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31 - Agosto 2005 |
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Cifras
para pensar
Saber cómo aumentar el valor agregado
de nuestras carnes
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El sector cárnico ha tenido tradicionalmente una notable
preponderancia dentro de la economía argentina. La industria
cárnica representa el 7% del valor bruto de la producción
industrial de manufacturas y alrededor del 30% del valor total de
la producción de alimentos. La matanza de animales, conservación
y procesamiento de carnes ocupa a 80.000 trabajadores en forma directa,
y genera más de 350.000 empleos en forma indirecta en todo
el país.
Históricamente la carne vacuna tuvo una participación
preponderante en las exportaciones argentinas. Hacia 1930 y hasta
hace 40 años las exportaciones de carne representaban el
42% de la hacienda faenada. Hoy dicha relación se ubica debajo
del 20%.
Los sucesivos cierres de mercados externos por restricciones de
índole sanitaria sumado a las políticas de subsidio
europeas llevaron a que Argentina perdiera su rol principal en el
mercado mundial, contando hoy con una participación del 6%.
(Ver cuadro 1)
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cuadro 1
El principal destino de las exportaciones argentinas es la Unión
Europea (UE) y entre sus países Alemania es el más
importante. El producto de mayor demanda son los Cortes Enfriados
de Alta Calidad exportados dentro de la Cuota Hilton que en dólares
representan entre 60 y 65% de las exportaciones cárnicas
hacia esa región.
EEUU es el segundo principal destino y solo importa de Argentina
productos procesados. La reciente obtención del status “país
libre de aftosa con vacunación” significó la
reapertura del mercado americano para carnes frescas. (Ver cuadro
2)
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cuadro 2
Las carnes procesadas alcanzan al 15% de nuestras exportacio-nes
cárnicas. Incluyen conservas y diversas preparaciones (ham-burguesas,
chacina-dos y otras elaboraciones) y son destinadas casi en su totalidad
a EEUU y Europa. (Ver cuadro 3)
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cuadro 3
La obtención de la categoría “país libre
de aftosa” facilita la inserción de nuestras carnes
en el mercado mundial. Ello se observa no sólo en el aumento
del volumen de exportaciones sino también en la mejora de
los precios obtenidos. Esta dinámica de los precios alcanzados
en el exterior sumado a los esfuerzos para la apertura de nuevos
mercados llevará a un aumento de las exportaciones cárnicas,
permitiendo un mayor ingreso de divisas al país. Sin embargo,
a los fines de evitar restricciones en el consumo doméstico
debería superarse el estancamiento que atraviesa la actividad
ganadera local. (Ver cuadro 4)
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cuadro 4
Distintos factores han afectado al desarrollo de la ganadería
bovina durante las últimas décadas en nuestro país.
Por el lado de la demanda, se destaca la limitada participación
de
la oferta local en el mercado mundial de carnes, y la disminución
del consumo doméstico –atribuible a cambios en los
hábitos alimenticios y a las fluctuaciones en el poder de
compra de la población-. (Ver cuadro 5)
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cuadro 5
Por su parte, la oferta se vio afectada por períodos de inestabilidad
económica y tasas de inflación elevadas, dificultades
de acceso al crédito, la ausencia de políticas sectoriales,
el desplazamiento por cultivos agrícolas que compiten por
el uso del suelo, la baja productividad debida al atraso tecnológico
vinculado con una reducida inversión en capital y al desplazamiento
de la ganadería hacia tierras con menor calidad.
Siendo nuestro país un gran exportador de cultivos –maíz,
sorgo – y sub-productos –silaje de maíz, pellet
de soja- el engorde de animales se convierte en una buena alternativa
para agregar valor a los granos. (Ver cuadro 6)
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cuadro 6
En esta etapa el Estado debe cumplir un rol fundamental para incentivar
inversiones en el sector ganadero. Es indispensable contar con una
regulación que brinde una clasificación oficial de
los distintos tipos de carne de acuerdo a estándares internacionales
de calidad. Al mismo tiempo es prioritaria la aplicación
de un fuerte programa sanitario de prevención de enfermedades
–aftosa, brucelosis y tuberculosis bovina- que impida tropezar
con barreras fitosanitarias aplicadas por los países desarrollados.
Por otra parte, la res se comercializa en el mercado doméstico
como un “commoditie” sin distinción de atributos
lo cual impide al consumidor discernir diferencias en calidad, al
tiempo que el ganadero cobra un precio promedio, que no premia su
esfuerzo por producir animales de mayor calidad. En este sentido,
los expertos recomiendan calificar cada corte evaluando la edad
del animal, su genotipo, el peso de la res, la presencia de contusiones,
los días de maduración de los cortes en cámara
frigorífica. Es en esta tarea donde los organismos técnicos
del Estado tienen un campo de acción amplio para que el producto
nacional cuente con una tipificación oficial, favoreciendo
su reconocimiento internacional, que permita aumentar el valor agregado
de las exportaciones actuales. Ello mejoraría la rentabilidad
del productor, incentivando la inversión en vientres que
se traducirá en el mediano plazo en un aumento del saldo
exportable sin necesidad de padecer restricciones en el consumo
doméstico.
Autor: Juan Carlos Valero. El autor es miembro de Economía
Industrial del INTI, un equipo de investigación aplicada
en economía industrial integrado por los "Economistas
de Gobierno": Javier A. González (Coord.), Diego Hybel,
Carlos Maslatón, Gabriel Queipo y Juan Carlos Valero.
Contacto: Juan Carlos Valero, jcvale@inti.gov.ar
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