| más que eso. Mucho
más frágil aún es construir un mercado de bonos
de carbono, una suerte de peaje para el deterioro ambiental, que
supone que recuperaremos la calidad de vida utilizando las reglas
de mercado.
Discutimos en interminables congresos las ventajas o perjuicios
de los desmontes, de los agro combustibles, hasta de las flatulencias
bovinas. Cada tema tiene su importancia, pero no lo vinculamos con
su causa original: los patrones de producción, acumulación
y consumo mundiales, que asignan el desarrollo a la iniciativa de
las grandes corporaciones tras nacionales (CTN), y a la acumulación
de capital concentrado. De este modo, perdemos la posibilidad de
definir soluciones efectivas. Mientras tanto, originado en esa visión,
se nos viene encima un mundo nuevo, enormemente más complicado
que el actual. En efecto, no sólo hay y habrá problemas
ambientales.
La búsqueda de un menor costo de producción por parte
de las CTN las llevó – desde la Segunda Guerra Mundial
– a trasladarse a Japón, luego a Corea del Sur y Taiwán,
luego a Malasia, Tailandia o Brasil. Siempre se produjo un doble
efecto: se utilizó una infraestructura de menor costo que
la del mundo central y a la vez se la fortaleció. Los países
con verdadera vocación de autonomía tecnológica
y económica, como Japón, Corea del Sur y hasta Taiwán,
pasaron, luego de un período, a tener mercados internos más
sofisticados y de mayor consumo y sus propias CTN. Por la lógica
de acumulación, los mercados se ampliaron y simultáneamente
la riqueza se concentró. Hasta que hace 20 años comenzó
el desembarco en China y al poco tiempo en India. Eso significó
multiplicar la apuesta, ya que se trata de sumar a la producción
– y a la larga al consumo – a 2.250 millones de personas.
En ambos países, aún no llegó la etapa del
consumo interno masivo, pero está en la puerta.
El consumo total de China hoy es igual al de Italia, a pesar de
tener una población 20 veces mayor. Obviamente, eso se debe
a que el consumo per cápita chino es sólo el 5% del
italiano. Pero los pronósticos indican que en los próximos
20 años el consumo de los hogares urbanos chinos se multiplicará
por 5 y su consumo per cápita por 3. Serán más
de 600 millones de personas de nueva clase media urbana. En paralelo,
los hogares muy pobres de India, que viven con menos de 5 dólares
por día y que representan el 55% de los hogares en este momento,
se reducirán al 20% en 20 años. Esto significará
250 millones de personas con consumo de clase media. A la vez, eso
representará un aumento enorme de la distancia entre ingresos
de fracciones de la población. Mientras que en 1995 el 10%
más rico de China disponía de 4 veces más ingreso
que el 10% más pobre, en 2025 –si nada esencial cambia-
esa diferencia será de 9 veces, con disparidad entre extremos
(1% más rico vs. 10% más pobre) de más de 40
veces. Con estos números a la vista, es de sensatez elemental
pronosticar allí:
· Presión demográfica
creciente sobre las ciudades.
· Mayor conflicto social por
reclamo de expectativas más homogéneas de calidad
de vida.
· Consumo mayor de alimentos
más sofisticados, en especial carnes y comidas preparadas.
· Consumo exponencialmente mayor
de bienes asociados al confort y con ello de los materiales no renovables
que los componen. Desafío para diseñar bienes con
componentes reutilizables al término de la vida útil
del bien.
· Necesidad de estimaciones
globales de demanda y de oferta de bienes básicos para la
alimentación y el resto de la vida cotidiana. Correlativa
necesidad de reducir el despilfarro o el mal uso en todo el mundo
central.
En definitiva, el ecosistema global tiene tensiones fuertes, pero
me permito señalar que éstas son sólo parte
de otras tensiones mucho más poderosas que surgen y seguirán
surgiendo. Esto es el resultado de la vocación de fracciones
muy importantes de la población mundial para acceder a los
niveles de consumo de aquellas sociedades – en otras latitudes
- para las que hoy están produciendo bienes y servicios.
Vocación legítima si las hay. Sin embargo, se choca
con la evidencia de que si se deja la iniciativa del desarrollo
a las corporaciones no se da cabida a todos. Habrá presiones
sobre los precios de los granos y de las carnes, sobre el acero,
el aluminio, los productos petroquímicos, por demandas crecientes
a ritmos sin historia. Los pobres quedarán cada vez más
lejos del consumo y dependerán cada vez más de la
ayuda estatal para subsistir o simplemente aumentarán el
conflicto social.
Será el momento – impostergable – de pensar
el mundo de otra manera. Primero las necesidades. De todos y cada
uno. Recién luego los negocios. Con libre iniciativa, pero
dentro de marcos definidos por los actores comunitarios de mayor
responsabilidad, para que las palabras “bueno”, “mejor”,
“sano”, tengan un significado universal y no sólo
para los ganadores.
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| Fecha |
2007-06-09 08:38:20 |
| Nombre |
ROVEDATTI Roberto |
| Titulo |
Editorial de junio 2007 |
| Comentario |
El tema de la eliminacion de la pobreza es apasionante. Pero me parece una quimera. Por la naturaleza humana. La igualdad es una utopia. Y en cierto sentido, una injusticia. Una sociedad, toda de clase media, es decir sin pobres, es -desde mi optica- inviable. Los negros norteamericanos, esclavos en el siglo XVIII, no pasaron a mejor vida en el siglo siguiente, como obreros de una fabrica. Pienso que un objetivo posible de alcanzar, es la eliminacion de la miseria animal. No aceptarnos a nosotros mismos, que haya seres humanos, en estado de desproteccion, en condiciones infrahumanas.Y de ahi, a ver el problema de los pobres, hay un paso a una vision religiosa. Irracional. |
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