El 28 de marzo pasado, la cadena especializada en productos electrónicos,
Circuit City, dio a conocer el despido de 3.400 vendedores. Les
advierto que no fue por mal desempeño, ya que eso en ningún
momento estuvo en discusión. Según la cadena, simplemente
los echaron porque eran los vendedores mejor pagos. Sin embargo,
no se eliminaron los puestos, la empresa anunció que contrataría
reemplazantes con salarios iniciales normales. Cualquiera puede
imaginar el efecto del anuncio de Circuit City en la moral de los
empleados no despedidos. El resto de los vendedores llegue tal vez
a esta conclusión: trabaja bien, asciende y serás
despedido. En pocas palabras, sólo fue un día normal
en el capitalismo estadounidense de nuestros días.
Por si esto fuera poco, Wal-Mart, empresa que influye cada día
más en la determinación de estándares laborales
de millones de compatriotas, fijó topes salariales para algunas
tareas, y hace trabajar a muchos empleados antiguos los fines de
semana y durante la noche con la esperanza de que renuncien. El
memorando de un ejecutivo de Wal-Mart para el Consejo Directivo
de la empresa señalaba que “un empleado con 7 años
de antigüedad cuesta un 55% más que un empleado que
sólo tiene un año de servicio, sin embargo, ambos
tienen igual productividad”. Naturalmente, esto se debe a
que Wal-Mart no hace nada por mejorar las capacidades de sus trabajadores,
no sea cuestión de que tenga que aumentar sus salarios.
Coincidentemente, en la misma semana en que Circuit City se deshacía
de sus empleados, se conocieron los datos del año 2005 del
Internal Revenue Service (Servicio de Impuestos Internos), según
los cuales el 90% de los estadounidenses más pobres ganaban
menos que en 2004. Los economistas Emmanuel Saez de la Universidad
de California en Berkeley y Thomas Piketty de la Escuela de Economía
de París, informaron que el total de ingresos en los EE.UU.
había aumentado un 9% en 2005 con respecto a 2004. Sin embargo,
ese aumento provenía del grupo del 10% más rico de
la sociedad estadounidense, mientras que el 1% más rico había
experimentado un incremento del 14%. En el 90% restante, los ingresos
en realidad habían disminuido un 0,6%. Recordemos que 2005
no fue un año de adversidad económica. La economía
estadounidense iba viento en popa, sólo al pueblo no le iba
bien.
Esto quiere decir que estamos frente al triunfo del poder corporativo
y financiero, y de las economías conservadoras que los sostienen.
Hubo una época en que los estadounidenses sacaron real provecho
de la prosperidad del país. De 1947 a 1973, la productividad
de los EE.UU. creció un 104% y el ingreso familiar promedio
registró un aumento idéntico. Aquellos fueron también
los únicos años de verdadero poder sindical en los
EE.UU., años en que la cuarta parte de la fuerza laboral,
y en algunos años la tercera, estaba sindicalizada. Aparentemente,
este nivel de poder de los trabajadores y de prosperidad de las
masas resultó intolerable para nuestra elite financiera y
para sus lacayos políticos.
A partir de los años 70, el empresariado estadounidense
hizo todo lo posible por mantener sometidos a los trabajadores.
Por regla general, los empleadores prefirieron pagar multas insignificantes
por violar la Ley Nacional de Relaciones del Trabajo en lugar de
permitir que sus empleados se afiliaran a los sindicatos. En 1969,
según la Junta Nacional de Relaciones del Trabajo, llegaban
a 6000 los empleados que habían sufrido represalias ilegales
por ejercer su derecho de afiliarse o de mantener su afiliación
a un sindicato; en el año 2005 fueron 31.358. En enero de
este año, el Center for Economic and Policy Research (Centro
de Investigación Económica y Política) dio
a conocer un estudio en el que se señala que uno de cada
cinco activistas que promueven la afiliación a los sindicatos
es despedido ilegalmente. En consecuencia, al declinar el poder
de los trabajadores, baja su nivel de vida. Los seguros de retiro
son historia; las prestaciones de salud a cargo de los empleadores
avanzan rápidamente en el mismo sentido.
