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Invitación de la gente del INTI al diálogo sobre la relación
entre la tecnología y la calidad de vida de los argentinos.

EDITORIAL


La guerra, la tecnología en Argentina, el INTI
Por Enrique M. Martínez*

El objetivo central de esta publicación mensual del INTI es ayudar a instalar la discusión sobre el valor de la tecnología en las personas, con curiosidad por la política e interesadas por el destino común.
¿Cómo cumplir esa meta sin al menos intentar interpretar el efecto que la invasión anglonorteamericana a Irak tiene sobre la vida del planeta? Si el efecto es muy importante, ¿cómo no advertir cuáles son sus consecuencias sobre nuestra visión estratégica y sobre nuestra labor cotidiana?
Hay dos aspectos centrales a considerar:
1 - El explícito poder norteamericano por encima de cualquier consenso plurinacional.
2 - La discusión sobre el reparto de beneficios económicos posteriores a la guerra, aún antes de que comenzara.
No son dos aspectos independientes. En rigor, el segundo confirma que en la globalización los intereses de las corporaciones han superado las fronteras nacionales, de un modo tan categórico que hasta consiguen que el Estado más poderoso del mundo actúe detrás de intereses privados. Hasta consiguen que se declaren guerras donde el objetivo económico es tan obvio, que se discute por televisión, contrato a contrato.
El punto sobre el que queremos reflexionar es cómo debería adaptar su estrategia un gobierno que quiera mejorar la calidad de vida comunitaria en un contexto de poder tan concentrado. En particular, si la calidad de vida tiene una vinculación importante con la política tecnológica, qué nos sugiere la guerra de Irak para diseñar esa política.
La primera enseñanza es que poco puede esperarse de la iniciativa espontánea de corporaciones como las que están detrás de esta guerra. Si no vacilan en provocar centenares de miles de muertes para ganar dinero, mal puede esperarse que mejoren la vida de un país periférico por su acción deliberada, salvo por casualidad. En otras palabras: se hace insustituible la acción de un Estado nacional para conducir una estrategia que nos cuide y nos mejore a cada uno de nosotros.
La segunda enseñanza es que la tecnología que se deberá incorporar a cada proceso productivo tendrá que ser evaluada no sólo en términos de eficiencia directa. También deberá ser examinada a la luz de cuánta autonomía garantice. Es imperioso que se generalice la metodología de analizar la cadena de valor a la cual cada industria está incorporada. En este caso, no sólo nos preguntaremos a quién le compramos y a quién le vendemos, sino qué poder tiene nuestro comprador o vendedor para fijar nuestras condiciones de trabajo, sea por razones de fortaleza económica, tecnológica o cualquier otra. Ser un eslabón sin poder, al interior de una cadena de valor cualquiera, con otro eslabón que fija todas las reglas, permite vivir, pero no crecer. En verdad, permite unicamente sobrevivir.
Necesitamos ser no solo eficientes sino también independientes. En el mundo actual, en realidad, eso quiere decir ser interdependientes, con dependencia mutua con otros países. Pero no subordinados. Un poder tan concentrado y tan inescrupuloso asusta e invita al aislamiento. En todo caso, invita a buscar amigos igualmente asustados, en los que refugiarse.
En el Brasil y en el resto del Mercosur, en los países pequeños y con mayor vocación autónoma de Europa, en Canadá, en Méjico, en parte del sudeste asiático, están los posibles socios tecnológicos y comerciales, para proteger la perspectiva de un mundo digno, que mantenga la esperanza de poner la comunidad por encima de la avaricia y el desprecio por la vida.
La conducción del INTI se queda con un nuevo deber después de la guerra en Irak. Deberemos intensificar el esfuerzo para consolidar una metodología de análisis de las cadenas de valor más viables en el país - hemos empezado con bicicletas, maquinaria agrícola, equipamiento médico -, que luego pueda ser difundida al interior del sector público, para que más y más funcionarios apliquen las mismas ideas. Pero además deberemos anticipar un programa que teníamos previsto para el año próximo, para comenzar a interactuar con quienes ya trabajan en este tema en el mundo y han ayudado a entender las políticas nacionales que deberían ser aplicadas en la industria del calzado del sur de Brasil, de jeans en Méjico o de muebles en Sudáfrica, por mencionar algunos ejemplos.
Es hora de asumir plenamente que la unión hace la fuerza... de los países débiles.

* Presidente del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial)