Nro. 29 - Junio 2005
 
SUMARIO

EDITORIAL
Cambiar el aire

Representantes tecnológicos INTI en el exterior
Mejorar la competitividad de las PyMES

Fortalecimiento de laboratorios en plantas industriales

Asistencia a cooperativas y empresas recuperadas

Residuos forestales en Argentina

Campaña “Menos Bolsas, Más Trabajo”

1972 – 5 de junio – 2005: por un ambiente entero
La revolución Nano
Es saludable comer carne vacuna
Mermelada de serbal
Cifras para pensar
El intercambio compensado: desafío a la voluntad y creatividad
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Cursos y Seminarios INTI. Mes de Junio
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SABER COMO
Cifras para pensar
Perfil exportador de las cadenas de valor derivadas de los principales cultivos


El aumento de la superficie sembrada sumado al incremento de la productividad por hectárea ha permitido un sostenido aumento de los volúmenes producidos por el campo argentino. Sin embargo gran parte de dicha oferta primaria incremental no ha sido destinada a alimentar la industria manufacturera. La aplicación del enfoque de cadena de valor a nuestros principales cultivos permite observar que las exportaciones derivadas de la agricultura conservan un fuerte componente primario.


Durante la última década la producción de trigo y maíz aumentó un 50%. Si bien ello representa nada menos que 10 millones de toneladas adicionales que demandan medios de transporte y almacenamiento, el volumen de granos destinados al mercado interno se ha mantenido prácticamente constante. Dicha situación es diferente en el caso de las oleaginosas -soja, girasol-.


Durante el mismo período, el cultivo de soja mostró un aumento de 20 millones de toneladas. En este caso, las inversiones efectuadas por la industria aceitera posibilitaron el procesamiento de gran parte de los porotos cosechados. Ello contribuyó al fuerte aumento de las exportaciones de aceites y de los subproductos resultantes de la elaboración de estos últimos.


Las exportaciones de bienes que conforman las cadenas de valor que se derivan a partir de los cereales se caracterizan por el bajo contenido de valor agregado. Los casos mas relevantes se observan en trigo y maíz, donde las ventas de granos alcanzan al 88% y 97% respectivamente de las exportaciones de la cadena de valor. Mientras el trigo encuentra su principal destino en Latinoamérica, el maíz llega principalmente a los países árabes.


El aumento de la producción de soja en el país ha permitido el desarrollo del complejo productor de aceites, harinas, pellets, soja desactivada y otros residuos derivados de la elaboración de aceites -estos últimos usados para alimentación de ganado-. El auge observado en las exportaciones del sector responden principalmente a demandas de los países asiáticos. China es el principal demandante de porotos de soja mientras que India constituye el principal comprador de aceite de soja.


La expansión de la producción agraria de los últimos años ha traído como consecuencia un aumento de las exportaciones de bienes primarios y de manufacturas de origen agropecuario. En el caso de los cereales los mayores volúmenes cosechados son exportados sin someterse a transformaciones que aumenten su valor agregado. Los cultivos oleaginosos muestran un comportamiento diferente, ya que la mayor parte de la cosecha incremental es transformada en aceite comestible y los residuos de esta actividad son aprovechados en la elaboración de productos para la alimentación de animales. Lo mismo se observa en el caso del girasol.

El alto contenido primario que exhiben nuestras exportaciones debe conducir a planificar políticas que incentiven la destinación de mayores volúmenes de bienes primarios al mercado doméstico para su procesamiento fabril, expandiendo la actividad de la industria alimenticia local, con impacto en la ocupación de mano de obra.
El sostenimiento de las actuales tasas de crecimiento de las exportaciones demanda la localización de mercados atractivos para productos nacionales con mayor valor agregado así como la aplicación de incentivos a la industrialización de commodities. Entre estos últimos deben considerarse principalmente la flexibilización de las oportunidades de acceso al crédito, los regímenes de retenciones y aranceles aplicados al comercio internacional, la optimización de la asistencia técnica brindada por organismos públicos especializados -INTI, INTA- y la transparencia de información acerca de los mercados demandantes de productos con alto contenido de valor agregado. Asimismo debe propiciarse la adopción de prácticas actualmente utilizadas en los países con mayor desarrollo relativo, entre ellas la implementación de requisitos de trazabilidad y calidad, y la estandarización de la información que debe suministrarse en la etiqueta de los productos alimenticios.

Autor: Juan Carlos Valero de INTI- Economía Industrial. Un equipo de investigación aplicada en economía industrial integrado por los "Economistas de Gobierno": Javier A. González (Coord.), Diego Hybel, Carlos Maslatón, Gabriel Queipo y Juan Carlos Valero.

Contacto: Javier González, jagonzal@inti.gov.ar