicar mayores tensiones políticas y económicas
que las antiguas explosiones de comercio en expansión.
Los obreros de la industria hace rato entendieron que estaban
expuestos al desafío de la competencia del exterior.
Los trabajadores de los servicios creían hasta ahora
que no lo estaban: es perturbador que abusen de uno. También
es cierto que la mera escala de trabajo en el sector de los
servicios dentro de una economía avanzada provoca ansiedad,
aunque no pueda justificarse en relación a cuán
desgarradoras puedan ser las nuevas fuerzas de la competencia.
Actualmente, la crisis de los patrones de ocupación con
seguridad se está exagerando. La verdadera y presunta
emigración de los trabajos en el sector de los servicios
es pequeña, y probablemente continúe siéndolo,
en comparación con el nivel de creación de trabajos
y la destrucción de una economía tan vital como
la norteamericana. Y las presiones tecnológicas y geográficas
seguirán manteniendo muchos trabajos del sector de los
servicios cerca del consumidor. En realidad, en algunos aspectos
es una lástima que sea así: cuanto mayor es la
perturbación, mayores son los beneficios. A medida que
la competencia obligue a algunos trabajos en los servicios a
trasladarse al extranjero, exigirá que se creen nuevos
trabajos en los servicios para remplazarlos. Y en promedio serán
trabajos mejores y mejor pagos que los que emigran. Hay evidencias
que prueban que ésto es lo que está ocurriendo.
En la práctica así como en principio, la vieja
y rancia idea de los beneficios comparativos todavía
da resultado.
1
N. del T.: Benedict Arnold fue un militar norteamericano conocido
por pasarse a las filas británicas durante la guerra
de la Revolución Norteamericana (1741-1801).
*
Publicado en "The Economist" el 19 de febrero de 2004
| |
| Fecha |
2004-10-23 07:54:24 |
| Nombre |
TORCASAS |
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