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53 - Junio 2007 |
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Investigación
¿Quién
es quién en la
cadena de valor del sector
de indumentaria textil?
Hacia una solución
conjunta en el sector |
Así se titula el informe, resultado de un relevamiento de
campo desarrollado durante los años 2006 y 2007 sobre los
actores involucrados en la cadena de valor de la Industria Textil
y de Indumentaria en Argentina, quienes directa o indirectamente
están vinculados a la problemática del trabajo esclavo
en los talleres de confección. La investigación, realizada
en conjunto por la Organización Interrupción (www.interrupcion.net)
y la Fundación El Otro (www.elotro.org.ar),
es la continuación del estudio realizado entre 2004 y 2005
sobre esta misma industria, en el que se hizo foco sobre las desigualdades
de género en el ámbito laboral y especialmente en
la precariedad de las trabajadoras a domicilio. Éstas, al
igual que los talleres, constituyen el primer y esencial eslabón
dentro de la confección. Ambas investigaciones se enmarcan
en el trabajo que lleva adelante la Red Puentes, cuya misión
es promover el desarrollo de la cultura y las prácticas de
Responsabilidad Social Empresaria (RSE) en los países latinoamericanos
desde la perspectiva, visiones y derechos de sus sociedades civiles.
La red está integrada por 52 organizaciones sociales pertenecientes
a 8 países de América Latina y Europa (www.redpuentes.org).
En la presente investigación ilustramos cómo la responsabilidad
de las empresas debería ir mucho más allá del
mero cumplimiento de la ley y cuál es el rol de Estado en
este sentido. Para ello, realizamos un análisis integral
de la problemática laboral en la industria de indumentaria,
donde se identifican todos los principales referentes y actores
involucrados, y se analizan los posibles escenarios de acción
conjunta para iniciar un camino común y la eventual elaboración
de una política pública para el sector.
El incendio ocurrido el 30 de marzo de 2006 en el taller ilegal
de Luis Viale, en el barrio de Flores de la Ciudad de Buenos Aires,
donde murieron 2 costureros y 4 niños, fue el detonante para
que tomaran un mayor estado público los reclamos que venían
realizando durante los últimos años organizaciones
sociales como la Unión de Trabajadores Costureros, la Defensoría
del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y la Organización
Internacional para las Migraciones, entre otras, en relación
al trabajo esclavo en el sector de indumentaria. La situación
también profundizó sus matices a partir de las denuncias
presentadas durante 2006 por la Unión de Trabajadores Costureros,
que involucraron a más de 70 marcas de reconocido nombre
en el mercado local, donde se comprobó la existencia de talleres
textiles clandestinos con violaciones a la dignidad de los trabajadores:
extensas jornadas de trabajo, pago a destajo y por prenda, pago
en negro, reclutamiento bajo engaños, retención de
los documentos de identidad, explotación abusando de las
condiciones de vulnerabilidad de los trabajadores inmigrantes, situaciones
de semi encierro o reducción a la servidumbre, exposición
a enfermedades como la tuberculosis, alimentación precaria
e intimidaciones a los trabajadores.
La cadena de valor de la industria de indumentaria es compleja
y de difícil fiscalización. La mayoría de la
producción se encuentra tercerizada fuera de las empresas,
generalmente en más de un taller. La masa crítica
de talleres efectivos donde las empresas-marcas tercerizan su producción
es incalculable, en parte, debido a la informalidad característica
del sector y su atomización, y al terror impuesto por la
coerción de los dueños de talleres clandestinos donde
existe trabajo esclavo. Por otro lado, la normativa específica
que regula las relaciones entre los talleristas y las empresas-marcas
dadoras de trabajo, no fue aplicada como correspondía durante
un largo período, debido a desinteligencias en materia de
competencias jurisdiccionales y a la falta de decisión política.
Se estima que el 80% de la confección de prendas tercerizadas
en talleres se realiza bajo condiciones informales o violando los
derechos humanos básicos. A lo largo de la investigación
comprobamos que talleres como el de Luis Viale, donde los trabajadores
corren riesgo de muerte por las malas condiciones de seguridad e
higiene en el trabajo, no son hechos aislados: son el reflejo de
un sistema de producción que provee a empresas-marcas importantes,
basado principalmente en la explotación de inmigrantes vinculados
a la trata de personas con fines de explotación laboral,
así como de argentinos desempleados sometidos al mismo trato.
Paralelamente, la gran mayoría del resto del sector de indumentaria,
si bien no está vinculada a proveedores en estas condiciones
de trabajo, es provista por talleres informales donde los trabajadores
no están registrados.
Son varios los factores que permitieron que este sistema de producción
ilegal sea la regla y no la excepción: el alto grado de informalidad
que caracteriza al sector, la precarización del mercado laboral
característica de la década del 90, la irresponsabilidad
de las principales empresas-marcas respecto a la calidad de su cadena
de valor (especialmente vinculado a los talleres que las proveen),
y la falta de decisión política en los distintos niveles
de gobierno para que existiera un sistema adecuado de verificación
y control del trabajo en los talleres, así como un programa
nacional integral de asistencia a las víctimas de trata con
fines de explotación laboral.
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| Los
números de la explotación laboral:
- Se estima que los talleres de confección
explican el 25% de la problemática del trabajo
con fines de explotación laboral, mientras
que 3 de cada 4 trabajadores del sector no están
registrados.
- Los inmigrantes bolivianos víctimas de trata
con fines de explotación sexual y laboral en
Argentina se estima que son entre 100.000 y 130.000.
