Un
estado ahí
Se
ha discutido largamente - a nuestro criterio con poco resultado
práctico - sobre las características que debe
tener un Estado ágil y eficiente en la Argentina. Sin
embargo, no hay mejor manera de avanzar en la definición
correcta que evaluar algunas situaciones prácticas, donde
la presencia o ausencia de la acción pública modifica
un escenario de manera categórica.
Una norma sobre la importación de calzado es un ejemplo
muy valioso.
En julio de 1999, la Secretaría de Industria emitió
una Resolución que obligaba a los empresarios a suministrar
información acerca de todo calzado que se comercialice
en el país.
Esta medida fue muy tardía respecto de la ola importadora
que barrió con el sector desde comienzos de los años
90, pero al menos buscaba acotar los abusos que se producían
por mala identificación del calzado. Así, se pedía
que el INTI certificara el material de la capellada, del forro
y de la planta de un calzado y el país de origen, antes
de comercializar una familia de calzado. En buen romance, una
forma de evitar que el gato fuera liebre, ya que incluso se
debía señalar si el cuero - en caso de utilizarse
- era flor, descarne, aglomerado, imitación, etc. El
mismo grado de detalle se pedía para los componentes
de caucho, plástico o tela.
En algo menos de cuatro años el Centro del Cuero del
INTI, responsable del informe final inspeccionó 125.000
pares de calzado; tomó muestras de 13.200 pares y emitió
11.568 informes técnicos. Esto sirvió para ordenar
el sector y especialmente, para definir ante la Aduana y el
mercado mayorista, qué era cada cosa.
En abril pasado una nueva Resolución, esta vez de la
Secretaría de Defensa de la Competencia, suspende la
aplicación de algunos artículos de la norma del
año 1999, eliminando la intervención del INTI
y admitiendo en cambio una declaración jurada del productor
o importador. A pesar de esto, algunos grandes comercializadores
locales le siguen exigiendo a sus proveedores el informe del
INTI lo cual es una medida directa de la necesidad de un referente
técnico en el sector.
¿Por qué se dictó la medida de abril? A
nuestro criterio, por aplicación de una visión
cortoplacista, que supuso que el efecto neto era una medida
paraarancelaria, para frenar las importaciones y que esa iniciativa
ya no era necesaria a consecuencia de la macro devaluación
del 2002. Sin embargo, aún en esta limitada visión
la decisión es riesgosa, porque las importaciones desde
Brasil crecieron 50 por ciento en el primer trimestre del año
en comparación con el 2002. En verdad, propondríamos
pensar en grande. Esto quiere decir avalar la necesidad de un
estado activo e inteligente, que participa sólo cuando
es necesario, pero en tal caso lo hace con fuerza y capacidad
técnica. Si esto es así, se debe derogar la Resolución
44/03 de la Secretaría de Defensa de la Competencia.