Nro. 62 - Marzo 2008
 

EDITORIAL
¡No discutamos por el vuelto!

(Agro) Business as usual
EMIUM: mucho más que un envase
TECNOLOGÍAS ECOSOCIALES
Tratamiento de aguas grises
Promoviendo la inocuidad agroalimentaria

DESARROLLO E INNOVACIÓN TECNOLÓGICA
Aprovechamiento integral de materias primas en alimentos congelados

Mayor capacidad de calibración termométrica

El INTI en Venezuela: la cooperación avanza a vista y oídos de la sociedad

Transfiriendo conocimiento productivo a la sociedad latinoamericana

CIFRAS PARA PENSAR
Caracterización de la demanda interna de maquinarias agrícolas

La Prevención de riesgos del trabajo: un discreto retorno a las fuentes
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EDITORIAL
¡No discutamos por el vuelto!

Ing. Enrique Martínez
Presidente del INTI

El ánimo de buena parte del país sigue vinculado a la suerte de la producción agrícola argentina. El regalo del cielo que representa contar con la mayor superficie arable del mundo, por habitante, así lo determina.
No está mal que eso suceda. Por el contrario. Sólo que deberíamos ser precisos a la hora de evaluar los logros, para no confundir gordura con hinchazón.
Históricamente, los precios de los granos han tenido variaciones cíclicas, pero con una tendencia a perder peso relativo frente a los precios de los bienes industriales. Esa tendencia se ha modificado. A nuestro juicio no estamos meramente barrenando

en la cima de una onda positiva de un ciclo con altibajos. Estamos frente a una tendencia sostenida de largo plazo, al parecer irreversible, debida esencialmente a la presión de demanda fruto de la incorporación progresiva de más de 1000 millones de personas en China e India a un consumo más sofisticado de alimentos. Esa presión se ve reforzada por la insensata carrera de Estados Unidos que busca incorporar al maíz y la soja en la cadena de provisión de combustibles líquidos.
O sea: los precios de los cereales y oleaginosas han de aumentar en términos absolutos por mucho tiempo. Eso creemos.
El punto a entender es: ¿quién ganará y quién perderá con esto?
Mucho se ha hablado sobre el daño que el aumento de los alimentos produce a los más pobres. Es casi una obviedad. En este momento, sin embargo, nos gustaría dar por bueno el argumento de quienes se entusiasman con la perspectiva alcista y señalan que a los pobres – al menos a los pobres argentinos - se los puede compensar de muchas maneras: subsidiando ciertos precios en el mercado interno; acordando precios; distribuyendo alimentos, etc.  No es claro el tema ni fáciles de compartir los argumentos, pero admitamos el argumento de lo que alguna gran prensa da en llamar “El Campo” (en rigor, los dueños del campo): Hay que subirse a la ola, que la riqueza luego se distribuirá por la generación de más trabajo directo e indirecto y por la posibilidad de contar con recursos extra para ayudar a los que menos tienen.
Es tanta la riqueza generada, sin embargo, que ya hay varios segmentos de la cadena de valor que se podría decir que los productores han cedido sin demasiado esfuerzo. Por empezar: la comercialización internacional. Hace ya muchos años que la exportación es una tarea de trasnacionales o grupos comerciales específicos. Ni el Estado, ni las cooperativas, ni ninguna firma nacional productora directa intervienen de manera relevante en este eslabón, resignando así ganancias importantes.
Le sigue el acopio interno. Esta tarea de intermediación, técnicamente necesaria, fue asumida durante mucho tiempo por un organismo oficial como la Junta Nacional de Granos y por cooperativas de productores. Hoy, la primera ha desaparecido y las segundas han reducido sustancialmente su participación frente al acopio directo de las exportadoras.
También le sigue la participación misma en la producción. Los llamados fondos de siembra alquilan hoy millones de hectáreas y los propietarios de la tierra disfrutan su renta en vacaciones eternas, sólo que mutando su estadía del hogar a Disney World, Europa, la playa, la montaña o al boliche del pueblo a jugar dominó.
Por si esto no fuera suficiente cesión, también se verifica una crecientemente costosa  dependencia en los insumos. La siembra directa – nueva modalidad de trabajo que permite trabajar grandes extensiones en poco tiempo – requiere alto consumo de herbicidas y de fertilizantes. Una de las organizaciones gremiales empresarias del campo, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), ha comparado los costos de producción de maíz de hoy con los del año pasado y ha concluido que si en 2006/7 se necesitaban 2.400 kilos de maíz por hectárea para cubrir los costos directos, ahora se necesitan 3.900 kilos. La razón central es que el herbicida principal aumentó 137% en un año y los fertilizantes 120%.
¿Por qué? Previsible: Porque su producción y distribución son oligopólicas aquí y en el mundo.
No nos olvidemos de agregar como partícipes centrales del festín a las empresas productoras de semillas, que pretenden cobrar regalías a los granos que pueden ser resembrados por el chacarero (ver notas en pág. 2).
¿Qué propone CRA? También obvio: Que el Estado preste suma atención a esto. En buen romance: Que esté dispuesto a bajar las retenciones a la exportación, que es el mecanismo que se utiliza para captar parte de la renta agrícola y darle un destino de interés general.
Volviendo al comienzo: los precios agrícolas parecen haber dejado de ser una variable de ajuste a la baja. Hay una torta grande y creciente.
Sin embargo, si somos un engranaje imprescindible pero simple de la cadena, ya que ponemos la tierra, pero no la cultivamos en forma directa; no controlamos la producción de  las semillas, ni los herbicidas, ni los fertilizantes; no vendemos los granos; no podemos esperar que de tan frágil relación de fuerzas nos quede demasiado.
El problema no es nuevo pero ahora se hace más necesario que nunca entenderlo, porque se agregan al escenario las retenciones, que resultan un elemento simple para canalizar toda bronca micro económica  hacia ellas.

