Nro. 55 - Agosto 2007
 

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Opinión

Por una filosofía política
de la técnica

Entrevista a Fernando Broncano*
Por Salvador López Arnal



Tu último ensayo se titula “Entre ingenieros y ciudadanos. Filosofía de la técnica para días de democracia”. ¿Cómo definirías ese ámbito de estudio?

Yo diría que se trata de filosofía política de la técnica (también de la ciencia, pero ese campo desborda los intereses del libro), es decir, de pensar los procesos de innovación técnica de las sociedades como otros procesos de transformación social que por tanto deben ser sometidos al escrutinio democrático.

¿Cuáles son los principales temas de reflexión en este territorio filosófico?

El tema central es el lugar que ha adquirido la comprensión y la gestión de la tecnología en el funcionamiento de las sociedades democráticas.

Mi conjetura es que las barreras tecnológicas se han convertido en fuentes de desigualdad e injusticia fundamentales en el mundo. El acceso y el control de la tecnología es una de las condiciones de ordenamiento de la democracia en un sentido republicano de acceso colectivo a las capacidades de autodeterminación.

Señalas en la presentación de tu ensayo que en él se aborda la tensión entre técnica y democracia, “entre ingenieros y ciudadanos”. ¿Dónde radica esa tensión? ¿Cuáles son los puntos más conflictivos de esta relación?

La tensión nace de la dificultad intrínseca de resolver los problemas de la relación entre un campo en el que necesitamos el conocimiento experto y un espacio democrático en el que únicamente se necesita el sentido común y la capacidad de juicio de todo ciudadano. Sin expertos no hay posibilidad de constituir una sociedad compleja, pero los expertos plantean serios dilemas a toda sociedad democrática. El punto central de la tensión es que el conocimiento experto implica una desigualdad difícil de resolver, pero el conocimiento experto es necesario cada vez más en puntos muy sensibles para el funcionamiento general. ¿Bajo qué condiciones es legítimo aceptar ciertas desigualdades?

¿Crees que puede haber un control democrático del papel social y poder de los expertos? ¿Mediante qué vías? ¿No es esta meta una mera utopía política?

Estas son las preguntas fundamentales. El control democrático del poder de los expertos tiene el problema de que debe ser control real y al mismo tiempo garantizar que el juicio experto sea el mejor juicio posible. Un control meramente “político” en el sentido de subordinar lo técnico a lo político puede ser una forma ciega de entender el problema, porque muchas decisiones políticas contemporáneas ya no pueden desarrollarse sin deliberación técnica, y a veces una equivocación en lo técnico puede tener consecuencias estratégicas. Mi receta es en cierto modo utópica: los expertos deben saberse ciudadanos, deben saberse responsables de sus decisiones; los ciudadanos deben tener el suficiente conocimiento técnico como para apreciar el lugar del conocimiento experto. No es tan utópico como parece, de hecho ya funciona así en la vida cotidiana: la gente sabe a qué especialista médico debe ir según qué problema y etapa de la vida. Hace falta de las sociedades se hagan conscientes de este problema y no sigan, por ejemplo, considerando que el problema de la investigación en células madre, en organismos genéticamente modificados, etc. son cuestiones que no tienen importancia política o en todo caso sólo la tienen ética o ecológica. Los mejicanos saben bien, siguiendo este ejemplo, que el maíz transgénico va a transformar completamente su estructura agraria, sus formas de alimentación, etc., pero no se ha sometido ese proceso al control ciudadano. Es urgente que las políticas de transformación entren en la esfera pública.

¿Qué diferencia existe entre técnica y tecnología?

La tecnología es un tipo de organización social, cognitiva y práctica de las técnicas. Es la misma diferencia que existe entre artesanía y producción industrial. La tecnología no sustituye a las técnicas: las reorganiza y reestructura.

¿Qué papel juega el diseño en la evolución de la tecnología?

