Las tres Conferencias Mundiales Cumbre sobre Ambiente
y Desarrollo Humano, realizadas desde 1972 hasta el presente, ofrecieron
resultados que influyeron en mayor o menor medida en nuestro país
y en la región. A 33 años de la primera de ellas y
en vísperas de la celebración, el 5 de junio de cada
año, del Día Mundial del Ambiente se reseña
brevemente dicha influencia y el futuro de la cuestión ambiental.
En la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre el Medio Humano (Estocolmo, 1972) se reconoció la necesidad
de adoptar “medidas a gran escala sobre el medio” y
se hizo un llamado al respecto. En respuesta a este llamado, los
gobiernos de todos los países en vías de desarrollo,
en mayor o menor medida, iniciaron un proceso de incorporación
del tema ambiental en las esferas administrativas y legislativas.
El impulso hacia la institucionalidad ambiental moderna en la región
latinoamericana, se produjo a partir de la Cumbre de la Tierra en
Río de Janeiro, 1992, cuando los países, mayoritariamente,
crearon ministerios como autoridades máximas de medio ambiente,
en el marco de un proceso encaminado a dotar a la gestión
ambiental de la integración que requiere para ser eficiente.
En la Cumbre de Johannesburgo (2002), se centró la atención
en la universalidad de la dignidad humana mediante adopción
de decisiones sobre objetivos y calendarios, mediante asociaciones
de colaboración para aumentar rápidamente el acceso
a los servicios básicos, como el suministro de agua potable,
el saneamiento, una vivienda adecuada, energía, atención
de la salud, la seguridad alimentaria y la protección de
la biodiversidad. Se asumió el compromiso de ayudar a tener
acceso a recursos financieros, de beneficiar con la apertura de
los mercados, de promover la creación de capacidad, de utilizar
la tecnología moderna para lograr el desarrollo y de asegurar
la transferencia de tecnología, el mejoramiento de los recursos
humanos, la educación y la capacitación a fin de erradicar
para siempre el subdesarrollo.
Al igual que en el plano institucional, los marcos regulatorios
ambientales también experimentaron un proceso de evolución
desde la celebración de los grandes hitos de la cuestión
ambiental. Sin embargo, pese a los aspectos positivos relacionados
con la normativa ambiental, la experiencia ganada en la última
década permite afirmar que el reto consiste menos en reformar
o aumentar la normativa ambiental vigente y más en fortalecer
las capacidades para hacerlas cumplir. Esta situación amerita
una cuidadosa evaluación que considere la capacidad efectiva
para asumir las obligaciones adquiridas y de precisar sus implicaciones
(ambientales, económicas, tecnológicas, comerciales
y sociales).
En cuanto a las políticas públicas, el proceso de
integración de las políticas ambientales a las políticas
sectoriales, también registra avances y retrocesos. En general,
la incorporación del concepto de uso sostenible de los recursos
y conservación del medio ambiente en las diferentes áreas
de producción y de los servicios es incipiente. Tradicionalmente,
las políticas macroeconómicas y las políticas
sectoriales (salud, educación, tecnologías) han tomado
muy poco en cuenta la dimensión ambiental.-La posibilidad
de orientar las políticas públicas hacia el desarrollo
sostenible se hace más compleja, debido a que se tiende a
priorizar las políticas de tipo sectorial por sobre aquéllas
de tipo integrador, como son las de desarrollo sostenible (CEPAL,
2000ª,pp.X-XI).
Uno de los componentes novedosos dentro del concepto de desarrollo
sostenible es el fomento de la participación de la sociedad
civil y de los sectores productivos dentro del proceso de toma de
decisiones, como forma de distribuir responsabilidades entre los
sectores público y privado. La posibilidad de desarrollar
sociedades sostenibles requiere facilitar la información
apropiada al mundo civil, para que éste participe en la adopción
de decisiones que lo afecten y pueda desempeñar un papel
propositivo y constructivo.
Según una reciente evaluación realizada por el Programa
de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe, las condiciones ambientales
en la región latinoamericana continúan empeorando.
Dichos resultados fueron reafirmados en un informe reciente por
el Grupo de Trabajo sobre Desarrollo y Medio Ambiente en las Américas
que reúne un grupo de economistas del desarrollo y del medio
ambiente de los Estados Unidos, México, Brasil, Argentina,
Chile, Costa Rica, y El Salvador. En este informe, se concluyó
que es absolutamente necesario que se le preste mayor atención
a la consolidación de instituciones, regulaciones y observancia
de normas ambientales en las negociaciones comerciales.-Se debe
garantizar el aumento de los estándares de vida sin disminuir
el inventario de capital natural.-
Luego de estas reflexiones sobre la situación ambiental,
cabe destacar el rol preponderante que la tecnología debe
ocupar en la solución de los problemas ambientales, teniendo
siempre en cuenta que debemos hablar de tecnologías ambientalmente
sustentables o sea las mejores tecnologías disponibles y
las mejores prácticas ambientales.
La cuestión ambiental es de gran interés en los foros
internacionales y constituye no sólo un tema de actualidad,
sino también de relevancia. Sin abstraernos de la profunda
crisis económica y social por la que atravesó y continúa
atravesando nuestro país, la política ambiental debe
ser tomada en cuenta y relacionarse con los temas económicos
y sociales. Existen oportunidades para atraer inversiones y desarrollo
económico ligados a la sustentabilidad y a los proyectos
ambientales. Los procesos de integración suponen la negociación
común de mejores condiciones de inserción externa,
reglas de acceso más estables y equitativas a los mercados
para los bienes exportables, mayor seguridad y estabilidad de los
flujos financieros, condiciones más realistas en el servicio
de la deuda externa y mecanismos específicos de apoyo para
el financiamiento de proyectos clave para la sustentabilidad basados
en las mejores tecnologías disponibles.
Contacto: Leila Devia, lumiere@inti.gov.ar
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