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Ing. Enrique Martínez
Presidente del INTI |
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Cuando era chico y volvíamos en febrero
a la pequeña finca mendocina de mi abuelo, uno de los
placeres distintivos era comer duraznos de la variedad Elberta.
Era un durazno amarillo y grande, con forma de trompo, de
carozo suelto y piel delgada, con un aroma maravilloso y una
pulpa que explotaba en la boca, de sabor sin igual. Era el
rey de los duraznos.
Tenía un solo problema. Tan tierna era su carne, que
al rozarla o apretarla, aunque fuera levemente, se oscurecía.
Decían allá que “no servía para
transporte”.
En los cincuenta años que pasaron desde aquel recuerdo,
los ingenieros agrónomos que trabajan sobre la genética
frutícola eligieron un camino nítido: fortalecer
la producción de variedades
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| resistentes al transporte,
apoyando así a la concentración de la oferta en pocos
lugares y en pocas manos. El resultado ha sido que yo, y seguramente
otros muchos argentinos, prácticamente hemos dejado de comer
duraznos. Lo que aparece a nuestro alcance de habitantes de Buenos
Aires es un producto que no se marca con los golpes, pero que no
tiene aroma ni sabor, que debe ser retenido en casa días
enteros antes de poder siquiera intentar comerlo y que en ese camino
compite con los hongos, que frecuentemente lo pudren antes de madurar.
¿Era la única opción técnica?
Seguro que no. En lugar de concentrar espacialmente la producción,
los genetistas pudieron trabajar adaptando el durazno Elberta o
similares a climas distintos del mendocino. Seguramente, hoy podríamos
tener una variante porteña, una cordobesa o una de la Patagonia,
y los amantes de la fruta de calidad seguiríamos deslumbrándonos
cada febrero o marzo con ese don de la naturaleza. Eso hubiera tenido
efectos en la organización económica. En lugar de
pocos y grandes productores de durazno de corcho, hoy habría
muchos y pequeños oferentes de buenos sabores y aromas, en
diversos lugares del país.
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En términos personales, en cincuenta años,
a consecuencia del camino elegido, he perdido unas dos mil sensaciones
de placer gastronómico sin igual. Quiero que me devuelvan
mis duraznos.
El mercado seguiría funcionando, pero en lugar de regir la
norma de la concentración de poder económico, tendría
vigencia un precepto hoy casi oculto: que una empresa sólo
tiene sentido por la calidad y pertinencia de los servicios o bienes
que produce.
¿Cuál es la meta esencial de una sociedad? ¿Que
alguien gane dinero produciendo, por ejemplo, duraznos, o que todos
podamos disfrutar comiéndolos? Si podemos hacer compatibles
los intereses del productor y del consumidor, ¿por qué
favorecer una organización social que destruye esa convergencia,
poniendo como bien supremo y excluyente la acumulación de
riqueza, sin límite?
El ejemplo, repetible hasta el infinito, no cuestiona la iniciativa
empresaria, ni cuestiona la razonabilidad del justo beneficio económico,
ni al mercado como subsistema acotado pero eficiente de asignación
de recursos. Hay dos grandes líneas: la que pone el enriquecimiento
como fin supremo y la que, en cambio, señala que el lucro
es un premio a la iniciativa y al riesgo del emprendedor por encarar
la satisfacción racional de necesidades humanas y debe estar
subordinado a este verdadero y defendible objetivo.
Los valores comunitarios adecuadamente explicitados y defendidos
por organizaciones sociales muy activas, junto con un Estado conciente
de que su acción permite decidir entre opciones, que además
se apoye en la tecnología todo lo posible y necesario, pueden
evitar males que hoy son notorios y construir escenarios mucho más
favorables para nuestra calidad de vida.
La producción de energía de manera concentrada, distribuyéndola
luego a largas distancias, tiene efectos económicos y de
organización social muy distintos que el uso local de la
energía eólica o solar o a partir de residuos orgánicos,
producida lugar por lugar.
La reaparición de cinturones hortícolas en toda ciudad
del país, puede cambiar por sí misma la ecuación
alimenticia de nuestra población.
El reciclado y el reuso como norma a aplicar por los fabricantes
originales de computadoras, autos o equipos electrónicos
provoca en todo el mundo un rediseño de componentes y equipos
de la mayor importancia, que aquí aún no se discute.
Podríamos seguir un rato, pero no es el largo listado el
que nos puede ayudar a cambiar, porque termina convirtiéndose
en un largo lamento. El primer cambio es el decisivo: entender que
debemos enterrar aquello de que la obsesión por ganar dinero
es la regla que ordena al mundo. Esa subjetividad del emprendedor
es legítima, pero debe estar al servicio de la provisión
de bienes y servicios en condiciones dignas y para satisfacer necesidades
comunitarias. ¿Quién debe juzgar si esto es así?
Una combinación con fortaleza creciente de la sociedad y
el Estado, que termine contando a favor con protagonistas centrales
emergentes de los propios emprendedores.
Esa es la tendencia mundial. Si no logramos acompañarla,
seguiremos comiendo mal, lamentando el trabajo esclavo, produciendo
energía que luego se dilapida, contaminando nuestros cursos
de agua y el aire. Todo esto tiene un origen común: la mirada
única sobre el dinero como fin y no como medio.
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| Fecha |
2006-10-12 06:46:08 |
| Nombre |
Mariano Winograd |
| Titulo |
Reflexionando con Martinez |
| Comentario |
El presidente del INTI debe ser un agrónomo vocacional. Nunca deja de sorprendernos con su entusiasmo y pertinencia acerca de los temas agrícolas que propone para la discusión
En este caso me cabe como lector y ciudadano coincidir bastante y discrepar en algo
Es muy atinada la invitación de Martinez al desarrollo local y especialmente a lo que podriamos parangonar con el rol multifuncional del desarrollo agrolocal
No cabe más que adherir al concepto
En segunda instancia y en aras de la brevedad, recordar
- Que el durazno Elberta fue desarrollado por genetistas de América del norte y no por los de San Rafael
- Que correspondió a una etapa de la globalización frutícola pero difícilmente hubiera sido eterno.
- Que si el mejoramiento optó por el corcho...fue porque la demanda así lo refrendó con sus compras
- Que el equipo de postcosecha de la UC Davis propone hoy retornar a la calildad organoléptica por manejo post cosecha (que se hace mal) además de por mejoramiento
- Que finalmente es muy pero muy bueno que el INTI y su presidente inviten a reflexionar sobre estos temas...y que muchos argentinos quisiéramos tener más espacio para compartir las conclusiones a que el debate conlleva.
Mariano Winograd
5 al dia - Argentina |
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| Fecha |
2006-11-15 03:04:35 |
| Nombre |
susana grandi |
| Titulo |
no solo los duraznos!! |
| Comentario |
Excelente la editorial sobre los alimentos, si tan solo fueran los duraznos!! lo mismo ha pasado con tantos alimentos, tomates , zanohorias, damascos, etcetera...) este es el verdadero problema, haber dejado de lado el bienestar de la sociedad, como bien público, bienestar general y no individual tan solo. Apuntemos a esto y recuperaremos la sociedad y su vida en armonía. |
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