Cerca de 40 reactores nucleares están en construcción en todo el mundo, diseñados por media docena de empresas de Estados Unidos, China, Francia, Japón y Rusia. Pero si desean obtener un enorme recipiente de acero sólido para contener la radiactividad, todas deben acudir a una sola empresa, Japan Steel Works. Aunque existen recipientes soldados o de menor tamaño, sólo la compañía japonesa tiene la tecnología para forjar esta pieza crítica, de 150 millones de dólares, desde un único lingote de 600 toneladas. Pocas empresas se encuentran en una posición tan privilegiada. Pero Japan Steel Works es sólo el ejemplo más visible de una característica insuficientemente valorada del Japón corporativo.
El país tiene una gran cantidad de medianas empresas especializadas que dominan los mercados mundiales. Algunas de ellas están especializadas en ingeniería simple: Shimano gana alrededor de U$S1,5 mil millones al año por suministrar entre un 60 a 70% de los piñones y frenos de las bicicletas del planeta; se estima que YKK hace alrededor de la mitad de los cierres cremallera del mundo, y solía controlar el mercado mucho más. Pero es en los recovecos de la electrónica, la ingeniería y los materiales científicos que las empresas japonesas reinan. Estas tecnologías son en gran medida invisibles para los consumidores, pero estas empresas cuentan con cuotas de mercado descomunales ya que son esenciales para la fabricación de ciertos productos masivos. Por ejemplo, alrededor del 75% de los motores para unidades de disco duro en las computadoras proceden de una empresa llamada Nidec y el 90% de los micro-motores utilizados para ajustar el espejo retrovisor en todos los coches son hechas por Mabuchi. A menudo, los productos son componentes, materiales o equipos utilizados para otros equipos: TEL hace el 80% de los grabadores usados en la fabricación de un panel LCD; Covalent produce el 60% de los envases que contienen las obleas de silicio que se convierten en los chips de las computadoras.

GUARDIANES DE LA TECNOLOGÍA. Las empresas japonesas tratan de mantener el empleo especializado de por vida en sectores de alta tecnología.
Una opción: japonés o japonés
En algunos casos, las únicas rivales reales de estas empresas son también japonesas, haciendo al país indispensable, aún si hay más de un proveedor. Shin-Etsu tiene el 50% del mercado para el sustrato de fotomáscara, utilizado para colocar los patrones de los semiconductores, pero los demás productores (Covalent, GSN, AGC y Tosoh) provienen también de Japón. Las compañías japonesas tienen un empuje similar en, por ejemplo, los adhesivos de paquetes de circuitos integrados y las máquinas de litografía (llamadas “steppers”) para hacer los paneles LCD. Hasta el momento, a pesar de los abusos de posición dominante, la mayoría de estas empresas han evadido problemas de competencia desleal.
Mientras que las grandes empresas de electrónica japonesas como Panasonic, Sharp y Sony han estado perdiendo cuota de mercado frente a sus rivales de China, Corea del Sur y Taiwán, estas otras más pequeñas o menos conocidas empresas japonesas siguen dominando nichos de los que depende la industria tecnológica mundial. Los japoneses tienen incluso un término para ellas: “chuken kigyo” (medianas empresas fuertes). No importa si la marca en la carcasa dice Apple, Nokia o Samsung: se rellenan con la cerámica japonesa. Según un oficial de Apple, la empresa depende de las compañías japonesas para los componentes vitales porque son pocos los proveedores de otros lugares que pueden cumplir con sus rigurosos estándares. “Puede que no sean los productos más sensuales pero no se puede hacer un chip semiconductor o un panel LCD sin ellos”, dice Alberto Moel, un experto en fabricación de alta tecnología con Monitor Group, una firma consultora en Tokio. Las compañías japonesas dan servicio a más de 70% del mercado mundial en por lo menos 30 sectores de tecnología, por valor de más de 1.000 millones de dólares cada uno, según el Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI). Sus productos van desde algunas películas para tamizar la luz utilizada en las pantallas LCD (donde tienen la totalidad de un mercado de más de ¥270.000 millones, ó u$s 3.000 millones) hasta condensadores cerámicos multicapa que regulan la corriente de equipos eléctricos (77% de ¥540.000 millones).
