Según el Documento de Trabajo “Potencial del complejo
maderero argentino”, recientemente elaborado por Carlos Gabriel
Maslatón, miembro del equipo de Economía Industrial
del INTI, la experiencia alcanzada en otros países desarrollados
respecto a la conformación de complejos maduros basados en
recursos naturales (caso Finlandia), o la vinculada con las aglomeraciones
de empresas muebleras que trabajan en redes (caso Italia), puede
ser indicativa sobre la dirección hacia la cual avanzar en
el desarrollo del complejo maderero de la Argentina, que actualmente
se ubica en una etapa de desarrollo intermedio.
Si bien dichas experiencias son irrepetibles por particularidades
históricas, políticas, económicas o culturales,
dejan algunas enseñanzas: valorizan la importancia de la
dimensión local y las sinergias de la cooperación
entre los eslabones de la cadena y sus relaciones horizontales.
Destacan también un modelo de crecimiento e inserción
internacional basado en la calidad de la fuerza de trabajo, la elevada
capacidad de innovación y la calidad de los productos, en
contraposición a la competencia por precio y bajos costos
de insumos y mano de obra.
En Argentina se plantea la necesidad de establecer una estrategia
de desarrollo que permita la conformación de las actividades
que tiendan a aglomerarse en clusters en torno a los recursos forestales
primarios, potenciando los encadenamientos productivos hacia productos
de mayor valor. Para ello, el país cuenta con una diversificada
dotación de trabajadores técnicos y profesionales,
inclusive en áreas de alta tecnología y complejidad
que le posibilitan insertarse en forma competitiva dentro de las
grandes transformaciones tecnológicas que se están
produciendo en el mundo actual. Al mismo tiempo, las posibilidades
en materia de recursos naturales, gracias a su abundancia y calidad,
permiten impulsar actividades que hacen un uso intensivo de tales
recursos.
La atracción de nuevas industrias es de suma importancia
ya que compiten en su localización con los países
vecinos, es decir, que existe el riesgo de que las inversiones necesarias
para procesar la oferta futura de recursos forestales se realicen
en estos países y consecuentemente Argentina profundice la
primarización de la producción y exportación
de los excedentes forestales (rollizos) y se convierta en un actor
menor en la región. De allí la necesidad de definir
una estrategia de desarrollo que no se quede en la extracción
y procesamiento más simple de los recursos forestales, sino
que potencie las múltiples actividades que tienden a aglomerarse
en torno a dichos recursos, orientadas a los mercados y fortaleciendo
los encadenamientos con sus insumos y actividades usuarias. En forma
simultánea es fundamental integrarlas con los proveedores
de maquinaria y equipos, desarrollando los servicios y bienes complementarios
que se puedan producir eficientemente en cada una de las regiones
argentinas.
Existen algunos indicios alentadores. Argentina históricamente
ha sido un importador neto de productos forestales con alto valor
agregado (láminas, muebles y maderas de calidad de bosques
nativos, maquinaria para madera) y un exportador de bienes primarios
o semielaborados (rollizos, madera aserrada). Esta situación
ha comenzado, en parte, a modificarse, en primer lugar como consecuencia
de la devaluación del año 2002 y en segundo lugar
debido a la maduración de las nuevas inversiones, tanto extranjeras
como de origen nacional realizadas en los noventa, dirigidas a la
elaboración de productos de mayor valor tales como remanufacturas
de pino (molduras), tableros de fibra y partículas, muebles
y otros productos terminados.
Las acciones dirigidas a fomentar las exportaciones deberán
incentivar aquella producción que tenga mayor valor agregado.
La política comercial juega un papel importante en los incentivos
a exportar. Los productos de menor grado de procesamiento deberían
tener mayores retenciones y menores reintegros, y los de mayor grado
de procesamiento menores o nulas retenciones y mayores reintegros
que los actuales, de manera de incentivar la producción y
exportación de los productos con mayor valor agregado. Al
mismo tiempo, la mayor oferta de insumos que se volcarían
al mercado interno haría bajar sus precios y por lo tanto
aumentaría aún más la competitividad externa
de los productos finales.
* El documento completo puede leerse online o imprimirse
desde http://www.inti.gov.ar/pdf/maderas_muebles.pdf
Autor: Carlos Maslatón
Contacto: maslaton@inti.gov.ar
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