La fortaleza pendiente – ausente – en verdad se llama tecnología. Pero no sólo metal mecánica o química. Tecnología social que haga que los productores vuelvan a trabajar sus campos en forma directa. Tecnología comercial que permita que las cooperativas participen en la exportación. Tecnología industrial para disponer de todas las máquinas e insumos, bajo control de empresas innovadoras locales. Esos son los temas pendientes. Si después de resolverlos, se planteara aún discutir el nivel de retenciones, tal vez descubriríamos que el debate es innecesario.

 

    
Fecha 2008-03-05 11:05:24
Nombre Marian
Titulo No todo es así
Comentario El comentario del Sr Presidente del INTI, respecto a los propietarios de tierras que vivimos de rentas vacacionando, es una generalización incorrecta y temeraria por el desconocimiento de nuestra realidad.

Sr Presidente , los pequeños propietarios , que perdimos todo nuestro capital de trabajo en décadas pasadas , es verdad, hoy alquilamos nuestros campos.No podemos reunir la masa crítica de capital de trabajo para hacer rentables nuestras explotaciones y no hay modo de logralo por via crediticia y menos del ahorro de esas rentas. La tecnología aplicada hoy en nuestros campos está prevista para grandes extensiones, y digo que es irreversible porque la aplicación de tecnplogías antiguas sacan de competencia toda producción. Sin entrar en el campo de la biotecnologías ni de los agroquímicos, ¿ qué haría ud Sr Presidente si fuera propietario de menos de 100 has con maquinarias que están preparadas para trabajar varios miles de has por campaña?, y es obvio que esas máquinas tienen precios acordes con sus capacidades, (pongo este ejemplo metalmecánico por ser un área dónde su institución trabaja desde hace décadas y como ud sabe producir sembradoras más chicas o tractores de menos potencia no reducen proporcionalmente sus costos de fabricación y aumentan espectacularmente los costos de laboreo).

