En general, las ciudades en todo el mundo no producen energía que consumen, sino que deben importarla desde los centros de producción; y cada vez consumen más, al ritmo que incrementan sus niveles de confort. Hoy se ha aplanado la curva estacional de consumos de energía y tanto en verano como invierno consumimos las mismas cantidades de kilovatios/hora. Esto genera un desequilibrio desde el punto de vista ambiental, ya que, a excepción de algunos centros urbanos, no se adoptan medidas de uso racional de la energía que se consume. Teniendo en cuenta esta problemática, los Centros INTI-Construcciones e INTI-Energía organizaron el pasado 14 de abril la Conferencia "Eficiencia energética en el ámbito de las ciudades. El caso Barcelona" dictada por el Ing. Industrial e Ing. en Petróleo Carlos Amieiro, Director de Servicios Técnicos de la Agencia de Energía de Barcelona, España. Carlos Amieiro es argentino de nacimiento, estudió y se graduó en la Universidad Tecnológica Nacional , trabajó en la ex empresa Gas del Estado, y emigró a España en 1976, perseguido por la dictadura militar. Allí continuó su carrera en la industria privada y luego accedió por concurso a cargos de responsabilidad en el Ayuntamiento de Barcelona. También ejerce la docencia en su ciudad de adopción.
La situación energética mundial y local de las ciudades; el papel de los municipios en el ahorro energético; el uso de energías renovables; las experiencias sobre la implantación de energía solar térmica y fotovoltaica, así como la aplicación de certificación energética en edificios en Barcelona, fueron los temas abordados por el experto argentino-español ante técnicos y referentes del ámbito de la construcción local.
El Ing. argentino español, Carlos Amieiro, disertando en el INTI.
Según el economista Jeremy Rifkin, señala Amieiro, estamos al borde de un cambio revolucionario en la manera de diseñar y construir edificios que nos permitirá por primera vez hacer frente al doble desafío del alza de los precios de la energía, y al impacto en tiempo real del calentamiento global. Encarar programas de eficiencia energética en las ciudades forma parte de hacer frente a este problema, y el primer nivel de decisión al respecto es político. Esto es lo que sucedió en Barcelona en el año 2002 cuando el Ayuntamiento de la Ciudad encargó a los técnicos de la Agencia de Energía el "Plan de Mejora Energética". De este Plan surgieron sesenta proyectos, que tienen como horizonte el año 2010 - 2012, todos los cuales apuntan a reducir la dependencia de los combustibles fósiles y a aportar alternativas energéticas desde la Ciudad. Para ello, resulta indispensable modificar sustancialmente los hábitos de consumo, trabajando fuertemente en campañas de concientización y participación ciudadana. Los municipios deben basarse en criterios como la solidaridad territorial, lo cual significa asumir que al menos una parte de lo que se está consumiendo debe ser producido localmente. No tiene lógica que se instale una planta de ciclo combinado, que produce contaminación local, para enviarla 500 Km . a una ciudad que consume energía que le llega limpia, sin contaminación ni costos ambientales para ella . La solidaridad se relaciona con la producción local de energía, y con un uso eficiente de la misma, de modo que se reduzca la producción de CO2 y la contaminación atmosférica. En Barcelona se aplicó este principio de solidaridad con el resto de los municipios, lo cual implicó acercar e internalizar las fuentes de energía, y encontrar alternativas a estas fuentes en la propia Ciudad. Así , se instalaron centrales térmicas de ciclo combinado y se pasaron a gas las centrales mixtas de fuel oil; se planteó el aprovechamiento de los barros que contienen las aguas residuales como recurso energético; la producción de biogás a partir de los vertederos, la planta de incineración y el ecoparque (lugar donde se recogen los residuos), valorando la capacidad energética de estos residuos para uso de la propia Ciudad.
