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Nro.
54 - Julio 2007 |
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| EDITORIAL |
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| La
escala de producción
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Ing. Enrique Martínez
Presidente del INTI |
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A través de toda mi formación
universitaria y en los ya muchos años de intercambio
profesional posterior, escuché casi como una verdad
revelada que las empresas más grandes tienen costos
menores que las más pequeñas. Parece de sentido
común admitir, por ejemplo, que si un operario puede
atender seis telares a la vez, quien tenga menos de seis telares
igual necesita una persona, con lo cual su costo por unidad
de tela aumenta. O que si el volumen de un tanque aumenta
más que su superficie, el costo de la chapa para fabricarlo,
por unidad de volumen, disminuye a medida que el tanque se
agranda.
Sin embargo, las cosas no siempre son tan simples. En realidad,
casi nunca son tan simples.
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| Si el tanque mencionado
es, por ejemplo, el tanque de recibo de leche en una planta pasterizadora,
ese es uno solo de los elementos a considerar. Porque cuanto más
grande es la planta, más lejos hay que ir a buscar la leche
y más lejos hay que transportarla luego para que sea consumida.
Allí hay aumentos de costo, contaminación ambiental
adicional por el mayor transporte, posible deterioro de la calidad
de la materia prima por el tiempo que tarda en llegar a ser procesada.
Se podría demostrar con cierta facilidad que el costo de
la leche pasterizada, sobre todo si se incluyen los costos sociales
en la cuenta, resulta mayor para la planta más grande. Ahora,
si a consecuencia del mayor tamaño y el consiguiente poder
económico, una empresa hace publicidad importante y hace
acuerdos con los puntos de ventas finales para tener prioridad en
la góndola, el mayor costo simplemente se traslada al consumidor
y éste es quien paga la factura. Nadie se entera nunca de
que la alternativa productiva más pequeña era más
barata, porque en el límite la empresa más chica desaparece,
ante las dificultades que tiene para poder vender. En este ejemplo,
no hay economía de escala. Hay simplemente más fuerza
para controlar el mercado.
En términos generales podríamos decir que buena parte
de la mayor eficiencia que se asigna a las estructuras más
grandes se achica sustancialmente, o hasta se evapora, cuando se
tienen en cuenta todos los eslabones de una cadena de valor. O cuando
se tienen en cuenta los costos sociales de una instalación,
que son derivados de manera visible o en forma implícita
hacia el resto de la sociedad.
Hay situaciones groseras por obvias. La más primaria es
el costo de remediación de la contaminación de un
cauce de agua por un efluente sin tratar que debe ser asumido por
el conjunto de la sociedad. Pero hay muchas más, menos evidentes.
El mantenimiento de una ruta transitada en una alta proporción
por camiones de despacho de una cementera, que sin embargo es pagado
por el peaje de todos. La elevación a la categoría
de arquetipo de quienes controlan la producción agrícola
sobre decenas y hasta centenares de miles de hectáreas, cuando
esa lógica es despobladora y ni siquiera se puede demostrar
que aumenta la productividad sino que sucede lo contrario. Se podría
seguir un rato largo.
Más grande, más grande. Más poder para decidir
sobre lo propio y también sobre lo ajeno. Más grises
en el horizonte social.
Entre tantas cosas que damos por sentadas y cuya revalorización
nos debemos como sociedad, el concepto de economía de escala
debería estar en la primera línea. La aproximación
puede y debe ser desde dos flancos. Por un lado, evaluando integralmente
cada situación, sobre todo sin omitir considerar los costos
sociales, que se suelen ocultar. Por otro lado, evitando caer en
la trampa que asocia lo pequeño con el atraso técnico
y la baja eficiencia. Es cierto que quien se lanza a la producción
con pocos recursos, normalmente apela como conocimiento de base
a la tradición familiar, a la copia o a información
incompleta, que luego debe pulir sobre la marcha. También
es cierto que la acumulación de funciones en una misma persona
–dirigir, comprar, vender, buscar financiación–
quita tiempo para hacer cada una de ellas con la mejor lucidez.