Sr Presidente ; lo propietarios de menos de 100 has , alquilamos nuestros campos y sumamos nuestras rentas en otras actividades , no necesariamente agrícolas, y con nuestro esfuerzo agregamos producción en cadenas del sector o en otros sectores. Y si hay colegas en zonas de vacaciones puede también que hayan migrado a la industria del turismo. Por ser gente de campo no somos analfabetos y menos haraganes oportunistas.
Esoero que estos comentarios aporten para una reflexión más objetiva.
Fecha 2008-03-06 10:22:00
Nombre Elias Molina
Titulo Podria ser distinto
Comentario Señor Presidente del INTI , tal ves sus reflexiones serían aceptables y digeribles si no fuese porque en personas como Ud uno tenia la ilusion de que serian esos individuos que tienen el poder y oportunidad para cambiar cosas.
Tema pendiente Tecnologia Industrial : Ud es Presidente del INTI , el INTA tambien puede aportar.
No quiero discutir por el vuelto , pero tire algunas palabras de aliento para los pequeños productores que tienen la esperanza que los Organismos Nacionales son capaces de hacer cosas.
Muchachos aguanten que estamos aqui y vamos para alli !! , con eso me alcanza para seguir creyendo
Fecha 2008-03-18 12:05:34
Nombre Mariano Winograd
Titulo Frutas y hortalizas
Comentario Suscribo a Marian y Elias Molina
Frutas y hortalizas también son producciones agropecuarias y no parecen estar incluidas en el análisis de Martinez

La humanidad deberá duplicar su consumo frutihortícola en las proximas décadas y reducir el de grasas, azúcares y carnes rojas

La Argentina puede aportar conocimiento para ello en todo nuestro continente

Porque no incluimos esos aspectos en el análisis en lugar de la version maniquea que nos propone no sólo la dirigencia sectorial sino especialmente el gobierno con su monotematismo en derredor de las retenciones

Fecha 2008-03-28 12:57:24
Nombre Sergio Rang
Titulo Ing. Agrónomo
Comentario Ing. Enrique Martínez.

Sigo de cerca sus editoriales y adhiero a su planteo, es mas me he tomado la atribución de usarlas en algunos escritos.

En este caso quería compartir la posición que tomo el colegio de Ing. Agr. con respecto al conflicto del campo por que creo, la misma, comparte los ejes de discusión que UD. plantea en esta editorial.

Son de público conocimiento los acontecimientos que se están desarrollando a partir del anuncio del Gobierno Nacional de aumentar las retenciones a las exportaciones de soja y girasol.
En este contexto, el Colegio de Ingenieros Agrónomos de la Provincia de Córdoba manifiesta:

Que apoya el reclamo de los productores genuinos, es decir, aquellos pequeños y medianos productores que hacen a la ruralidad de nuestro país.

Que creemos, tal como los expresamos en el lema de nuestro IV Congreso de Ingenieros Agrónomos “un país para todos”, que la producción agropecuaria debe responder a una política de soberanía alimentaria de nuestro pueblo.

Que las retenciones, en el actual contexto de producción, pueden ser un instrumento eficaz para sostener una producción diversificada y sostenible ambiental, económica y socialmente.

Que también es necesario discutir el destino del dinero proveniente de las retenciones; creemos que este dinero debe servir para mejorar las condiciones de salud, educación e infraestructura del interior productivo, transformándose en fuente de desarrollo de nuestro país.

Que los productores genuinos, las cooperativas, las industrias nacionales agroalimentarias deberían estar sujetos a políticas diferenciadas respecto a los grandes grupos de inversión ligados al capital financiero representado por los pooles de siembra, fideicomisos, AFJP y Bancos.

Que si bien las retenciones sirvieron para sostener la relación de cambio que ha permitido al país y a los productores salir de la profunda crisis en la que nos encontrábamos, hoy deben pensarse como un esquema diferencial y progresivo que contemple la escala productiva de los productores.

Que rechazamos fuertemente el aumento desmedido de precios de semillas, fertilizantes y agroquímicos, acciones oligopólicas de empresas trasnacionales proveedoras de insumos para el sector agropecuario. Este tipo de acciones deberían ser evitadas a través del trabajo conjunto entre el gobierno, los productores y los profesionales (deberíamos avanzar en el desarrollo de tecnologías apropiadas)
Que en estos años de crecimiento del sector agropecuario, los trabajadores rurales y los profesionales del campo hemos quedado relegados en lo que respecta a la distribución de la riqueza generada. Por ello instamos a que esta cuestión sea parte de la discusión y el análisis de todos los actores involucrados en la cadena agroalimentaria. Hay que reconocer que gran parte del crecimiento del sector agropecuario se debe al esfuerzo y al conocimiento que aportan los profesionales del agro y los trabajadores rurales.


Por todo esto:

Adherimos y convocamos al diálogo entre los productores, la agroindustria, los trabajadores del sector y el gobierno. Creemos que esta es la forma de acercarnos a las soluciones que el país y nuestra sociedad necesitan.