El diseño es simplemente la capacidad humana para planificar las transformaciones de la realidad. Una teoría del diseño es una teoría de los planes prácticos. El cambio en los diseños es así el motor del cambio tecnológico, y no, como suele inferirse de algunas ideas populares, algo así como una fuerza incontrolable de progreso, como si la tecnología fuese un proceso inhumano.

Hablas en tu libro de un marco metafísico, de un lugar fronterizo entre naturaleza y cultura al que calificas de territorio ciborg. ¿Qué territorio es ese?

La dicotomía entre naturaleza y cultura es una categorización esencialmente política, desarrollada para legitimar ideológicamente ciertas estrategias. Piénsese en las ideologías del racismo, el imperialismo, el sexismo, el mercado, etc. Todas ellas tienen en la base una justificación “natural” de su estrategia. La tesis que sostengo en el libro es que la especie humana es ya una creación técnica: una especie que evolucionó transformando ella misma el escenario evolutivo. Siempre fuimos ciborgs: seres que no pueden distinguir su parte natural de la artificial.

¿Cómo definirías la racionalidad tecnológica? ¿Qué finalidades la mueven?

La intención del libro es criticar la idea de que la racionalidad tecnológica es algo así como una racionalidad instrumental que supone una racionalidad de fines. La tesis es que no podemos pensar los fines independientemente de nuestra capacidad de pensar los medios: que pensar los medios es un modo de abrir espacios de posibilidad, capacidad, y oportunidad en los que se asienta la deliberación sobre fines.

¿Tecnología científica y capitalismo son dos caras complementarias de un misma cosmovisión desalmada?

La cuestión es tan interesante como difícil de contestar con un sí o un no. La tecnología debemos pensarla dentro de una teoría de las capacidades humanas. El capitalismo es un modo de organizar esas capacidades bajo una dominación de clase. En este sentido, la forma de organizar afecta en cierto modo a las capacidades, que dejan de ser neutras, pero al mismo tiempo, el hecho de que esas capacidades existan abre la posibilidad de otras formas de organización social. Mi posición es, en este sentido, muy ilustrada: no hay posibilidad de socialismo en condiciones de carencias básicas, pero esa reorganización llevará también una transformación de nuestras capacidades. Necesitamos nuevas técnicas para una nueva sociedad.

¿Por qué crees que existen reacciones tan negativas entre algunos sectores de izquierdas ante la ciencia y la técnica contemporáneas? ¿Pueden los cambios y desarrollos tecnológicos ser aliados de fuerzas sociales emancipatorias? ¿Podrías señalar algún ejemplo?

Se ha extendido la idea, que los frankfurtianos tomaron de Weber y Heidegger, de que la modernidad es explotación de la naturaleza. Se introduce así como categoría política la idea de “modernización” como equivalente a injusticia y rapiña. Debemos urgentemente repensar la política como una teoría de las capacidades sociales basada en una teoría más general de las capacidades. Me parece que es la estrategia de reconciliación de la izquierda con el conocimiento y la técnica. Un ejemplo: el control de la natalidad y la liberación femenina del sexismo. Otro: las tecnologías de la comunicación y la posibilidad de un nuevo internacionalismo. ¿Alguien quiere volver a los estados nación y a un internacionalismo basado en la correspondencia por correo y los congresos de quinientos delegados? Otro, anterior: la escritura fue la invención técnica fundamental de la historia, sin ella no existiría el Estado: ¿merece la pena pensar, si no es metafísicamente, acerca de si estaríamos mejor o peor sin escritura?

*Fernando Broncano es catedrático de Filosofía de la Ciencia y de la Tecnología en la Universidad Carlos III de Madrid. El centro de su trabajo es una reflexión sobre la ciencia y la tecnología como formas culturales que tienen dimensiones a la vez epistemológicas y políticas. Su ensayo más reciente es “Entre ingenieros y ciudadanos. Filosofía de la técnica para días de democracia”, Ed. Montesinos, Barcelona, 2006.

Fuente: www.sinpermiso.info, julio 2007