Pero no es menos cierto que en muchísimos casos el proceso
productivo en sí mismo no otorga ventajas a las grandes unidades
sobre las pequeñas unidades. Son aspectos colaterales, corregibles
con la mejor formación del emprendedor y con la asistencia
técnica externa que el INTI o varios otros ámbitos
públicos o privados pueden brindar.
Después del trabajo técnico en la pequeña
empresa quedará el problema de neutralizar a quienes disponen
de poder. Poder económico para controlar varios eslabones
de la cadena de valor, empezando por el acceso a la comercialización
masiva. Poder para publicitar. Poder para convencernos –aunque
no sea cierto– de que la economía de escala es una
verdad casi universal. Poder para imponer como verdad indiscutible
la siguiente cadena: que las unidades de producción más
grandes tienen mejores costos, y son por lo tanto las que un consumidor
o un gobernante, en cualquier mirada, debiera promover; que quienes
las conducen son los exitosos, pero además son los benefactores,
los buenos; que quien más tiene, más vale y ese es
el camino.
Hay premios para quienes descubran las falacias de esta secuencia.
Grandes premios, porque ya todos sabemos que, desde la mirada actual,
lo pequeño no es bueno.
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| Fecha |
2007-07-09 01:35:33 |
| Nombre |
José María Canciani |
| Titulo |
Ingeniero |
| Comentario |
Coincido en que hay que fomentar los pequeños emprendimientos, pero considero falso que los costos de las grandes empresas sea mayor que el de las pequeñas.
Creo que Ud. olvida el Costo burocrático
Ejemplos: Si alguien construye viviendas puede pedir la excención del Impuesto a los Ingresos Brutos, deberá concurrir a la Municipalidad la misma cantidad de vece y con la misma cantidad de documentación para una obra de 1000 m2 que para un megaemprendimiento de 10.000 m2.
Si se es un empleador como corresponde, hay que presentar mensualmente los mismos papeles (F931, Sindicato, Renatre, IERIC, etc.) tenga 10 o 1000 empleados.
Podría seguir, pero para muestra basta.
Quienes como yo, nunca fuimos funcionarios, tenemos una visión muy distinta de los que casi siempre han formado parte del Estado.
José María Canciani
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| Fecha |
2007-07-19 05:00:07 |
| Nombre |
Augusto Dupont |
| Titulo |
comentario |
| Comentario |
Señor José María Canciani:
Quienes como yo, nunca fuimos empresarios, tenemos una visión muy distinta de los que, estando en la actividad privada, casi siempre han sido beneficiados generosamente por el Estado.
Le pido, si es tan amable, que ordene de mayor a menor los siguientes costos:
1.- Costo mensual y anual de presentar los papeles en regla de 10 o 1000 empleados de una empresa.
2.- Costo de unas vacaciones anuales de 15 días en Punta del Este, alquilando un departamento en la avenida Gorlero.
3.- Sumatoria anual del costo de por usuario damnificado, de ir a reclamar personalmente la reparación de un servicio pago de telefonía hogareña a una gran compañía privada de telecomunicaciones.
4.- Costo anual de pedir la excención del Impuesto a los Ingresos Brutos, para una obra de 1000 m2 o para un megaemprendimiento de 10.000 m2.
5.- Costo anual, por habitante de Artgentina y por año, prorrateado en 100 años, de la estatización de la deuda externa privada, realizada en 1981 por Domingo Felipe Cavallo.
Cordialmente,
Augusto Dupont
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| Fecha |
2007-07-29 06:44:01 |
| Nombre |
Nahum Mirad |
| Titulo |
Racionalidad amplia |
| Comentario |
Me gusta el artículo de Martínez porque tiene algunas virtudes que, desde cierta manera de pensar el Estado, las empresa, la socioedad, etc. tan carácterística en los ultimos años ha dejado de lado.