- El 20% del PBI boliviano se explica por las remesas
declaradas de los talleres de confección radicados
en Argentina. |
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La trata de personas no sólo perjudica y pone en evidencia
la precaria situación de la industria textil argentina, sino
que también resalta la responsabilidad del gobierno en el marco
internacional de los Derechos Humanos promulgados por el Protocolo
de Palermo contra el crimen organizado de la trata de personas. Es
por eso que la reciente destitución del embajador y el cónsul
bolivianos por “negligencias profesionales” (ambos vinculados
con la problemática de la trata de personas con fines de explotación
en la Argentina) podría llegar a generar un nuevo impulso para
que los gobiernos boliviano y argentino empiecen a cooperar en función
de resolver este problema.
Según las entrevistas de campo realizadas, se pone en evidencia
que a raíz de la movilización social de las organizaciones
vinculadas a las víctimas y al posicionamiento de la problemática
en los medios, los distintos actores comienzan a manifestar mayor
sensibilización frente al tema y, consecuentemente, mayor
acción. En el ámbito nacional, la recuperación
de las facultades por parte del Ministerio de Empleo, Trabajo y
Seguridad Social en materia de supervisión del trabajo en
las jurisdicciones locales permitirá, a través del
Plan Nacional de Regularización del Trabajo, reestablecer
el foco en la disminución del trabajo no registrado y combatir
la indocumentación de los inmigrantes a través del
Plan Patria Grande. Mientras que en el ámbito local, la Subsecretaría
de Empleo, Producción y Desarrollo Profesional del Gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires puso en marcha hace un año todo
lo referente a la regulación del trabajo en su jurisdicción
(como la policía de trabajo) y próximamente tendrá
la competencia de la Ley de Trabajo a Domicilio, la cual data de
1941. Desde esta autoridad se intenta abordar la problemática
de una manera integral: sensibilizando a las víctimas para
que denuncien a los talleres, articulando con actores sociales para
la reinserción laboral de los trabajadores, promoviendo inspecciones
preventivas en talleres para que regularicen su situación
y difundiendo el programa de certificación de la cadena de
valor para las empresas del sector diseñado por el INTI,
entre otras.
Herramientas como la Certificación de Comportamiento Socialmente
Responsable, diseñada y puesta en marcha por el INTI, son
fundamentales para el sector ya que permiten darle visibilidad a
aquellas empresas-marcas que quieren diferenciarse por tener una
cadena de proveedores limpia de trabajo esclavo, generando incentivos
positivos en el sector para revertir esta tendencia. En cuanto al
sector sindical, existe pleno conocimiento de la problemática.
El interés principal está puesto en lograr el mayor
registro de sus trabajadores por parte de las empresas (garantizando
el cumplimiento de los convenios colectivos de trabajo) así
como en la sensibilización de los trabajadores en materia
sindical. Los sindicatos deberían oficiar de canales fértiles
para abordar la problemática de la informalidad en el rubro.
En cuanto al sector privado, la presión por parte de los
“stakeholders” o grupos de interés de las empresas
resulta fundamental para que éstas asuman cada vez más
responsabilidad respecto a su cadena de valor. Para que esta demanda
sea equitativa y no genere distorsiones dentro del sector, es necesario
diferenciar por tipo y tamaño de empresa: no todas están
en las mismas condiciones y no todas tienen la misma responsabilidad.
Resulta fundamental analizar el segmento del mercado de cada grupo
y el nivel de ocupación que presenta para determinar las
medidas que comulgan con los objetivos. La necesaria formalización
del sector trae aparejado el incremento de los costos; de no existir
mecanismos específicos para determinar la composición
más justa y equitativa del precio establecido en cada eslabón
de la cadena, este incremento inicial será directamente trasladado
al precio final que pagará el consumidor.
La ciudadanía también debe intervenir con su poder
de presión a través del consumo de aquellos productos
que provengan de cadenas de valor responsables, donde esté
garantizada la calidad no sólo de la prenda sino también
del tipo de trabajo que esta conlleva. A la luz de lo expuesto,
el problema parecería estar resuelto, pero nos preguntamos
si es esto suficiente para combatir el trabajo informal y el trabajo
ilegal. Los escenarios posibles de acción conjunta entre
los actores son factibles en la medida en que exista diálogo
entre el sector estatal, privado y sindical. Es en este ámbito
donde se debería dar la discusión necesaria para diseñar
políticas, tomar medidas realistas y equitativas en el sector,
generando los incentivos económicos y políticos necesarios
para que trabajar con una cadena de valor bajo condiciones de esclavitud
ya no sea rentable para nadie.
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| Interrumpiendo
una lógica de acumulación perversa |
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| El 29 de mayo pasado,
en el local de la Asociación Civil La Alameda,
se presentó el Informe “Quién
es quién en la industria de la indumentaria”.
En el panel inicial participaron los responsables
de la investigación, María D’Ovidio
de la Organización Interrupción, y Juan
Peña de la Fundación El Otro, ambos
pertenecientes a la Red Puentes y la Plataforma Argentina
de Responsabilidad Social Empresaria; Pablo Bergel
del Programa de Compromiso Social Compartido del INTI;
Ariel Lieutier de la Subsecretaría de Trabajo
de la Ciudad de Buenos Aires; y Gustavo Vera, vocero
de la Unión de Trabajadores Costureros. Una
nutrida y heterogénea concurrencia compuesta
por costureros, ciudadanos bolivianos residentes en
Argentina, talleristas, representantes de la industria
indumentaria, funcionarios nacionales de derechos
humanos y ONGs, animaron posteriormente un apasionado
debate. |
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Contacto: Maria D’Ovidio, maria.dovidio@interrupcion.net
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