| La
seguridad pública
Por Enrique M. Martínez*
De una manera terrible, los argentinos tenemos –
desde el drama del 30 de diciembre pasado en un recital de rock
- la obligación de finalmente entender que el cuidado de
la seguridad pública no se limita a castigar los secuestros
ni a ampliar las cárceles o la altura de los alambrados que
circundan los barrios cerrados.
La seguridad pública se garantizará cuando impidamos
que nuestras acciones – cualquiera de ellas – pongan
en peligro la vida de un semejante y la propia. Solo entonces.
La gama de acciones que pueden dañarnos es enorme. ¿Cómo
intentar una organización conceptual mínima de las
múltiples situaciones posibles? Tan diseminada es la fragilidad
del tejido social, que pareciera imposible encontrar puntos en común
entre el daño por un hospital deficiente, el daño
por obligar a un trabajador a levantar bultos de peso insoportable,
o tantos y tantos otros ejemplos que podrían venir a nuestra
mente. Por más vueltas que le demos, es inevitable llegar
a una explicación bien básica: la causa está
en la contradicción que existe entre la valorización
extrema del derecho a buscar el beneficio y satisfacción
individual y la necesidad de vivir en comunidad, aceptando los límites
consiguientes. Debemos admitir esta contradicción y luchar
con todos nuestros sentidos para reducir sus efectos dañinos,
ya que no podemos esperar que desaparezcan ninguna de las dos partes
del conflicto. Para tener alguna posibilidad de éxito, lo
primero que debemos hacer es no negar el problema.
En el drama que nos conmueve, no hubo una situación excepcional.
Debe ser nuestra obligación esperar que conductas antisociales
como la de un empresario deshonesto, una dirigencia política
desaprensiva y un conjunto de música irresponsable, sean
frecuentes. Correlativamente, es nuestra obligación entender
cual es la mejor forma de controlar, neutralizar y finalmente modificar
tales conductas. Tal vez haya un único criterio principal
a respetar como guía estratégica: aumentar la capacidad
de control de las potenciales víctimas sobre las situaciones
donde se puede generar un daño. Esto significa control de
la población sobre los hospitales; control de los trabajadores
sobre las condiciones de higiene y seguridad de una empresa; control
de los asistentes a los espectáculos deportivos o musicales.
¿Cómo? ¿Con qué criterios?
La dura experiencia muestra que no basta – hasta es contraproducente
– la mera delegación formal en organismos que actúan
de policía o de definidores autónomos de políticas.
Tampoco resulta razonable suponer que alcanza la sola intervención
de los involucrados para asegurar el control. Necesitamos saber
qué y cómo controlar. Es necesario articular mecanismos
de asistencia técnica y de delegación parcial.
¿Qué es esto?
Es quitar del medio a los fundamentalistas llenadores de formularios.
A los que solo cumplen o dan órdenes; a la obediencia debida
civil. A los que reaccionan una vez que hay muertos y ya es tarde.
Es transformar el aparato del Estado para que, en lugar de tener
que juzgar personas, nos acostumbremos a juzgar hechos, a analizar
información.
Nos han – hemos – acostumbrado a leer casi una vez por
semana en los diarios encuestas sobre el grado de aceptación
de la imagen de un político (cuanto “mide” fulano:
mucho, poco o “no mide”), que se confunden peligrosa
e inaceptablemente con la discusión de qué actor o
actriz de cine son más glamorosos. Es terrible, además
de patético. ¿Podríamos, en cambio, llegar
a acostumbrarnos a leer la fecha de actualización de un certificado
de habilitación de bomberos antes de entrar a un local público?.
Sería una mejora.
Sin embargo, como parte del Estado debemos prepararnos y preparar
a nuestros compatriotas para que quieran controlar su propia vida
y tengan elementos para ello.
Deberíamos pretender que además de leer el certificado
de bomberos, puedan saber discernir que dentro del local no hay
materiales peligrosos. Que además sepan que si hubiera espuma
de poliuretano y ésta se quemara produciría cianuro.
Que también sepan que el tema ha sido estudiado en todo el
mundo desarrollado y que se recomienda el uso de un dispositivo
integral que comprenda elementos tales como rociadores automáticos,
ampliación de las puertas de salida, bloqueo inmediato de
la banda de sonido –para evitar el aturdimiento del público-,
y otras medidas que son casi de sentido común.