Los conservadores no tienen solución para todo esto, salvo
empeorar las cosas. ¿Colapsan las pensiones a cargo de los
empleadores? Destruyamos también la seguridad social. ¿Tambalean
los seguros de salud? Conservemos nuestro lucrativo sistema privado
que apenas cubre a 47 millones de compatriotas. ¿Sólo
los ricos perciben mayores ingresos? Pongamos un impuesto fijo (última
tormenta de ideas de Rudy Giuliani), que no hará más
que trasladar el peso impositivo de una franja rica en continuo
ascenso al resto cada vez más sumergido.
¿Y si devolvemos a los trabajadores el derecho de afiliación
a los sindicatos, que es la clave para la reconstrucción
de una vigorosa clase media? Hay un camino para hacerlo. La semana
próxima el Senado tratará la Ley de Libre Afiliación,
que ya tiene media sanción de la Cámara de Representantes.
La legislación obliga a los empleadores a reconocer a los
sindicatos si la mayoría de los trabajadores firman la solicitud
de afiliación. Esta ley intenta traer un atisbo de equilibrio
a las relaciones en los lugares de trabajo y también a la
economía estadounidense.
Los empresarios, el Presidente y los líderes republicanos
están combatiendo la medida con todas las fuerzas a su alcance.
Ellos carecen de una teoría propia para volver a instalar
la prosperidad generalizada. ¿Cómo podrían
tenerla? Fueron precisamente ellos quienes combatieron denodadamente
y consiguieron destruir la prosperidad colectiva.
*Harold Meyerson es editor ejecutivo interino
de The American Prospect. Traducción de la versión
original “Para mí, no para ti”, publicada en
The Washington Post.
Traducción de Graciela Zuccarelli
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| Fecha |
2007-08-07 02:22:51 |
| Nombre |
Jorge Urquiza |
| Titulo |
RENTA VITALICIA MUY DUDOSA |
| Comentario |
Hace 5 años, con lo fondos que tenia en Maxima AFJP, adquiri una renta vitalicia previsional de u$s 813,25 mensuales a HSBC-NEW YORK LIFE. Esta empresa haciendo una interpretacion malintencionada, ilógica, ilegal y antojadiza, sin el minimo de asidero lógico, y contraria a todos los argumentos de venta que esa empresa pregonaba, decidio unilateralmente, abonarme solo la cantidad de u$s 451,81. Obviamente realice una innumerable cantidad de reclamos sin ningun resultado. Incluso ante la Superintendencia de Seguros de la Nacion, quienes me informaron que debia accionar judicialmente. Realice entonces el correspondiente Juicio, con resultados totalmente favorables a mi reclamo. La justicia fallo a favor mio, dandome la razón. Pero la empresa infractora apeló practicamente sin justificacion y perdió nuevamente, quedando asi el fallo firme. La justicia en instancia final falló a favor de que se me pagara lo que correspondía. Aún asi, la empresa riendose de nuestra justicia da a largas al asunto y no cumple el fallo de la misma.Esto mismo que me acontece, le sucede tambien a otros que han puesto sus ahorros en HSBC-NEW YORK LIFE. Además de esta actitud, a contramano de todos su argumentos de venta, jamás ha actualizado estos importes como lo prometía en innumerables tablitas que repartía para que nos decidieramos por ellos. Calculo que algún día recibire lo que por justicia me corresponde. Pero entiendo que es necesario hacer conocer esta circunstancia y cooperar con otros que puedan estar pasando por una circunstancia similar por haber elegido tan mal como yo a HSBC-NEW YORK LIFE, sea en mi pais, como en algun otro.
Aca les dejo mis datos y pongo a vuestra disposicion cualquier copia de todo lo expuesto.
Afectuosisimo.
Jorge Ricardo Urquiza DNI 10.777.351 Mail: urquijuegos@hotmail.com (msn siempre abierto)
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