Por primera vez en la historia, la economía ha crecido durante
17 trimestres consecutivos a tasas reales desestacionalizadas positivas,
desdeñando el patrón de alta volatilidad que siempre
la ha caracterizado.
La abrupta caída en los niveles de producción y consumo,
junto con el fuerte retroceso de las variables sociales derivados
del colapso del Plan de Convertibilidad, actuaron de catalizador
para que la sociedad realizara un fuerte replanteo de su pasado,
dando los primeros pasos en la definición de un nuevo programa
hacia la regularización de la situación socio política.
Específicamente, la combinación de los siguientes
lineamientos de política: un tipo de cambio alto, junto con
un superávit fiscal sostenible, “oxigenado” por
una política monetaria acomodaticia, sentó las bases
para que el Tipo de Cambio Real de “Equilibrio” se ubique
en niveles más depreciados y, por lo tanto, sea genuinamente
más “competitivo”, asegurando la sustentabilidad
de la cuenta corriente. En términos temporales, la consecuencia
primera y primaria de este nuevo escenario fue que la depreciación
del peso aumentó sustancialmente los precios relativos de
los bienes comercializables internacionalmente con respecto a los
no comercializables, en tanto que el trabajo se abarató considerablemente
en comparación con el capital. Esto produjo una reacción
positiva en los sectores transables, ya sea en su carácter
de exportadores o de sustituidores de importaciones, así
como en los intensivos en mano de obra que a los nuevos precios
vieron incrementada su rentabilidad. En función de ello,
se espera que en la economía vista en su conjunto tanto el
sector agropecuario como el industrial hayan ganado terreno en perjuicio
del sector servicios.
Para observar esta tesis empíricamente se procedió,
de manera sintética y estilizada, a reagrupar las estadísticas
elaboradas por la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales
del Ministerio de Economía, series de Producto Interno Bruto
(PIB) abierto por el lado de la oferta denominados en moneda constante
y en moneda corriente, de modo de distinguir los sectores en función
del grado de exposición al mercado internacional. En términos
agregados se tiene: Sector Primario (compuesto por Agricultura,
Ganadería, Caza y Silvicultura, Pesca y Explotación
de Minas y Canteras) y el Sector Industrial (Industria Manufacturera),
ambos altamente orientados al mercado externo. Con otra naturaleza,
se tiene el Sector Servicios, excluido los Servicios de Bienes Públicos,
que incluye Comercio Mayorista y Minorista y Reparaciones, Hoteles
y Restaurantes, Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones, Intermediación
Financiera, Actividades Inmobiliarias, Empresariales y de Alquiler.
Se excluyen Administración Pública y Defensa, Enseñanza,
Servicios Sociales y de Salud, Otras Actividades de Servicios Comunitarias,
Sociales y Personales y Servicio Doméstico, como netamente
orientado al mercado doméstico.
Dado que el objetivo de esta nota es centrarse en el comportamiento
de los sectores productores de bienes y servicios en función
del grado de apertura al comercio internacional, cabe destacar que
no se analizan dos grupos de actividades altamente intensivas en
mano de obra como son la construcción y la provisión
de servicios públicos, así como tampoco el sector
proveedor de energía y el conjunto de impuestos que forman
parte de la definición del PIB.
Las series fueron filtradas obteniendo series desestacionalizadas,
de tendencia-ciclo y de tendencias de largo plazo, debido a que
se busca observar comportamientos superadores del corto plazo. En
primera instancia, se calculó en qué medida participa
cada sector en el PIB, haciendo uso de las series de tendencia en
valores corrientes, dado que captan patrones más estables
en el tiempo.
Gráfico 1
Participación en el PIB corriente. Análisis en términos
de tendencia de largo plazo. |
Como se deduce claramente del gráfico anterior, la participación
del sector primario e industrial aumentó en gran medida en
detrimento del sector servicios, excluidos los servicios de bienes
públicos. Debe subrayarse que el sector primario duplica
su participación en el PIB, aumentando por ende más
allá de lo que lo hizo la industria. No obstante, dicha conclusión
está condicionada por el fuerte incremento de los precios
internacionales de los comodities ocurrido desde principios de esta
década, más allá del efecto de la devaluación.
Sin embargo, si se analizan las series en valores reales (miles
de pesos de 1993), es decir, en términos de cantidades producidas,
se obtienen los siguientes gráficos: |
La actual coyuntura económica y las perspectivas que pueden
desprenderse de ella dejan de manifiesto que Argentina se encuentra
hoy en una situación muy distinta, en términos comparativos,
con cualquier otra experiencia de su historia más reciente.
Por primera vez, están dadas las condiciones básicas
para un crecimiento sostenido. La actividad económica ha
superado el máximo nivel histórico, la inversión
se ha recuperado alcanzando niveles record y la composición
del PIB ha cambiado drásticamente, favoreciendo las actividades
productivas en menoscabo de los servicios. Asimismo, la velocidad
de recuperación, inédita en comparación con
otros emergentes, ha permitido alcanzar una sólida posición
fiscal, consistente con el pago de las obligaciones del país,
y ha generado una fuerte disminución del índice de
desempleo con la consecuente mejora asociada de los indicadores
de pobreza e indigencia. En este contexto, el rol de los institutos
técnicos como el INTI debería adquirir una superlativa
relevancia, dando lugar a que los mismos se constituyan en los pilares
de la instrumentación de un verdadero programa de desarrollo
económico. Existe mucho trabajo por hacer y grandes desafíos
para superar, pero indudablemente tanto el “hoy” como
el futuro se presentan como una gran oportunidad.
Por Lic. Nadina Mezza, nmezza@inti.gov.ar
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