Nro. 53 - Junio 2007
 

EDITORIAL
El futuro

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El futuro

Ing. Enrique Martínez
Presidente del INTI

En los últimos años ha crecido la densidad de la información sobre el cambio climático en el mundo, con los más variados pronósticos, desde desaprensivos hasta apocalípticos.
Ese parece ser el mayor desafío de la humanidad en las próximas décadas. Sin embargo, como resulta demasiado frecuente, se vuelve a confundir causa con efecto. En este caso, por cierto, el problema es causado por un modo de vivir y producir que esencialmente no es cuestionado, ya que se apela a los mismos actores para corregir el estado de cosas. La política de pagar por proyectos que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero no es

más que eso. Mucho más frágil aún es construir un mercado de bonos de carbono, una suerte de peaje para el deterioro ambiental, que supone que recuperaremos la calidad de vida utilizando las reglas de mercado.
Discutimos en interminables congresos las ventajas o perjuicios de los desmontes, de los agro combustibles, hasta de las flatulencias bovinas. Cada tema tiene su importancia, pero no lo vinculamos con su causa original: los patrones de producción, acumulación y consumo mundiales, que asignan el desarrollo a la iniciativa de las grandes corporaciones tras nacionales (CTN), y a la acumulación de capital concentrado. De este modo, perdemos la posibilidad de definir soluciones efectivas. Mientras tanto, originado en esa visión, se nos viene encima un mundo nuevo, enormemente más complicado que el actual. En efecto, no sólo hay y habrá problemas ambientales.

La búsqueda de un menor costo de producción por parte de las CTN las llevó – desde la Segunda Guerra Mundial – a trasladarse a Japón, luego a Corea del Sur y Taiwán, luego a Malasia, Tailandia o Brasil. Siempre se produjo un doble efecto: se utilizó una infraestructura de menor costo que la del mundo central y a la vez se la fortaleció. Los países con verdadera vocación de autonomía tecnológica y económica, como Japón, Corea del Sur y hasta Taiwán, pasaron, luego de un período, a tener mercados internos más sofisticados y de mayor consumo y sus propias CTN. Por la lógica de acumulación, los mercados se ampliaron y simultáneamente la riqueza se concentró. Hasta que hace 20 años comenzó el desembarco en China y al poco tiempo en India. Eso significó multiplicar la apuesta, ya que se trata de sumar a la producción – y a la larga al consumo – a 2.250 millones de personas. En ambos países, aún no llegó la etapa del consumo interno masivo, pero está en la puerta.

El consumo total de China hoy es igual al de Italia, a pesar de tener una población 20 veces mayor. Obviamente, eso se debe a que el consumo per cápita chino es sólo el 5% del italiano. Pero los pronósticos indican que en los próximos 20 años el consumo de los hogares urbanos chinos se multiplicará por 5 y su consumo per cápita por 3. Serán más de 600 millones de personas de nueva clase media urbana. En paralelo, los hogares muy pobres de India, que viven con menos de 5 dólares por día y que representan el 55% de los hogares en este momento, se reducirán al 20% en 20 años. Esto significará 250 millones de personas con consumo de clase media. A la vez, eso representará un aumento enorme de la distancia entre ingresos de fracciones de la población. Mientras que en 1995 el 10% más rico de China disponía de 4 veces más ingreso que el 10% más pobre, en 2025 –si nada esencial cambia- esa diferencia será de 9 veces, con disparidad entre extremos (1% más rico vs. 10% más pobre) de más de 40 veces. Con estos números a la vista, es de sensatez elemental pronosticar allí:
· Presión demográfica creciente sobre las ciudades.
· Mayor conflicto social por reclamo de expectativas más homogéneas de calidad de vida.
· Consumo mayor de alimentos más sofisticados, en especial carnes y comidas preparadas.
· Consumo exponencialmente mayor de bienes asociados al confort y con ello de los materiales no renovables que los componen. Desafío para diseñar bienes con componentes reutilizables al término de la vida útil del bien.
· Necesidad de estimaciones globales de demanda y de oferta de bienes básicos para la alimentación y el resto de la vida cotidiana. Correlativa necesidad de reducir el despilfarro o el mal uso en todo el mundo central.

En definitiva, el ecosistema global tiene tensiones fuertes, pero me permito señalar que éstas son sólo parte de otras tensiones mucho más poderosas que surgen y seguirán surgiendo. Esto es el resultado de la vocación de fracciones muy importantes de la población mundial para acceder a los niveles de consumo de aquellas sociedades – en otras latitudes - para las que hoy están produciendo bienes y servicios. Vocación legítima si las hay. Sin embargo, se choca con la evidencia de que si se deja la iniciativa del desarrollo a las corporaciones no se da cabida a todos. Habrá presiones sobre los precios de los granos y de las carnes, sobre el acero, el aluminio, los productos petroquímicos, por demandas crecientes a ritmos sin historia. Los pobres quedarán cada vez más lejos del consumo y dependerán cada vez más de la ayuda estatal para subsistir o simplemente aumentarán el conflicto social.

Será el momento – impostergable – de pensar el mundo de otra manera. Primero las necesidades. De todos y cada uno. Recién luego los negocios. Con libre iniciativa, pero dentro de marcos definidos por los actores comunitarios de mayor responsabilidad, para que las palabras “bueno”, “mejor”, “sano”, tengan un significado universal y no sólo para los ganadores.

    
Fecha 2007-06-09 08:38:20
Nombre ROVEDATTI Roberto
Titulo Editorial de junio 2007
Comentario El tema de la eliminacion de la pobreza es apasionante. Pero me parece una quimera. Por la naturaleza humana. La igualdad es una utopia. Y en cierto sentido, una injusticia. Una sociedad, toda de clase media, es decir sin pobres, es -desde mi optica- inviable. Los negros norteamericanos, esclavos en el siglo XVIII, no pasaron a mejor vida en el siglo siguiente, como obreros de una fabrica. Pienso que un objetivo posible de alcanzar, es la eliminacion de la miseria animal. No aceptarnos a nosotros mismos, que haya seres humanos, en estado de desproteccion, en condiciones infrahumanas.Y de ahi, a ver el problema de los pobres, hay un paso a una vision religiosa. Irracional.