| La
Joven China
¿Es posible vivir y crecer en una comunidad
nacional de 1500 millones de personas, donde funcione la economía
de mercado y simultáneamente se asegure una calidad de vida
razonable a todos los habitantes, solo mediante la presencia de
un Estado fuerte? El gobierno chino y con él muchos mas en
el país creen que sí.
¿Es posible conseguir eso partiendo de una cultura donde
lo extraño es tener algo propio o poder decidir sobre la
propia vida en forma individual? El gobierno chino contesta que
sí a esta pregunta y a cualquier otra parecida.
La dirigencia política de este país parece estar
convencida que sus decisiones pueden modelar la vida de todos sus
compatriotas de una manera mas lineal y directa –infinitamente
más lineal y directa– que como lo percibe un político
occidental. Si conductor decide, conducido hace. Esas decisiones
se toman dentro de una visión ética donde el conductor
cree todo el tiempo y por lo tanto sostiene públicamente,
que actúa en beneficio del conjunto.
Las decisiones no parecen tener límite, en cuanto a la imposición
de un sendero. Los obstáculos a quienes quieran tener mas
de un hijo; las fuertes restricciones a los movimientos de población,
superan por lejos la dimensión normal de aquello que un habitante
argentino concede al Estado, y sin embargo, en China la vida va.
Trasladar esa lógica a la economía ha permitido imaginar
–me esfuerzo por ponerme en la cabeza del planificador chino–
que se puede convocar a las multinacionales y a la vez controlarlas.
También ha permitido poner a disposición de una masa
de inversiones sin antecedentes mundiales una población trabajadora
a la cual se la ha casi diríamos dosificado, para no bloquear
el movimiento. Se avanza desde la costa al interior y hoy se dice
que hay 400 millones de personas en comunidades con industrialización
y el resto espera su turno. El 50 por ciento de la población
económicamente activa de China se dedica aún a la
agricultura, cuando en el mundo desarrollado esa proporción
esta entre el 2 y el 6 por ciento.
En un país con bajísima productividad promedio, los
salarios obviamente son cercanos a cero. Esos niveles de salarios
pueden estimular grandes inversiones capitalistas, para producción
orientada a la exportación, que sirven así para que
el país inicie un proceso de industrialización acelerada.
Esa lógica, que comenzó con el propio Japón
en la posguerra, siguió con Corea y Taiwán, se trasladó
después a toda el Asia. Se intenta aplicar hoy esa idea en
China y ella debe ser validada aun por la historia.
China marca la diferencia por su tamaño y por la enorme
presencia de su gobierno en la vida económica y social. Esa
diferencia cuantitativa y en parte cualitativa con Malasia o Vietnam,
para mencionar solo dos ejemplos, puede ser sustancial si el gobierno
chino logra construir una mística de destino nacional, tarea
que a todas luces intenta. En ese caso, el previsible deterioro
por la aparición de una capa muy rica de población,
que ya está, pero aún no influencia el poder político,
podrá ser superado. En ese caso, se podrá desarrollar
conocimiento científico y técnico que permita ir ganando
progresivamente la autonomía en los sectores más importantes.
La conducción política del país ha puesto enorme
énfasis en este plano, ya que a todos los efectos, quienes
se dedican a la investigación o docencia universitaria o
en institutos de desarrollo, tienen el reconocimiento oficial de
auténticos privilegiados. Los planes quinquenales, por su
parte, prevén desde hace tiempo fuertes inversiones en programas
de fortalecimiento de la ciencia y la tecnología nacionales.
El futuro de toda esta apuesta esta lleno de interrogantes. En
el plano económico, la pobre dotación de recursos
naturales no renovables esta convirtiendo a China en el principal
importador de petróleo, carbón, aluminio o cemento,
generando así no solo una peligrosa dependencia, sino además
poniendo creciente tensión sobre cada uno de esos mercados
a escala global. Más estructural aun que eso, las inversiones
de corporaciones multinacionales son muy importantes. En tanto el
sentido de esas inversiones sea esencialmente la exportación,
su permanencia estará condicionada a una alta relación
entre productividad y salario de los obreros chinos.
Por consiguiente, habrá un freno objetivo al crecimiento
de la calidad de vida de esos trabajadores. Es cierto que hay un
freno previo a esos salarios, que nada tiene que ver con las inversiones
extranjeras. La población ocupada en tareas agropecuarias
de baja eficiencia, constituye un fenomenal ejercito de reserva
para ser trasladado a la industria, que hará sentir por décadas
a una parte importante de la población que un trabajo de
200 dólares mensuales en una fabrica de indumentaria o cualquier
otra, es una bendición del cielo. Sin embargo, apoyarse de
manera significativa en las industrias orientadas a la exportación,
de capital extranjero, lleva a China a agregar una limitación
adicional para conseguir que la mayoría de su pueblo tenga
una vida digna a futuro.
También en el plano social, aparecen las dificultades de
una estrategia concentrada de manera casi excluyente en el acelerado
crecimiento productivo. Hasta los hoteles cinco estrellas de Beijing
o Shanghai están impedidos de ofrecer agua potable por cañerías
a sus huéspedes. El saneamiento ambiental, el sistema de
salud, son flancos muy débiles de una Nación que se
ha volcado de lleno a aumentar la producción de bienes industriales.
Shanghai tendrá en pocos años - se nos dice - el
edificio mas alto del mundo y una red de subtes mas larga que la
de Nueva York. Pero China también tiene un millón
de enfermos de sida, muchos de ellos por desconocer totalmente el
problema y por lo tanto, como evitarlo. La pregunta necesaria es:
Cómo diseñar una interacción entre Argentina
y un país con las características descriptas?
Ante todo, desde la perspectiva mas humilde posible. La fortaleza
argentina reside en la posibilidad de provisión de faltantes
de alimentación o de otros bienes de consumo. Algunos circunstanciales,
como la soja o los aceites; otros más estructurales, como
los productos lácteos; otros acotados a un segmento de la
población que reclama la mejor calidad internacional, como
las carnes bovinas. También reside en algunos sectores como
la biotecnología aplicada a la salud, la energía atómica
o la colaboración espacial, que son nichos de desarrollo
nuestro, demandados del otro lado del planeta.
La fortaleza china en una relación bilateral es el enorme
esfuerzo volcado al desarrollo tecnológico, que hoy les permite
disponer de conocimiento en algunos campos -como la electrónica
de entretenimiento, los diodos emisores de luz, ciertos ámbitos
de la metalmecánica- donde a la Argentina le resultaría
casi imposible encontrar socios internacionales, ya que en el mundo
occidental están controlados por empresas a las que solo
les interesa evaluar la inversión directa.
Todo lo demás puede terminar en espectaculares campos de
trabajo conjunto o en meras burbujas de expectativa mal fundada.
Me refiero al saneamiento ambiental, el equipamiento del agro chino,
el desarrollo conjunto de la química fina o varios otros
importantes títulos aún en borrador. Perseverancia
y calma. Si es posible calma oriental. El único modo de construir
en serio.
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