La gran empresa como eje
del desarrollo regional
La
distorsión espacial en la distribución de la población
argentina comenzó cuando el puerto de Buenos Aires se
consolidó como única entrada de mercaderías
europeas a la región, hace mas de 200 años. La
industrialización primero y la expansión de los
servicios financieros, legales y similares en segundo término,
aumentaron esa concentración, tanto en términos
de acumulación de personas, como en poder económico
y de decisión política. En la actual etapa de
la globalización, analistas muy serias como Saskia Sassen,
han acuñado el término "ciudades globales"
para caracterizar a las metrópolis que son la vinculación
de sus países con el mundo y que en ese proceso, absorben
servicios que antes desarrollaban ciudades intermedias del país.
Sassen incluye a Buenos Aires en primer nivel en ese grupo de
ciudades, pronosticando un cierto vaciamiento de servicios brindados
en Córdoba, Rosario o Mendoza, que efectivamente se ha
concretado.
Un
panorama tan delicado exige un cuidadoso diseño y seguimiento
de políticas regionales, muy lejos de la liviana afirmación
liberal sobre regiones "no viables". A escala productiva,
en particular, se debe prestar mucha atención al efecto
completo que tiene la actividad económica que se lleve
a cabo en una región, sobre la expansión, contracción,
jerarquía o deterioro de la comunidad local. Al respecto,
y por ejemplo, se discuten mucho en este momento los efectos
de la expansión del cultivo de la soja sobre las pequeñas
poblaciones.
Lo
mismo debiera hacerse respecto de los grandes complejos regionales
organizados alrededor del aprovechamiento de un recurso natural,
como el tabaco, el azúcar, la yerba mate, el algodón,
incluyendo la pesca y su industrialización en tierra
o las recientes mega explotaciones mineras. Cualquier actividad
de esta envergadura, cuenta con encadenamientos importantes
hacia atrás y hacia adelante en su cadena productiva,
que deben ser tenidos en cuenta inexorablemente, antes de concluir
si el resultado global es positivo o negativo.
Desde
la mirada tecnológica, es mucho lo que se puede hacer.
Sin embargo, para evitar discursos dispersos, creemos conveniente
pensar en solo dos acciones centrales:
a)
Jerarquizar la calidad de toda la cadena proveedora de la gran
empresa regional y establecer un mecanismo permanente de acceso
de potenciales oferentes locales al umbral técnico que
se requiera. El sector público nacional, articulado con
los responsables provinciales, debiera asegurar que no sea posible
la repetición de casos como el de Minera La Alumbrera,
en Catamarca, que ha sido el mayor emprendimiento provincial
en muchos años y sin embargo se aprovisionó de
bienes simples y básicos en Tucumán o en Chile.
b) Contar con una detallada evaluación, y la correspondiente
oferta tecnológica, para promover la industrialización
local, cuando el producto de la gran empresa sea una materia
prima industrial. Cuesta imaginar un desarrollo de la industria
del mueble en Misiones, a partir de los actuales aserraderos;
o una importante industria de la confección algodonera
en el Chaco; sin una activa participación del Estado
dictando normas promocionales específicas, pero además
dando un marco tecnológico que permita a los misioneros
o chaqueños de buena voluntad incursionar en terrenos
sobre los cuales no hay tradición local.
En
cada uno de los dos frentes el INTI está en condiciones
de avanzar, trabajando en conjunto con gobiernos o universidades
locales, pero además con la imprescindible participación
de grandes empresas de influencia regional, que superen la visión
del enclave, para asumirse como promotoras de un desarrollo
integral.
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| Fecha |
2005-05-16 05:46:40 |
| Nombre |
meister |
| Titulo |
la empresa |
| Comentario |
en el desarrollo nacional |
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| Fecha |
2005-05-16 05:48:01 |
| Nombre |
meister |
| Titulo |
la empresa |
| Comentario |
en el desarrollo nacional |