La energía eléctrica sigue siendo hoy en día
la forma más difundida y versátil de provisión
de energía para todo tipo de actividad. Se genera en forma
masiva en grandes “industrias” de electricidad, se transmite
por anchos “caminos” que son las líneas de transmisión
y finalmente se distribuye a cada usuario a través de una entramada
red. La búsqueda de una mayor eficiencia se hizo necesaria
con la crisis del petróleo de comienzos de la década
de 1970 y tímidamente asomó en nuestro país por
última vez durante el año pasado con la restricción
existente en el suministro de gas natural. Usando el principio de
que “la mejor energía es la que no se ha tenido que usar”
se procuró optimizar la eficiencia del lado del usuario de
electricidad. Incrementar la eficiencia de los motores, que son una
parte importante de los sistemas impulsados por electricidad, supone
un importante ahorro para la Argentina. En algunos países
desarrollados se han incluido programas energéticos de etiquetado
de motores eléctricos, los que mediando la intervención
de la autoridad competente, fijan límites inferiores de eficiencia
o máximos de consumo, fuera de los cuales no es admitida
la comercialización ni importación de tales productos.
Estos programas han sido altamente exitosos, pues lograron significativos
ahorros de energía y la postergación de inversiones
en generación, transmisión y distribución de
energía eléctrica.
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Los programas de etiquetado tienen varias ventajas:
- Significan un potencial para lograr ahorros de energía
relativamente muy altos.
- Constituyen una forma muy efectiva (en cuanto a costo-beneficio)
para limitar el desperdicio de energía y contribuyen a un
ahorro económico.
- Estimulan a los fabricantes a diseñar productos con mayor
eficiencia energética.
- Requieren la modificación en el comportamiento de un número
manejable de fabricantes, en lugar del público consumidor
total.
- Tratan de igual forma a todos los fabricantes, vendedores y distribuidores.
Dicho etiquetado resulta de aplicar un sistema de clasificación
de la eficiencia de los motores, que informa a los usuarios de una
manera sencilla y visible la magnitud de la eficiencia energética,
haciendo más racional la especificación y/o selección
de los motores eléctricos.
La evaluación del consumo energético de los motores
eléctricos industriales en la Argentina resulta una tarea
compleja porque se carece de la información estadística
básica respecto a cantidad, potencia, modo de uso y características
de los mismos. Por ello, en este trabajo se realiza una estimación,
bajo ciertas suposiciones, del potencial de ahorro de energía
que se produciría de adoptar un sistema de etiquetado en
clases de eficiencia energética como el utilizado en la Unión
Europea.
La industria Argentina absorbió 34,22 TWh, incluyendo autogeneración,
en el año 2000 (año usado como base de los cálculos)
representando el 45,92% del total (67,62 TWh) consumido por el país
desconociéndose qué porcentaje de este consumo representan
los motores eléctricos. Aún así, basados en
los escasos estudios con que se cuenta en el ámbito nacional,
puede estimarse que la participación de los motores eléctricos
asincrónicos trifásicos dentro del sector industrial
oscila entre el 50 % al 75 % constituyéndose, tal como ocurre
en otros países, en el uso final de energía eléctrica
más importante en la Argentina totalizando entre 22,96 %
(17,11 TWh) y 34,44% (25,66 TWh) de la facturación de electricidad.
El sistema de etiquetado implementado por el CEMEP (Comité
Européen de Constructeurs de Machines Electriques et d'Electronique
de Puissance), y bajo el cual se calculó el potencial de
ahorro en la Argentina, establece tres clases de eficiencia EFF1,
EFF2 y EFF3 siendo la primera la que agrupa los motores más
eficientes, la segunda los intermedios y la tercera los menos eficientes.
A los efectos del cálculo se consideró un crecimiento
de la demanda de energía eléctrica en el país
de un 4 % anual durante 15 años (2000 - 2015). El análisis
se circunscribió a los motores eléctricos más
utilizados en el sector que son los asincrónicos trifásicos
con rotor jaula de ardilla hasta una potencia de 90 kW. A su vez,
para los cálculos se tomó como base un motor con cuatro
polos con una potencia de 11 kW, una eficiencia 85,0 % con una reparación,
lo que arroja una eficiencia suponiendo una pérdida del 0,5%
por este motivo, del 84,5 % (clase EFF3). La opción eficiente
está representada por un motor idéntico pero con una
clase EFF2 que tiene, en promedio, una eficiencia de 89,70 %.
Como consecuencia de la utilización del etiquetado de motores
eléctricos el potencial de ahorro de energía eléctrica
anual para el año 2015 representaría el 1,58 al 2,36
% del consumo nacional. El ahorro a obtener se produciría
con una muy buena relación costo beneficio para la sociedad.
Indudablemente la economía sería superior si se pasara
a los de clase EFF1.
El resultado previsto de este esquema será:
- Una reducción de los costos energéticos de las industrias.
- Una reducción de consumo de energía eléctrica
en el país.
- Una reducción de las emisiones de CO2.
Autores: Berset, A. (INTI – Energía); Grünhut,
E. (INTI – Electrónica e Informática); Tanides,
C. (Facultad de Ingeniería – U.B.A. – Departamento
Electrotecnia).
Contacto: berset@inti.gov.ar
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