El tema central del primer encuentro del ciclo de charlas “Hablando
de Diseño”, realizado el 28 de mayo en el Salón
Auditorio del INTI, fue la historia de la industria y el diseño
en Argentina. A cargo de los especialistas Ricardo Blanco, María
del Rosario Bernatene y José “Pepe” Rey, y con
la coordinación de Carolina Muzi, el sentido de este ciclo
se basó en la posibilidad de abordar temas que planteen nuevas
miradas sobre el diseño, como el que está centrado en
el usuario, la innovación en las Pymes y el diseño sostenible.
Durante la primera jornada, ante un auditorio repleto de profesionales
y estudiantes, se abordaron, entre otras temáticas, las tendencias
en el diseño durante la década del 60, época
de creación del Centro de Investigación de Diseño
Industrial del INTI (CIDI), y se proyectaron valiosas fotografías
de archivo sobre productos y momentos que marcaron hitos en la industria
nacional, como “las heladeras SIAM, que fueron las difusoras
de los ideales de modernización en el hogar” y unos
años más cerca “el colectivo de piso bajo como
emblema de los derechos a la accesibilidad en el transporte”,
señaló la investigadora María del Rosario Bernatene.
Con un enfoque integral acerca de la historia del diseño
y de la industria argentina, los expositores coincidieron en la
importancia de realizar un análisis de la historia social
de la industria y el diseño, lo que implica ponderar no sólo
el momento de la producción sino también el momento
de la recepción social de las obras de diseño. José
“Pepe” Rey, quien integró el staff del CIDI en
diferentes etapas, planteó el contexto de creación
de dicho Centro, cuando en 1961 el Ing. Basilio Uribe convocara
a un grupo de empresas e instituciones educativas con el fin de
difundir el diseño entre consumidores e industriales a través
de exposiciones, concursos, seminarios, conferencias, un noticiero
mensual y una biblioteca especializada, dando prioridad a los aspectos
culturales del diseño, tal como lo hacían los Design
Centre que a partir de la década del 50 se multiplicaron
por toda Europa. En 1963, el CIDI inició sus actividades
con una gran Exposición Internacional de Diseño que
ocupó los dos pisos del Museo de Arte Moderno. En 1000 m2
se exhibieron productos de “buen diseño” provenientes
de Alemania, Bélgica, Estados Unidos, Finlandia, Inglaterra,
Italia, Suecia y Dinamarca, y se expusieron por primera vez en el
país un conjunto de 135 productos fabricados en la Argentina,
seleccionados por la entonces recién creada Sociedad de Diseñadores
Industriales. La iniciativa tuvo gran asistencia de público:
50.000 visitantes en los 30 días que permaneció la
exhibición.
El Arquitecto Ricardo Blanco señaló el gran impacto
que tuvo la exposición en aquel momento, legitimando entre
los industriales el valor del diseño en los productos que
eran exhibidos. Estos debían ser fabricados en el país,
admitiéndose también diseños de origen extranjero
fabricados bajo licencia, los cuales debían estar a la venta,
o estar diseñados teniendo en cuenta la posibilidad de ser
producidos en serie, excluyendo los productos puramente artesanales.
A su vez, se les exigía que respondieran a su función,
que tuvieran una alta calidad de fabricación y de terminación
sin elementos superfluos, un uso racional de materiales, buenas
condiciones de mantenimiento y buenas características ergonómicas.
Anteriormente, cuando el diseño era una disciplina incipiente,
el valor de innovación todavía no era un factor preponderante.
Las empresas no contaban con profesionales del diseño y se
limitaban a copiar o rediseñar tendencias provenientes del
exterior, con excepción de aquellas dirigidas por arquitectos
o diseñadores idóneos. Por eso, el CIDI se proponía
estimular a las empresas a que se atrevieran a lanzar productos
usando los recursos humanos en diseño industrial con los
que el país ya contaba; a pesar de que los diseñadores
de carrera recién comenzaron a egresar de las escuelas a
principios de los ’70.
Diversidad e influencias
La riqueza de la historia del diseño y de la industria
permite analizar cómo a lo largo de los años se construyeron
y convivieron diversos modelos sobre la actividad disciplinar.“Así
tenemos un legado histórico para aquellos que desean profundizar
en el rol emancipador del diseño como se lo planteaba en
los manifiestos del Arte Concreto-Invención; o para los que
desean insistir en la función poética del diseño,
o en la función democratizadora; o en su función fetiche;
o como herramienta de desarrollo regional y local; o como palanca
para el fortalecimiento de las Pymes; como interfase entre ciencias
básicas y tecnología de punta con la vida cotidiana,
las comunicaciones y la salud; como acompañamiento de programas
artesanales; o juntando a varias de estas opciones a la vez”,
subrayó Rosario Bernatene. “Uno de los errores que
posiblemente haya sucedido en el diseño argentino es que
todas estas miradas han pasado, sobre todo en las escuelas, tratando
de eliminarse las unas a las otras. En este momento se ha producido
una mayor vinculación de las partes, a través de programas
tales como Prodiseño, en conjunto con el Plan Nacional de
Diseño. La participación de egresados de distintas
escuelas en las nuevas escuelas, ha permitido una apertura; y se
ha avanzado y entendido la necesidad de utilizar la diversidad de
conceptos”, concluyó el experto Ricardo Blanco.
Por Raquel Ariza, prodis@inti.gov.ar |