Ni siquiera hace falta que de un día al otro esto forme
parte del saber popular. Si 10 funcionarios, bomberos, periodistas
o músicos de rock hubieran sabido esto el año pasado
y hubieran puesto eso como condición para habilitar un local,
cada uno en su esfera de influencia, hoy habría 200 familias
sin drama, un Estado más creíble y una sociedad más
vivible.
* Presidente del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial)
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| Fecha |
2005-02-05 04:05:24 |
| Nombre |
Enrique Katz |
| Titulo |
Los culpables........ |
| Comentario |
Es necesario el dolor propio, para entender el de los ajenos.
Si pagamos una "cometa" para evitar o saltear una inspeccion, somos tan culpables como el que recibe.
Si manejamos luego de haber bebido, y sabemos por experiencias ajenas que esto es peligrosos, creemos que a nosotros no nos pasara nada,ya que somos invencibles, pero las cosas pasan.
Si tenemos miedo de que nos roben,pero hacemos ostentacion estamos invitando el riesgo.
Si queremos estar sanos,pero no protegemos nuestro cuerpo ysolo lo hacemos con nuestro auto que es reponible,cometemos un gran error.
Si no respetamos las necesidades de los que han llegado a una edad madura,estamos arriesgando nuestro propio futuro.
Si no educamos a nuestro hijos en el mutuo respeto y los valores del ser humano, somos culpables de formar una generacion de seres negativos para la comunidad.
Si la comunidad no genera los medios para respetar las normas, entra en una etapa de futuro negativo.
En fin de que solo nosotros, podemos hacer lo que corresponde, en bien de nuestras familias y en el de la comunidad,de la que formamos parte. |
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| Fecha |
2005-02-07 09:53:03 |
| Nombre |
Eduardo de la Fuente |
| Titulo |
"Comentario" |
| Comentario |
Sería bueno recordar que la persona que prendió la bengala también es responsable de lo acontecido.
Lo resalto porque la nota no lo menciona. Atte. |
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| Fecha |
2005-02-07 05:44:12 |
| Nombre |
Mario Otero |
| Titulo |
elogio... |
| Comentario |
... su sentido común y el espíritu docente de su opinión. |
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| Fecha |
2005-02-07 09:00:28 |
| Nombre |
Daniel Gutierrez |
| Titulo |
Segun la enseñanza |
| Comentario |
Con respecto a la nota sobre lo ocurrido el 30 de diciembre , de acuerdo a la enseñanza de los padres desde chicos si no se los corrige, en el comportamiento general ante un semejante despues vienen los lamentos,basta con mirar las paredes como estan escritas ,los asientos de los colectivos y cuantas cosas tengan al alcance de las manos , vale ensuciar y romper todo ,..despues dicen ser inocentes,.................. |
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| Fecha |
2005-02-08 05:29:04 |
| Nombre |
Ezequiel Kobrinsky |
| Titulo |
La Desaprensión Estructural |
| Comentario |
En principio no quiero dejar de comentar que suelo estar de acuerdo con las ideas de Enrique Martínez y me alegra profundamente que esté al mando de una institución que es vital para el desarrollo de nuestro país.
Suele ser una constante en este país que vivimos caer sistemáticamente en la clásica trampa que nos tienden las situaciones problemáticas cuando son analizadas erróneamente y como consecuencia en lugar de obtener soluciones perpetuamos los hechos que configuran el problema y evidentemente sus consecuencias. Si las desgracias se suceden una tras otra, la lógica básica nos lleva a concluir que no estamos modificando las variables que generarían un cambio de rumbo. ¡Cuando vamos a entender que buscar culpables directos de situaciones específicas no es solucionar el problema!!. Sigamos pensando que la culpa es de Chaban o del chico que encendió la bengala y llegará el día en que veremos el país encendido en llamas como consecuencia de no disponer ni de las mas mínima capacidad de prever las consecuencias de nuestros propios actos.
Es seguro que todos nosotros hemos estado en situaciones públicas de riesgo y si hemos tenido la capacidad de ver el peligro potencial no hemos hecho absolutamente nada al respecto. “Todas las excusas son invalidas”...puede corroborar cualquiera que haya sufrido en carne propia la irreversible muerte de un ser querido.