La capacidad tecnológica de Japón es un recordatorio de la fuerza industrial del país en un momento en que está luchando para superar casi dos décadas de estancamiento económico y está a punto de perder su lugar como el segundo más grande de la economía ante China. También es una respuesta a décadas de críticas de los expertos occidentales en gestión quienes fuertemente argumentaban que la cultura empresarial del país, con un mercado laboral rígido y débiles derechos para los accionistas, estaba retrayendo a las compañías. Parece que el Japón corporativo debe haber estado haciendo algo bien después de todo.
Por supuesto, algunas empresas extranjeras pueden presumir de una supremacía similar en los mercados mundiales. El sistema operativo Windows de Microsoft está en más del 90% de las aproximadamente mil millones de PC en el mundo, de las cuales alrededor del 80% son impulsadas por procesadores de Intel. Y los chips diseñados por ARM, una empresa británica, dominan el mercado de procesadores de aplicaciones, que llevan el software en los teléfonos inteligentes. Las Pymes alemanas (conocidas como “Mittelstand”) son el equivalente occidental más cercano a las “chuken kigyo” que también ostentan superioridad en las pequeñas cosas. De la misma manera que la “Mittelstand” alemana, la “chuken kigyo” de Japón no es simplemente una parte de la economía nacional sino el núcleo de su estructura industrial. Estas Pymes permiten la existencia de las más grandes y conocidas empresas del país, a la vez que cubren las necesidades esenciales de compañías extranjeras. Sorprendentemente, las dudas crecen sobre la capacidad de las empresas japonesas para mantener su posición envidiable, pero por ahora su control sigue siendo marcadamente firme.
Las medianas empresas especializadas de Japón fabrican piezas que son en gran medida invisibles para los consumidores, pero esenciales para la fabricación de ciertos productos masivos.
El tesoro está en las pequeñas cosas
El mejor ejemplo de la fuerza técnica del Japón es uno difícil de ver: el condensador. Los condensadores almacenan la electricidad en un circuito y son un bloque de construcción básico de muchos dispositivos electrónicos. Cuestan entre un cuarto de centavo y 20 centavos cada uno, pero un teléfono celular puede necesitar 100 de ellos y una PC 1000. Una compañía japonesa llamada Murata tiene el 40% del mercado mundial. Aunque la rentabilidad de los condensadores de Murata es difícil de conocer, los márgenes totales de la compañía son típicamente alrededor del 50%, según las estimaciones de Macquarie, un banco de inversión. La cuota de mercado total de Japón (incluyendo otros proveedores como TDK y Taiyo Yuden) es del 80%, pero era de alrededor del 90% al comienzo de la década. Se ha perdido terreno frente a rivales extranjeros ambiciosos como Samsung Electro-Mechanics de Corea del Sur y Yageo de Taiwán. Otras empresas japonesas ofrecen ventajas similares. Nitto Denko dice tener más de 20 productos líderes del mercado, sobre todo para la fabricación de pantallas LCD. Covalent también tiene varios productos líderes y controla, por ejemplo, el 70% del mercado de los cepillos de carbono en los motores eléctricos. Mitsubishi Chemical comanda un cuasi monopolio en materiales rojo fosforescente utilizados para hacer bombillas de luz LED blancas. Shin-Etsu disfruta el primer lugar en obleas de silicio para algunos semiconductores. Kyocera es líder en varios componentes de circuitos integrados.
