La
tecnología y la cantidad de trabajo
Por Enrique
M. Martínez*
Hay
algunos prejuicios instalados en la comunidad que debilitan
la posibilidad de incorporar a la tecnología como determinante
del progreso.
El primero es que la tecnología destruye empleo. La imagen
es la de una máquina reemplazando obreros, que por supuesto
pierden con el cambio. Esta visión pone a la tecnología
al servicio del empresario, más que de la comunidad,
con lo cual desaparecerían las razones para ver con alegría
la incorporación de equipos o procesos, que reduzcan
el esfuerzo humano necesario para obtener un determinado bien.
En lugar de encarar la tecnificación con esperanza, deberíamos
actuar con resignación, partiendo de la base que si no
se recorre ese camino, la competencia sí lo hará
y provocará la desaparición de nuestra empresa,
por sus menores costos.
Vendría a ser algo así: mejor salvar una parte
(el empresario y los obreros que queden) antes que perder todo.
Lo anterior no es un escenario falso. Pero está definido
desde una derrota anunciada. Las máquinas que reemplazan
obreros son creadas y fabricadas por otros trabajadores, normalmente
de mejor formación técnica que los desplazados.
Por lo tanto, poner máquinas donde había obreros
significa reducir trabajo de baja calificación y aumentar
el de alta calificación. Como país, cierra, si
hay un esfuerzo sistemático de facilitar el tránsito
laboral hacia tareas de complejidad creciente. Si el conocimiento
no interesa, en cambio, las máquinas no se producen localmente,
se importan. Aquel escenario resignado se valida, pero en tal
caso es consecuencia de que tampoco interesa la educación,
la equidad, el destino común. Dicho de otra manera: la
tecnología destruye empleo, pero sólo en los países
injustos.
El segundo prejuicio - subproducto del anterior - es que quienes
se ocupan de la tecnología, deben sólo concentrarse
en pensar cómo ahorrar trabajo en el proceso de producción
de un bien determinado.
Como una consecuencia directa, pensar equipos o procesos para
ocupar a algunos de los 3 millones de desocupados actuales,
no sería serio ni necesario. No es necesario - se dice
- porque los desocupados se emplearán cuando crezca la
actividad de las empresas que ya funcionan, que pasarán
a demandar más gente. No es serio - se dice - porque
los trabajadores autónomos o los pequeños nuevos
emprendimientos que podrían formarse deberían
utilizar técnicas conocidas, que se pueden obtener de
muchos lugares con acceso simple y por lo tanto, basta con su
iniciativa propia.
Pensamos distinto. Casi lo opuesto.
Es necesario, ante todo, porque estamos hoy todavía en
un país injusto, que cuando moderniza su industria existente,
expulsa trabajo, ya que el grueso de sus bienes de capital los
importa. Puede haber crecimiento del producto y de la desocupación
simultáneamente, si es que el sistema funciona en piloto
automático. Por lo tanto, la promoción y asistencia
técnica para la generación de nuevas empresas,
muchas de ellas muy pequeñas, orientadas a producir bienes
básicos que reduzcan el subconsumo de los actuales desocupados,
deben formar parte de cualquier estrategia de desarrollo.
Es serio, porque el mero hecho de sacar una información
de un libro, por más amarillas que estén sus hojas,
y ponerla a disposición de alguien que quiere transformar
la naturaleza, guiándolo en su camino en términos
prácticos y efectivos, es crear conocimiento, es crear
tecnología. Más allá de la información
histórica o de manual, por otra parte, dar vida a un
nuevo emprendimiento necesita mucha creación técnica
adicional. Podría hacer referencia a cuestiones casi
obvias, como el diseño del producto o de su envase, que
a menudo deciden la suerte del intento.
Sin embargo, también en tecnologías de proceso
hay mucho trabajo pendiente. Diseñar plantas pequeñas
y competitivas para la industria láctea, de tratamiento
de soja, azucarera o de procesamiento de carnes blancas o rojas,
por mencionar sólo algunos ejemplos del sector alimenticio,
son tareas imperativas y pendientes. Articular los segmentos
de la industria de la madera o del cuero, también es
una demanda técnica que espera. Se puede agregar la electrónica
o la mecánica de precisión, o aún algunos
productos medicinales, ya pensando en los egresados de la universidad
argentina, usualmente predispuestos a buscar empleo en el exterior
ante la falta de un marco para ser emprendedores en su país.
Mucha tarea posible en grupos pequeños, con conocimiento
de densidad variable, pero siempre mejorando la capacidad de
asir la naturaleza y controlarla. ¿Qué mejor definición
para la tecnología?
La Argentina tiene por delante un desafío heterodoxo:
generar tecnología para aumentar el trabajo local, en
lugar de pensar en cómo reducirlo. A la inversa del prejuicio
tradicional, eso será posible si trabajamos con sentido
comunitario, detrás de una visión más justa.
Será.