Actualmente estoy leyendo un libro que pone en entredicho la existencia del pasado y del futuro. Argumenta que el tiempo subjetivo, solo existe para la conciencia que es la única capas de generar la idea de un presente del pasado, un presente del presente y un presente del futuro, dividiendo así el tiempo en tres partes. Actualmente los argentinos (en realidad me animo a decir un gran porcentaje de la población mundial) ponemos en jake esta teoría metafísica. ¿Cuál será el problema? ¿El tiempo no existe?, o ¿no tenemos conciencia?. La respuesta es que tenemos una conciencia que practica el escapismo, que niega el pasado y el futuro y luego se queja de las consecuencias. Vivimos eludiendo la responsabilidad social, no percibimos ni por un instante el peligro real que implica actuar en forma desaprensiva, sin conciencia, sin tiempo. Y lamentablemente el desconocimiento estructural de una situación no es un freno para las leyes de las causas y las consecuencias: que uno quiera desconocer el peligro que surge de manejar imprudentemente a 160km/h para llegar a la costa en menos tiempo (¿menor tiempo = menor conciencia?) no anula de ninguna manera las leyes de la inercia, la resistencia al choque de los materiales como el cráneo, y lo que es peor aún y para no dar solo ejemplos físicos, el acto desaprensivo no nos libra de escapar de la terrible sensación que se siente cuando estos actos ya generaron sus negadas consecuencias. Entonces la conciencia se hace más sensibles que nunca y el tiempo sobra para pensar en lo irreversible que son algunas consecuencias y en lo simple que hubiera resultado evitarlas.
El tiempo ,si es que existe, nos dirá si la única manera de elevar nuestra sensación de la conciencia es a través de una situación traumática. El tiempo dirá si es necesario que cada familia tenga una víctima de rapto, una víctima de las fiestas de fin de año, una víctima de las rutas de enero y febrero, una víctima del fuego, etc., para tomar conciencia y actuar en consecuencia.
Que un civil no considere su responsabilidad el mal funcionamiento de un semáforo, que no perciba con seriedad el peligro potencial, no evita de ninguna manera que por azar un mal día, las consecuencias lo afecten directamente a él. Sabrá después si pensar “como puede ser que yo pague los impuestos y nadie arregle esto” fue suficiente para evitar la tragedia.
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| Fecha |
2005-02-09 09:06:54 |
| Nombre |
Martha Tassini |
| Titulo |
Nuestra seguridad |
| Comentario |
Sigo desde que recibo ésta página los editoriales que son muy interesantes, además de admirar la tarea inteligente que realiza el Instituto y que tanto tiene que ver con la calidad de vida de los argentinos.
Estoy asustada por tantas muertes jóvenes ademàs del drama de fin de año en accidentes de automóvil y me pregunto que nos pasa!.
Los argentinos siempre ponemos las culpas afuera sin tener la capacidad de la mas mínima instrospección:qué me pasa! qué nos pasa! Tan poca importancia tiene la vida!
Debemos reflexionar y analizar!
Los padres deberán cuidar sus hijitos y enseñarles que se cuiden!
Debemos hacer tarea docente, no solamene en la escuela y valorar y cuidar lo que tenemos o hemos podido conseguir con esfuerzo!
Gracias señores del INTI por esta posibilidad y por sus estudios e investigaciones que siempre son valoradas!
Martha
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| Fecha |
2005-08-10 11:25:13 |
| Nombre |
Silvina B |
| Titulo |
la inseguridad es un problema de todos |
| Comentario |
La inseguridad es cruzar un semaforo en rojo.
La inseguridad es acelerar al doblar en una esquina.
Obvio, la inseguridad es siempre la del mas vulnerable, el peaton.
Yo veo que en la ciudad de Bs As la gente maneja con instinto asesino.
El semaforo en amarillo deberia indicar detenerse, alerta, sin embargo todos los conductores aceleran.
He visto motocicletas cruzar semaforos en rojo en hora pico en Alem y Libertador.
Eso es inseguridad, y falta de calidad de vida pra todos.
Seria bueno que alguien se decida a cobrar multa a los automovilistas que no respetan las reglas minimas de transito. |
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