| Es
la hora de salir del “ni”
Por Enrique M. Martínez*
La recuperación del Estado como organismo confiable
de conducción social es un largo y difícil proceso,
especialmente cuando se necesita emerger de situaciones que no fueron
provocadas por guerras o por agresiones externas a la sociedad,
sino que han sido fruto de nuestra propia debilidad como comunidad.
Recuperar al Estado, sin embargo, se convierte en una frase vacía
si se limita al discurso. Mejor expresado: se fracasa, si el intento
no logra plasmarse en un cambio de los reflejos y de las posteriores
acciones de una fracción apreciable de los agentes públicos.
El Estado que queremos cambiar tiene dos grandes arquetipos negativos
de conducta. Uno a la hora de administrar tareas rutinarias frente
a los ciudadanos comunes. Otro, cuando es necesario hacer intervenciones
técnicas y dar una opinión o un dictamen, que afectan
o pueden afectar (para bien o para mal) intereses.
El primero, que incumbe poco al INTI, no es patrimonio de los empleados
públicos argentinos sino que es en rigor la caricatura utilizada
para criticar a todas las burocracias del mundo. Es la conducta
autoritaria alrededor de la pequeña oficina, con un pequeño
trámite, de pequeña importancia, pero que se convierte
en una irritante traba, por el abuso de poder y la irracionalidad
en las decisiones. Es casi una patología social, que sólo
puede resolverse mejorando la motivación de cada tarea y
haciendo transparente la evaluación de comportamiento.
El otro problema, que afecta de lleno a instituciones como el INTI,
es la falta de definición y compromiso de las decisiones
o de las opiniones ante un problema, sea de naturaleza social, administrativa
o técnica. El famoso NI (ni no, ni sí). Debo hacer
una confesión autocrítica al respecto. Mi irritación
frente a este tipo de conducta me ha llevado durante mucho tiempo
a no entender sus causas profundas. Erróneamente, las asigné
a cierta debilidad de los interlocutores, a quienes pasé
a descalificar, como si se tratara de una característica
inmodificable.
Hoy, después de conocer numerosas conductas similares, en
ámbitos de la mas diversa naturaleza, he terminado de entender
que se trata de una masiva reacción de adaptación
(autoprotección y supervivencia), para condiciones de contorno
sumamente desfavorables.
Cuando alguien desde el Estado da una opinión, evalúa
un producto, interviene en una controversia, es altamente probable
que afecte positiva o negativamente a alguna persona o grupo de
personas. En muchos de los casos, ese efecto es económico.
Esta secuencia puede tener consecuencias variadas para el funcionario
público involucrado. Si forma parte de un Estado con una
misión clara y con vocación de servicio comunitario,
sean cuales fueran los efectos de su opinión, si ésta
es solvente y fundada, será respaldado por su línea
de conducción. En realidad, lo deseable es que no sólo
tenga contención, sino que sea estimulado a esa conducta;
que su progreso tenga que ver con la calidad de su respuesta.
Distinta es la situación si el Estado está al servicio
de los mas poderosos, si ha sido cooptado por aquellos acostumbrados
a medrar con las decisiones de gobierno. En tal escenario, el funcionario
que emite una opinión – o hasta el resultado de una
pericia – que tiene efectos negativos para una empresa, corre
el riesgo de ser sancionado o desplazado. Por el contrario, aquel
que dictamina favorablemente, puede no tener sobresaltos en su carrera,
pero a la vez puede ganarse fama de corrupto, en una sociedad que
sabe que los dueños del poder están fuera del Estado.
El camino de mayor protección es el NI. Se opina con reparos,
con vaguedades, transfiriendo la decisión a otro nivel, o
a ningún nivel. Sobre todo, se actúa así cuando
la evaluación técnica podría dejar en evidencia
un incumplimiento empresario.
No necesito aclarar que esta última ha sido la situación
dominante durante muchos años. Por acción o por omisión
de las autoridades que podían servir de referencia, los técnicos
mas prudentes percibieron que lo mejor era cubrir su silencio con
confusas afirmaciones, que no pudieran dar lugar a represalias.
Mas delicado aún fue el tema cuando la venta y facturación
de servicios se convirtió en la condición de supervivencia
de un organismo; en ese trance, no se podía asegurar si una
empresa desairada volvería a pedir algo; “cuidar al
cliente” se convirtió en la norma no escrita que guiaba
las conductas.
Mirado desde su propia lógica (pragmática, privatizadora),
el resultado fue un “éxito”: se logró
sobrevivir. Pero el margen para este comportamiento se achica día
a día. Un Estado comprometido y activo, en una sociedad que
se muestra cada vez más alerta, necesita funcionarios de
todo nivel que respondan al mandato de ser ante todo servidores
consecuentes del interés público, y reclamen de sus
superiores el respaldo necesario. Sin dobleces y sin temores. Conseguir
la diseminación de nuevas actitudes es básicamente
un problema de las conducciones más que de los conducidos,
pero ya es hora de encararlo y resolverlo. Y en serio.
|
* Presidente del INTI (Instituto Nacional de
Tecnología Industrial)
| |
| Fecha |
2006-03-17 02:06:58 |
| Nombre |
Fundacion Reunion |
| Titulo |
Una cura para el sujeto social |
| Comentario |
Estimado Enrique Martinez, siempre leo sus notas de 'Saber Cómo' y muchas veces estuve tentado de pedirle una entrevista, principalmente cuando emprendi el desafío de hacer el orquideario del Jardín Botánico de la Ciudad de Buenos Aires.
Soy médico, psicoanalista, homeopata unicista, escritor y filósofo amateur, creo, junto con Ramón Carrillo, que frente a la injusticia social las bacterias como causa de enfermedad son unas pobres causas (cita no textual) justamente por este creer que me tiene ocupado en escribir un trabajo referido a la subjetividad, me he decidido a escribirle para felicitarlo por su buena nota acerca de la necesidad de salir del 'ni', me parece muy bueno que bajo la forma de una autocritica le de al tema esa vuelta que transita entre la desidia, la posibilidad de cierto gusto por ejercer algún resto miserable de poder, el miedo y la mala fe.
Quisiera comentar con usted ese otro razgo del 'ni' que seguramente estara entreviendo, se trata de un estado de enfermedad del sujeto social que vive inmerso en ese clima trasladando el 'ni' a todos los ambitos de su vida, desde sus vínculos más íntimos hasta su manera de efermar 'visiblemente' ya que el 'ni' es ya la enfermedad. Creo que lo que usted hace con su artículo es buscar una cura para ese sujeto social y como esa es mi pasión le escribo para felicitarlo y decirle que si, que sería muy bueno, muy saludable si pudieramos crear grandes máquinas sociales de curar esa enfermedad tan apegada al miedo, al vivir una vida con miedo, que tan hondo ha calado en nuestros pueblos de América a fuerza de la violencia, el hambre injustificado y todas y cada una de las maneras de la miseria y el horror que hemos debido enfrentar. Para matar a un ser humano basta con segundos, educarlo lleva toda una vida y no siempre parece alcanzar.
Un saludo cordial.
Enrique E. Rodríguez Tosto
Fundación Reunión - Presidente
www.fundacionreunion.org.ar |
|