George de Mestral, un inventor suizo, a principios de la década
del ´40 sintió curiosidad por las semillas de la planta
de bardana que se le habían pegado a la ropa y al pelo su
perro después de un paseo. Bajo un microscopio observó
atentamente el sistema de gancho y lazo con el cual las semillas
se cuelgan de los animales y esto ayuda a la polinización.
Así se dio cuenta de que se podía aplicar el mismo
enfoque para unir otras cosas. El resultado fue el velcro, un producto
que se puede aducir se estuvo creando durante más de tres
mil millones de años que es lo que ha tardado en evolucionar
el mecanismo que lo inspiró.
El velcro es probablemente el más famoso y por cierto el
más exitoso ejemplo de mimetismo biológico o “biomimética”.
En campos que van desde la robótica hasta la ciencia de los
materiales, los tecnólogos están tomando cada vez
más ideas de la naturaleza y con una buena razón:
los diseños de la naturaleza han soportado la prueba del
tiempo. No obstante, el transplante de los diseños de la
naturaleza a las tecnologías hechas por el hombre todavía
es un asunto de acierto y error.
Los ingenieros dependen de los biólogos para descubrir mecanismos
interesantes que ellos puedan explotar, dice Julian Vincent, director
del Centro para la Biomimética y las Tecnologías Naturales
de la Universidad de Bath en Inglaterra. Por lo tanto, él
y sus colegas han estado trabajando en un esquema que les permita
a los ingenieros prescindir de los biólogos y abordar directamente
el ingenio de la naturaleza, vía una base de datos de “patentes
biológicas”. La idea es que esta base de datos permita
a cualquiera investigar un amplio espectro de mecanismos y propiedades
biológicas para encontrar soluciones a problemas tecnológicos.
Cómo no reinventar la rueda
¿Con seguridad el intelecto humano y la deliberada aplicación
de la sabiduría del diseño, podrían idear mecanismos
mejores que el proceso de evolución azaroso e irracional?
Nada de eso. Después de miles de millones de años
de prueba y error, la naturaleza ha creado soluciones eficientes
para toda clase de problemas complejos del mundo real. Tomemos por
ejemplo la tarea resbaladiza de controlar un vehículo sumergible.
Usando hélices es increíblemente difícil realizar
movimientos delicados. Pero Nekton Research, una compañía
con base en Durham, Carolina del Norte, ha desarrollado un pez robot
llamado Madeleine que maniobra utilizando aletas, en cambio.
En algunos casos los ingenieros pueden pasarse décadas inventando
y perfeccionando una tecnología nueva sólo para descubrir
que la naturaleza les ha ganado de mano. A veces los sistemas encontrados
en la naturaleza pueden hacer que hasta las tecnologías más
avanzadas parezcan primitivas, observa Joanna Aizenberg, una investigadora
de los laboratorios tecnológicos Bell de Lucent de New Jersey.
Otra demostración del poder de la biomimética es
el geko. La habilidad de este lagarto para trepar paredes y andar
por los cielorrasos es muy interesante. Dos grupos de investigadores
de las universidades de Manchester y de California, han desarrollado
independientemente maneras de copiar la habilidad del geko para
aferrarse a las paredes. El secreto del éxito del geko está
en las diminutas estructuras pilosas, llamadas setae, que le recubren
las patas. En lugar de segregar una sustancia pegajosa, como sería
de esperar, les deben sus propiedades adhesivas a fuerzas de atracción
intermoleculares increíblemente débiles. Estas fuerzas,
que existen entre dos objetos adyacentes cualesquiera, surgen entre
las setae y la pared a la que el geko se está aferrando.
Normalmente fuerzas así son insignificantes, pero los setae,
con sus puntas en forma de espátula, maximizan el área
de superficie que está en contacto con la pared. Las fuerzas
débiles, multiplicadas a través de miles de setae,
alcanzan entonces para soportar el peso del lagarto.
Los grupos de investigación han demostrado que el intrincado
diseño de estos setae microscópicos se pueden reproducir
por medio del uso de materiales sintéticos. Cuando esta tecnología
llegue al mercado se utilizará probablemente como una alternativa
para el velcro, o en pegamentos. Además, podría ser
especialmente útil en aplicaciones médicas allí
donde no se pueden usar los adhesivos químicos.
Existen algunos campos, tales como la robótica, en los que
el tomar prestados diseños de la naturaleza es evidentemente
lo más sensato de hacer. La próxima generación
de vehículos de exploración planetaria diseñados
por la agencia espacial americana NASA, por ejemplo, tendrán
patas en lugar de ruedas que son mucho menos eficaces en los terrenos
irregulares.