Una empresa implica una forma de orden de los territorios productivos... Hay costos que tienen que ver groseramente con la elaboración de productos y o la corformación de servicios, pero hay costos que -a condicion de que se entienda la empresa solo desde el punto de vista del negocio y no desde su papel de ordenamiento de un territorio productivo, con su poblacion, ecosistema, etc.- no se tienen en cuenta, ni por los empresarios, ni por los gobiernos, ni por la sociedad en general; naturalizandose una situación, que claro está, no es natural.
Ejemplifico: Algunos de los valores que se les pide a los empleados, además de capacidad técnica, es honestidad, salud, inventiva, etc. (Podríamos ejemplificar con un sinnumero de valores...) La pregunta es: ¿Qué empresas contabilizan entre sus costos el valor de generar -por ejemplo- honestidad?... La empresa a gran escala, mano de obra intensiva, que generalmente se ordena en cordones industriales, necesita densidad poblacional en la zona de sus instalaciones, provocando migraciones, concentraciones poblacionales y zonas de despoblación. ¿No impacta esa reconfiguracion de la poblacion sobre los valores? ¿Cuáles son sus costos mantenerlos o perderlos? ¿Cuanto cuesta la seguridad por habitante en gran Buenos Aires o en una provincia del NOA? ¿Cuanto cuesta cubrir los requerimentos energéticos mediante la alimentacion para gente que no puede trasladarse a su casa para almorzar y debe hacerlo en la calle?
La virtud de la exposición de Martinez, creo, no es el alegato a favor de lo pequeño, es -por el contrario- una invitación a pensar sobre la planificacion en términos de una racionalidad más amplia que la de los negocios. |
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| Fecha |
2007-08-20 02:44:19 |
| Nombre |
José María Canciani |
| Titulo |
Señor Dupont NO empresario |
| Comentario |
Señor Dupont, que la carga de la Buroracia resulta mucho mas gravosa para la pequeña empresa que para la grande casi nadie discute, su nota se aleja de lo técnico para transitar la agresión, por lo tanto le aclaro que:
1)Estoy orgulloso de no ser empleado del Estado.
2)Soy un pequeño empresario que lucha contra la máquina de impedir para sobrevivir.
3)Casi no conozco Punta del Este, lugar donde se cuentan tanto empresarios grandes como funcionarios.
4)No fui beneficiado por la transferencia de deuda al estado, cuando todo se pesificó no tenía una sola deuda y si tenía algunos pocos bonos del Estado que malvendí para poder comer ya que no podía vender mi producción.
Creo que nuestro país sufre las consecuencias de perseguir a los pequeños empresarios, casi no hay industria y abundan los subsidios.
Su visión es típica de los empleados públicos, que no comprenden que alguien sea capaz de no vivir del Estado y con su aporte mantener a aquellos que no son capaces de soltarse de su puestito. |
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| Fecha |
2008-04-05 10:32:25 |
| Nombre |
Senpo Osiro |
| Titulo |
Escala Humana |
| Comentario |
Estimados lectores,
Shanghai, Xian, Chengdu, y pueblos y aldeas de 3, 4, 5 millones de habitantes, un paisaje de horas de factorias, astilleros, autopistas, bodegas, monoblocks, fabricas...HORAS observando por la ventana del tren la sucesion interminable del aparato productivo chino,apodado the global factory.Cualquier obra, empresa, actividad que desconzca la ESCALA NATURAL y HUMANA , se convierte en nociva para
la NATURALEZA y por ende para los HUMANOS.
La falacia reside en que se solo se MAXIMIZA el BENEFICIO ECONOMICO. Que por si solo nunca alcanzara para cubrir e DEFICIT SOCIAL, CULTURAL, AMBIENTAL generado por el pensamiento egotista.
Los dinosaurios se valian de su volumen y tamaño. Espero que como raza no compartamos su destino.
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