A su vez, se han instalado doce centrales de cogeneración en Barcelona, lo cual permite ahorrar entre un 15% y un 20% en gastos y pérdidas por transporte energético, por medio de una generación descentralizada. También se realizaron 38 instalaciones de energía solar fotovoltaica y 1200 instalaciones de energía solar térmica en la Ciudad. La central de creación de energía es el último y más importante proyecto desde el punto de vista estratégico en Barcelona. Ésta incluirá una planta de biomasa que utilizará el residuo vegetal de la poda; una planta de trigeneración; y una planta de frío residual de la red gasificadora. Barcelona recibe gas natural licuado de Libia que se regasifica y se envía al resto de España. En este proceso se desperdicia energía, por lo tanto el sistema pretende recuperala. Como parte del Plan de mejora energética, también se vienen impulsando instalaciones de climatización por barrios, que utilizan un sistema conocido como "Distribución de frío y calor por distritos", los que estarán en funcionamiento entre 2010 y 2012. Al utilizar el frío residual de la red de la regasificadora, este sistema permite ahorrar cerca del 1,5% del consumo total de energía de la Ciudad.
Una de las primeras ordenanzas europeas de eficiencia energética en viviendas
En el marco del Plan de Mejora Energética, Barcelona fue la primera Ciudad de España, y una de las primeras de Europa, en impulsar una ordenanza para promover el ahorro energético en las viviendas, que entró en vigor en 2006. Entre 2004 y 2005 se realizó un código técnico que exige a los directores de las obras en construcción la certificación de las instalaciones y a los arquitectos o ingenieros que completan la obra, la firma de un contrato de mantenimiento por dos años de esas instalaciones . Esto ha dado lugar al uso de placas solares térmicas en los edificios, los cuales se venden como "pisos ecológicos".
Desde 1999, Barcelona ha pasado a tener unos 50.000 m2 de placas solares térmicas en 1200 instalaciones, con un crecimiento anual de las mismas del 10%. El ahorro energético de esas instalaciones se traduce en la generación de 32.000 megawatt/hora/año que representa el consumo de una ciudad de 70.000 habitantes y cerca de un millón y medio de euros; lo cual, a su vez, restringe las emisiones de CO2 en más de 5 toneladas por año, equivalentes a la fijación anual de un bosque mediterráneo de más de 8 km2.
Energía solar fotovoltaica
Estas instalaciones permiten generar energía eléctrica desde los propios edificios que luego se puede volcar y vender a la red, comprando el kilovatio a un precio 5 veces menor al de venta. Esto las ha transformado en un negocio rentable, al igual que la energía éolica (España es el primero o segundo productor en el mundo de energía eólica); varios agricultores han montado las llamadas "huertas solares", transformado sus anteriores cultivos en una gran superficie de placas solares, cuya inversión recuperan en ocho años. La Ciudad apunta a tener en diciembre próximo una ordenanza de energía solar fotovoltaica que exija a todas las nuevas construcciones contar en su terraza con instalaciones de este tipo para acrecentar la cantidad de "edificios energéticos"; y apunta a que en los próximos diez años Barcelona tenga cubiertos unos 20 mil m2 de placas solares fotovoltaicas.
La implantación de instalaciones de energía solar fotovoltaica se realizó en los edificios municipales como ejemplo a ser imitado por las comunidades de vecinos de otros distritos por medio de subvenciones. Se colocaron instalaciones en los espacios tradicionales, o sea, en la cubierta de los edificios, placas inclinadas o planas; y en algunos casos se hicieron integraciones como parchadas o parasoles. La impresionante placa instalada en el Forum de la Ciudad dio lugar a que Barcelona se transformara en un referente de la energía fotovoltaica. También se utilizaron en pérgolas y estacionamientos. Dado que se construyen muy pocos edificios nuevos es necesario promover que estas instalaciones se coloquen en edificios existentes, para lo cual es indispensable la difusión y sensibilización del tema.

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"De la más grande a la más pequeña" dice la campaña catalana de sensibilización energética. De la gigantesca placa del Forum de Barcelona (10.500m2) a las placas de energía fotovoltaica instaladas en parquímetros de la Ciudad El Código Técnico de Barcelona en materia de energía, se refiere a cuatro aspectos: limitación de la demanda, rendimiento de las instalaciones, eficiencia energética en iluminación, y sistemas de energía solar térmica y fotovoltaica. Todos los edificios nuevos de la Ciudad deben tener la certificación energética, plasmada en una etiqueta que indique al usuario cuál es la eficiencia de ese edificio, pero también se prevé implantar este sistema de certificación en los edificios municipales con la misma filosofía de dar el ejemplo a la comunidad bajo la premisa de que la responsabilidad de ahorrar energía pasa hoy por quienes más la consumen, y estas son las ciudades.
Contacto: camieiro@barcelonaenergia.cat
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