La posibilidad que el INTI sea el promotor de un
importante programa de asistencia técnica y equipamiento
para la reconversión de parte de la actividad cañera
en Cuba ya ha sido comentada en el Saber Cómo número
23.
El proyecto sigue avanzando.
Hace pocos días el Ministerio del Azúcar cubano aprobó
el perfil de proyecto presentado y ahora corresponde pasar a la
etapa del proyecto ejecutivo y luego a la implementación
concreta.
El talón de Aquiles de esta última instancia es la
financiación, dado el desequilibrio negativo que tienen las
cuentas externas de la isla. Para resolver esta limitación,
se está estudiando un mecanismo de intercambio compensado,
sin uso de divisas. Se trata ni más ni menos que de establecer
un listado de bienes que cada país está en condiciones
de proveer y de definir la forma en que se calcula su valor. A partir
de allí se establece la forma de avanzar, sea con una cuenta
corriente en dos direcciones que se controla periódicamente
o definiendo que primero se produce la provisión por parte
del país con mayor problema de divisas y luego el otro autoriza
la entrega de los bienes que son contra partida.
Las rigideces de un acuerdo con Cuba son significativas, por varias
razones administrativas y otras que tienen que ver con una historia
de deuda con nuestro país, aún no cancelada, pero
saliendo de la anécdota puntual, hay dos elementos muy interesantes
que vale la pena destacar.
Primero: El mecanismo de intercambio es una oportunidad importante
para que el gobierno argentino promueva la exportación de
cierto tipo de bienes que, a pesar de tener calidad internacional,
tienen dificultades para ingresar al comercio exterior. En el caso
de Cuba – y esto puede extenderse a toda América del
Sur – se trata de maquinaria agrícola y bienes de capital
para la industria alimenticia. Son productos con alto valor agregado,
con muchas horas de trabajo inteligente sobre ellos, que provienen
de pequeñas y medianas industrias con poca estructura para
exportar.
Hoy esos bienes están promocionados por el gobierno nacional,
pero en la práctica el estímulo sirve solo para vender
en el mercado interno. Imagino un acuerdo con Chile, por el cual
se computara la compra de cobre un 10% por encima del precio internacional
a cambio de maquinaria argentina o con Bolivia por gas, con Colombia
por café, con Venezuela por combustibles, y así siguiendo.
El subsidio que pagaría el gobierno argentino a los fabricantes
de equipos sería menor que el actual y podría ser
temporario, porque se estaría creando un mercado que luego
funcionaría solo. Del otro lado, los vendedores obtendrían
mejor precio por las materias primas que hoy exportan. Es un escenario
de ganancia general.
Segundo: El ejemplo de la negociación en marcha agrega un
matiz de necesaria consideración. Cuba tiene pocos bienes
para exportar, pero tiene muchos servicios. Esto es: dispone de
médicos, de educadores, de científicos en varias ramas
de las ciencias de la salud. También dispone de la posibilidad
de atención masiva de ciertas enfermedades en clínicas
de la isla. Se necesita particular ingenio para romper el molde
y computar la exportación de servicios en un esquema de intercambio
compensado, pero es teóricamente posible y sería realmente
valioso.
Si se resolviera este caso piloto, habilitaría para pensar
una oferta argentina de servicios a otros países de la región,
como parte de un paquete tecnológico de ventas no tradicionales.
El punto central a tener en cuenta es que lo señalado implica
una relación comercial administrada por los gobiernos de
cada país. Las empresas privadas actúan con libertad,
pero solo luego de ser convocadas a sumarse a un escenario previamente
diseñado. Es distinto a lo que se viene haciendo desde hace
40 años. Pero , ¿no será tal vez lo que tenemos
que hacer?
E.M.
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