El tener patas es solo la mitad de la historia. Lo que cuenta es
cómo se las controla, dice Josef Ayers, un biólogo
y neurofisiólogo de la Northeastern University, Massachusetts,
ha dedicado los últimos años a desarrollar una langosta
robótica biomimética que no solo se parece a una langosta
sino que verdaderamente emula parte del sistema nervioso de una
langosta para controlar su conducta al caminar. Entre tanto, una
firma tecnológica finlandesa, Plus Tech, ha desarrollado
un tractor de seis patas para uso forestal. Trepa sobre troncos
caídos y sube empinadas colinas y puede cruzar terrenos que
serían intransitables para un vehículo con ruedas.
Existen más ejemplos de biomimética. Autotype, una
firma de materiales, ha desarrollado una película plástica
basada en las complejas microestructuras de los ojos de las polillas,
que han evolucionado para recoger la mayor cantidad de luz posible
sin reflejos. Cuando se la aplica a la pantalla de un teléfono
portátil, la película reduce los reflejos y mejora
la legibilidad y el promedio de vida de las pilas puesto que hay
menos necesidad de luz en la pantalla. Mientras tanto, en la Universidad
del Estado de Penn, los ingenieros han diseñado alas aeronáuticas
que pueden cambiar de forma en diferentes fases del vuelo tal como
lo hacen las alas de los pájaros. También se ha creado
una tela sagaz inspirada por la forma en que las piñas se
abren y cierran según sea la humedad, que se podría
utilizar para fabricar ropa que se adapte a los cambios de temperatura
corporal.
De la prueba y error a dar en el clavo
No obstante, a pesar de todos estos éxitos la biomimética
todavía depende demasiado del azar, dice el doctor Vincent.
Calcula que hay sólo un 10% de superposición entre
los mecanismos biológicos y tecnológicos utilizados
para resolver problemas especiales. En otras palabras, todavía
hay un número enorme de mecanismos potencialmente útiles
por explorar. “Para ser eficiente, la biomimética debería
estar proporcionando ejemplos de tecnologías biológicas
adecuadas que cumplan con los requisitos de un problema de ingeniería
especial”, explica. Esa es la razón por la cual él
y sus colegas, con fondos procedentes del Engineering and Physical
Sciences Research Council británico, han pasado los últimos
tres años construyendo una base de datos de soluciones biológicas
a las que los ingenieros podrán acceder para resolver problemas
de diseño. Por ejemplo, una búsqueda en esa base de
datos con la palabra clave “propulsión”, produce
un espectro de este mecanismo usado por medusas, ranas y crustáceos.
La base de datos también se puede investigar usando una técnica
desarrollada en Rusia, conocida como la teoría de la solución
del problema de la inventiva, o TRIZ, por su sigla en inglés.
En esencia, este es un conjunto de reglas que desmenuza un problema
en partes más pequeñas y esas partes en funciones
especiales que deben ser ejecutadas por los componentes de la solución.
Habitualmente estas funciones se comparan contra una base de datos
de patentes de ingeniería, pero el equipo del doctor Vincent
ha sustituido en cambio su base de datos de “patentes biológicas”.
Por supuesto que estas no son patentes en sentido convencional,
ya que la información estará disponible para que cualquiera
la use. Al llamar a las tretas biomiméticas “patentes
biológicas”, los investigadores solo están poniendo
el énfasis en el hecho de que la naturaleza es en efecto
la dueña de la patente.
Una forma de usar el sistema es caracterizar un problema técnico
en forma de una lista de características deseables que la
solución debería tener y otra lista de características
indeseables que debería evitar. Entonces la base de datos
se investiga en busca de cualquier patente biológica que
reúna esos criterios.
El espera que la base de datos almacene algo más que solo
carbónicos de mecanismos biológicos que se puedan
copiar mediante el uso de la tecnología. La biomimética
puede ayudar tanto con el sofware como con el hardware como lo demuestra
la langosta robot construida por el doctor Ayers. Tanto su diseño
físico como su sistema de control están inspirados
en la biología. La mayoría de los robots comunes,
en contraste, están programados en forma determinista. Al
fabricar un robot los diseñadores deben predecir todas las
contingencias del entorno del robot y decirle como responder en
cada caso. En cambio los modelos animales proporcionan una abundancia
de soluciones probadas para los problemas del mundo real que podrían
ser útiles en toda clase de aplicaciones.
Aunque la base de datos del doctor Vincent no podrá brindar
resultados específicos podría ayudar a identificar
sistemas y conductas naturales útiles para los ingenieros.
Pero todavía es temprano. Hasta ahora la base de datos contiene
solo dos mil quinientas patentes. Para volverla realmente útil
se quiere reunir una cantidad diez veces mayor, una tarea para la
cual se propone pedirle ayuda a la comunidad online. Se espera que
la construcción de un depósito de los diseños
más inteligentes de la naturaleza eventualmente les haga
más rápida y más fácil a los ingenieros
la tarea de robarlos y volverlos a usar.
Traducido y adaptado de la nota homónima publicada en
The Economist, 9 de junio del 2005.
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