El proceso de hacer chips de computadoras muestra el dominio de Japón. Entre los muchos pasos necesarios existen cuatro en los que los japoneses son indispensables: el proceso de obleas, la formación de película delgada, la litografía y desarrollo de cubiertas, y el contacto y envasado. Las empresas japonesas lideran los mercados de los componentes esenciales de las cuatro etapas y el equipo de tres de ellas. “Las compañías de electrónica de todas partes acuden a los fabricantes japoneses para este tipo de herramientas y componentes, debido a su alta calidad y fiabilidad”, explica TW Kang, un experto en semiconductores de Corea que recientemente se retiró de la junta de NEC Electronics. “Nadie quiere tener un desperfecto en el tablero de su coche a causa de una pieza ínfima que sólo cuestan unos centavos”, ejemplifica Kang.
Muchos productos de la tecnología se han ido convirtiendo en mercadería de consumo básico pero algunos de sus componentes no, ya que requieren una innovación continua. Por esto las barreras de entrada al negocio de los componentes siguen siendo elevadas y aunque los márgenes en los productos finales se han deteriorado, los márgenes en estos componentes especializados de alta gama siguen siendo jugosos.
Los campeones de la tecnología de Japón comparten ciertas características. Invierten generosamente en investigación y desarrollo. Muchos tienen fábricas en el extranjero para las materias primas, pero mantienen el desarrollo de los productos de alta gama en casa, “guardados en su caja negra” según les gusta decir. A menudo son propietarios de sus propias cadenas de suministro: las empresas de chips que necesitan componentes de cristal generalmente los fabrican ellas mismas. Algunas empresas incluso hacen las maquinarias que utilizan, con el fin de controlar los costos, ser independientes de los proveedores y mantener una profunda comprensión de su tecnología.
Cuando se les pregunta cuál es la razón principal de su éxito, los ejecutivos invariablemente resaltan la calidad de sus clientes. La respuesta suena guionada o incluso humilde. Por supuesto, los buenos clientes imponen estándares estrictos, obligando a los proveedores a mejorar su oferta. Pero hay más que eso. Tal como señala Susumu Kohyama, el jefe de Covalent, los componentes, herramientas y materiales en los que las empresas japonesas se destacan son muy personalizados según la necesidad del cliente. Es que solamente trabajando estrechamente con los clientes durante muchos años los proveedores logran perfeccionar sus planes técnicos a futuro y son capaces de aprender de los problemas espinosos que a la larga un proveedor astuto debe saber resolver. Una vez que las empresas se convierten en líderes en tecnología es más difícil suplantarlas de esa situación de privilegio.
Guardianes de la tecnología
El conocimiento de la tecnología es tácito y no formal. No puede ser transmitida escribiendo un manual o leyendo una solicitud de patente. Más bien se acumula al trabajar entre colegas durante muchos años. Esto supone una barrera a la entrada de sus rivales. Es también por esto que las empresas tratan de mantener el empleo especializado de por vida en sectores de alta tecnología, aunque este tipo de contratación esté bajando en otros sectores de la economía. Esta creencia de que la fuerza de la empresa se almacena en la mente colectiva de los empleados (en lugar de hacerlo en los precios de las acciones del momento), también ayuda a explicar por qué las empresas japonesas miran con desdén las fusiones y adquisiciones. Las empresas japonesas se resisten a las absorciones, en lugar de verlas como el proceso de combinación natural de los negocios, como en occidente.
Irónicamente, el éxito mismo de los campeones de la tecnología oculta de Japón se debe, en parte, a los cambios en la industria que han forjado las grandes compañías de electrónica japonesas. Las empresas de cualquier lugar pueden comprar las máquinas, productos químicos y los conocimientos para entrar en el negocio de la fabricación, por lo que las principales marcas japonesas se han visto resentidas. Pero el país es también el hogar de las empresas que suministran esas máquinas, químicos y conocimientos. Por lo cual, gracias a que los gigantes han luchado, la “chuken kigyo” ha prosperado.
*Adaptación de la nota publicada en “The Economist”, Tokio, el 5 de noviembre de 2009.
Traducción: Agata M. D. Baizán, agata@inti.gob.ar |