Dudas y aciertos del desarrollo local
En dirección a revisar y actualizar conceptos sobre el desarrollo
local, fueron muy enriquecedoras las experiencias relatadas por
los protagonistas, que si bien mostraron una gran fortaleza en la
cantidad de organizaciones y programas involucrados, exhibieron
también una gran debilidad en cuanto a los resultados finales.
“El país crece y a La Quiaca le va mal”; “los
proyectos no duran, ni todos los proyectos buenos terminan bien”;
“vemos territorios ganadores e individuos perdedores”;
fueron algunas de las concluyentes declaraciones que cuestionaron
el desarrollo local. No obstante, entre incrédulos y crédulos
dudosos, se relataron algunas experiencias exitosas como la implementada
por los maestros de la Escuela de Frontera Nº 2 de Yavi Chico.
“Era muy difícil la comunicación con los alumnos,
parecía que todo lo que enseñábamos caía
en saco roto; los chicos hablaban poco, casi nada. Hasta que decidimos
cambiar y vincular toda la enseñanza al cultivo del maíz,
con sus 27 variedades, sus colores, sus tiempos, sus comidas, su
cosecha, su historia. Todo lo que enseñábamos lo repetíamos
luego en la práctica con los alumnos y los padres, cultivando,
cosechando, cocinando. Fue impresionante la participación
y el entusiasmo de alumnos, maestros y padres. La solución
la teníamos a mano y no nos dábamos cuenta: estaba
en el maíz, al lado de la escuela, en la casa de los chicos,
en ese grano de oro americano”, relató uno de los maestros.
¿Cuántas soluciones más tendremos a mano y
no nos damos cuenta? ¿Cuántos kilómetros existen
entre una necesidad de desarrollo local y su solución? La
escuelita de Yavi no tuvo que andar mucho, ahí nomás,
en lo simple y cotidiano, en el alimento básico de la comunidad,
estaba la llave para mejorar la comunicación y la educación.
Sin duda, una lección que nos ayuda a reflexionar.
Esta y otras experiencias compartidas durante el encuentro permitieron
concluir que el desarrollo local requiere, como primer paso, que
los locales dejen de jugar como visitantes y participen activamente
en la elaboración de políticas que tiendan a satisfacer
sus necesidades básicas: alimentos, vivienda, vestimenta,
salud y educación. Asimismo, que la participación
tiene que fortalecer las comunas y municipios como verdaderos “organizadores
comunitarios locales”. En este marco, la comunidad debe apropiarse
de las instituciones comunales para que desde allí surjan
las normas que mejoren la comunicación, la autoestima, y
el acceso a los insumos básicos, para que desde allí
se oriente el desarrollo.
¿Será muy difícil organizarse para que todo
lo que consuma la comunidad y los turistas que la visitan sea producido
mayormente por la propia comunidad? Ofrecer en Tilcara, La Quiaca
o Yavi un bife de chorizo de una vaca lejana, aunque sea premiada,
no parece ayudar al desarrollo local. En cambio, un buen corte de
carne de llama con papa andina produciría un valor diferencial,
tanto para la comunidad como para los turistas. Igualmente para
las artesanías que deben competir con souvenires fabricados
en China. En suma: defender y valorizar lo propio es el primer paso
del desarrollo local.
También quedó claro que traemos una gran inercia
de proyectos y planes que no lograron conformarnos, algunos de los
cuales fueron elaborados para asistir con éxito una situación
de crisis extrema que hoy está cambiando. Sin embargo, debemos
reconocer que se elaboran planes nuevos con una carga intelectual
de conceptos y valores que no terminan de adjudicarle a la economía
social la importancia que tiene en una comunidad organizada, en
tanto verdadero contrapoder de equilibrio frente a la concentración
del mercado. En esto debemos animarnos a pensar el desarrollo local
y el mundo de otra manera.
Por Juan Luis Serra, jserra@inti.gov.ar
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